El escritor e historiador de arte español Juan
Eduardo Cirlot (1916-1973) y su relación con Joan Miró.
Juan Eduardo o
Juan-Eduardo Cirlot (Barcelona, 9-IV-1916 a 11-V-1973). Escritor español, destacó como
poeta, ensayista, y crítico de arte y música. De inspiración estética surrealista,
fue uno de los intelectuales más destacados de su época como defensor de la vanguardia
en general y del informalismo en concreto. Fue un gran admirador de Dalí, Miró,
Tàpies, Cuixart...
Comenzó a escribir sobre arte en 1944 con textos acerca de Chirico,
Dalí o Max Ernst, e ingresó como séptimo miembro del grupo Dau al Set en 1949.
Conoció entonces a Miró, quien le presentó a Breton durante su viaje
de 1949 a París, entrando en relación con los surrealistas hasta su
despego a finales de los años 50 y su fin en 1962, y colaborando en la revista
de Breton “Surréalisme, même” (nº 1, 1956) y catálogos de exposiciones
surrealistas.
Pronto publicó cuatro importantes monografías: Joan
Miró (1949), Introducción al surrealismo, El mundo
del objeto a la luz del surrealismo y El estilo del siglo XX,
seguidas de otros libros, como El espíritu abstracto (1966).
Se concentró en la crítica de arte desde 1954 a 1964, especialmente
sobre el informalismo, colaboró con la galería René Métras y trabajó en la
editorial Gustavo Gili.
Falangista en su juventud, conservador en su madurez y
relativamente poco interesado en la cultura catalana, suscitó el desdén final
de los ambientes más catalanistas de Alexandre Cirici y Joan Prats, que le
marginaron progresivamente desde los años 50, aunque siempre fue valorado por
el público y muchos artistas e intelectuales.
Miró y Cirlot, sin embargo, mantuvieron una cordial
relación, aunque no siempre tan eficaz como deseara Cirlot. Por ejemplo, éste
le dedicó a Miró en 1961 su libro Pintura Catalana Contemporánea,
sobre los artistas catalanes entre 1895 y 1961, y Miró le ilustró con un frontis su
libro Regina Tenebrarum de 1966.
Sus libros y artículos sobre Miró aportan numerosas referencias sobre la inspiración del artista en el arte primitivo, medieval o contemporáneo.
Juan Eduardo Cirlot publica su libro Joan
Miró (1949) en estrecha relación con la exposición homenaje del mismo año,
como es patente por su coincidencia temporal y por la promoción que hizo por
ejemplo Gasch de ambos.[1] El libro de Cirlot es una
muestra espléndida de la aparición de una nueva hornada de críticos de arte
después del desierto intelectual inmediato a la posguerra. Y sin embargo revela
la soledad de los críticos, desamparados del apoyo de universidades, instituciones,
bibliotecas e incluso de los otros críticos —la larga enemistad-rivalidad de
Cirlot con otros críticos se manifiesta en una carta que dirige a su antaño
protector Santos Torroella en 1966 en la que intenta hacer las paces[2]—. En el libro los errores
biográficos son constantes, hasta el punto de ser una fuente casi inútil salvo
como constatación de la importancia de esos errores: Miró dejó de pintar entre
1910 y 1912 por su trabajo en la droguería[3] y estudió en la Academia Galí
entre 1915-1916[4]. Cirlot afirma: ‹‹En su obra,
Miró es esencialmente un catalán››, pero un catalán sumido en una inmensa
diversidad cultural: la cultura española, europea, oriental... Cirlot no
circunscribe en modo alguno a Miró a un estrecho ámbito catalán; acepta que es
su círculo más local, pero le relaciona con la mixtión de culturas desde Asia
a América, pasando por Europa. Si es catalán no es por lo telúrico o por la
sangre, ‹‹sino por el hecho de haber nacido en un medio y haberse educado en el
mismo, cerca de influencias formativas››[5]. Cita a Joan Prats, quien
escribe de Miró en 1948: ‹‹La creación Miró nace y crece como los árboles en la
tierra. La obra de Miró nunca es provocada. La fuerza creadora es hija de la atmósfera
Miró. Es un hecho natural, en el cual cuenta en grado superlativo la tierra››[6]
Niega carácter ético a la pintura de Miró[7], pero es un ejemplo de libertad
creativa sin caer en la fantasía alejada de la naturaleza o en la morbosidad.
No quiere hacer un simple apología y considera que hay límites en Miró, como
los hay en todo artista como hombre y como sujeto de su sociedad en un tiempo
concreto, con un espíritu y unos estilos. La principal limitación de Miró es
que su temperamento no ecléctico como Picasso (abierto a todos los campos y
artes), sino fanático, lo que le limita a un campo muy concreto de lenguaje y
de experimentación.[8]
Define su estilo como “primordialismo”,
porque supera los ismos para cultivar lo de primordial que hay en todas
las influencias y rasgos que conjuga: ‹‹la obstinación ante un modo simple,
eficaz y hondamente expresivo; la preferencia por las formas amplias, planas,
emotivas; el gusto por los colores salvajes, erguidos como gallos o toros, en
actitud sexual; la concentración motívica, en escasos y primordiales temas,
que aparecen bajo la presión de la necesidad, no por la llamada del capricho,
ni del “placer estético”.››[9] Sigue la tesis de los
surrealistas y del propio Miró, de sostener que el arte expresa la conciencia
de su época, que en las obras artísticas hay un reflejo de los elementos más
sustanciales del espíritu social:
‹‹El arte, la pintura, no son, como algunos
creen, compartimentos estancos, con solución de continuidad frente a otras
actividades del pensar y del creer, como la crítica, la filosofía, etc. El
arte expresa siempre de modo inmediato, brutal, sumido en la materia caliente
de la tierra, lo que el habla hila a través de “ese diálogo que los hombres somos”
(Hölderlin). Y el arte tiene la misión de reducir con tanta mayor furia ese
elemento a lo significativo, cuanta es su mudez respecto a la dicción concreta
de lo que le angustia y sacude. En la medida que un pintor no sabe, o no
quiere, decir exactamente qué es lo que le pasa, ha de verter su fuego en el
molde de las cosas para que estas, con su contorno viviente, transmitan a la
comunidad el sentimiento genesíaco que ha presidido y ordenado su nacimiento.
Por consiguiente, los ismos son las
posiciones instintivas que la voluntad artística reduce a técnicas
particulares. (...) [hay algunos artistas] empeñados en el logro de una síntesis
esencial en la que lo personal no implicase la destitución de una serie de
factores concretos, incorporados todos ellos a la categoría de gran arte,
consciente o inconscientemente. Tal es el caso de Miró. Consultando el mundo
de sus formas podemos ver, no el universo literal en el que él hubiese deseado
vivir, como pretenderían algunos ironistas, pero sí el mundo-máquina en el que
las fuerzas existen con funciones determinadas rigurosamente por el orden y la
violencia de los instintos.››[10]
Considera la obra de Miró es un excelente
ejemplo de esa teoría: ‹‹El mundo-creado de Miró es, en algunos de sus
aspectos, concreción admirable del mundo-ambiente en el que este artista ha
venido a existir. En otros, es su negación más exasperada, poseído entonces de
una fiebre de lejanía como acaso no se ha dado nunca en la creación
estética.›› y prosigue con que la monumentalidad y la primitividad son el
fundamento de la estética mironiana: ‹‹la primera raíz que debe buscarse al
arte de Miró (...) es el dolmen. La brutal y graciosa conexión de las piedras,
su finalidad más o menos desconocida, su carácter a la vez agresivo y
protector y, sobre todo, la vaga sexualidad que se pierde entre las secretas
junturas de las masas, constituyen una referencia en la etapa a recorrer para
acercarnos a la pintura primordial de Miró.››[11]
Fernando Huici (2000) explica su
interpretación de este “primordialismo” primitivo:
‹‹(...) Cirlot, en la histórica monografía
que le dedicó en 1949, en las Ediciones Cobalto, dibuja una reveladora síntesis
del viaje mironiano a la semilla. Aunque no cita de manera explícita —hecho en verdad sorprendente,
dada la fecha de publicación— el tema de la prehistoria, deslizado apenas como insinuación
subliminal entre líneas, su perfil, más allá de la ineludible mención al
románico catalán como fuente del pacto que la obra del artista establece con
sus raíces identitarias, despliega un amplio registro de asociaciones
metafóricas que abarca desde la ornamentación de los navíos fenicios o los
penachos de los yelmos etruscos hasta los mosaicos bizantinos, las estelas
mesopotámicas o las monedas púnicas. (...)››[12]
Cirlot considera que la obra de Miró rechaza
una fácil clasificación en ismos, pues si las tendencias son ‹‹los
grupos radiales de ese sistema [el universo de las formas] integrado por su
totalidad››, en Miró su componente de síntesis, de resumen, que todos los ismos
aparecen como algo externo a la creación de este artista.[13] Se le pueden aplicar sólo
parcialmente unos términos generalizadores como modernismo, realismo mágico,
construccionismo, surrealismo, primordialismo, magicismo, primitivismo,
automatismo... por lo que ‹‹de su coordinación saldrá una de las maneras de la
posible interpretación de la pintura de ese artista que, por su austera
condición humana, es difícil de encontrar fuera de los campos ardientes de su
arte.››[14] Y trata el tema de la
genialidad del artista: ‹‹El genio es inmenso como la naturaleza y como ella
indeterminado e impreciso, acercándose su esencia más a la condición de un
vasto escenario que a la precisa de una acción y de un mensaje.››[15] En tal caso, Miró no pertenece
a la categoría de los genios como Lope de Vega, Shakespeare, Picasso,
porque Miró está poseído por una misión, porque esta le domina. Miró pertenece
a la categoría inmediatamente inferior, aunque posiblemente sea algo
superior.
Cirlot opina que son ‹‹fanáticos, limitados,
reducidos a una vocación rigurosamente intencional, a un “servicio” que
prestan con toda su voluntad y su capacidad; los contornos de sus obras son
menos grandiosos pero mucho más precisos e inequívocos. Entre ellos
clasificamos a personalidades como la de Masson o la de Miró. De su sorpresa
ante la misión que les ha sido entregada nace ese vivir anonadado, sencillo,
primordial como el de cualquier vecino de su ciudad natal; de su
agradecimiento surge ese color de éxtasis que sus pensamientos y sus obras
toman.››[16]
La conclusión de Cirlot sobre el significado
de Miró dentro de la historia del arte es que ‹‹el arte maduro de Miró expresa
la crisis entre la cultura mediterránea y la llamada [cultura] europea, que no
es sino la transformación occidental, o sea, griega, de la anterior.››[17] Debajo de un Velázquez o un
Goya, con sus añadidos de lo real, late una substancialidad, un esquema
cromático-armónico. Miró retira aquellos añadidos y nos presenta el desnudo
esquema, la pura substancialidad. De este modo, Miró une (y contrapone) el latido
de la tradición del arte europeo con la “potencia de otras artes”: el arte primitivo
que tomamos del pasado, el arte moderno que hacemos hoy.
Mención especial merece la explicación de
Cirlot de porqué el arte de Miró es tan apreciado en EE UU y la Europa
centroeuropea y nórdica: por la aspiración a la simplicidad de las artes en
estos países, que se traduce en una decoración escueta y una arquitectura
funcional. La pintura de Miró se corresponde a esa “simplicidad”[18].
Destaca la importancia del color en la obra
de Miró: ‹‹El color no es nunca, en Miró, elemento subordinado; por el
contrario, goza siempre de autonomía expresiva. No sirve ni a lo figurativo ni
a lo simbólico; aparece en función de la furia estética mironiana.››[19] Tomando una obra como
referencia, explica: ‹‹El Gallo, de 1940, tiene a nuestro juicio, un
interés especial y simbólico en la pintura de Miró, pues resume en el tema la
cualidad perpetua de los colores mironianos, que fulgen con la actitud erecta y
desafiadora de esas aves que en la cresta extreman su expresión belicosa.››[20]
Es un color primitivo, puro, por lo que:
‹‹(...) es inútil buscar sutilezas graduales
en el color de Miró. Su música cromática estalla instintivamente. No se puede
hablar a su propósito de modalidades. (...) [en los casos] más frecuentes, la
resonancia se produce por contraste entre un color primario y el negro, o un
azul atormentado, o un siena cargado de obscuridad. Esos tonos sustituyen a los
bajos en el musicalismo mironiano; por encima de su pesantez acumulada arden
las vivacidades de los verdes, de los amarillos, de los naranjas taladrados de
rojo. Y todos esos colores, por la estructura de las composiciones, se
interfieren mutuamente, se consolidan o rechazan para lograr un efecto de
disyunción dramática.››
Y lo relaciona con la música:
‹‹El griego Filolao dió una definición de la
armonía, que conviene perfectamente al sentido contemporáneo de la música, así
como a la pintura, al decir que armonizar consiste en hacer utilizables las
disonancias. Desde este punto de vista, jamás puede decirse que dos
sonidos o colores “no se relacionan”; siempre existe relación entre ellos,
trátese de la cercana, consonante, de lo complementario o de la disonancia
lejana de lo suplementario. El color alcanza su máxima capacidad expresiva
cuanto más liberado se halla respecto a las objetividades. (...) De ahí que la
profundización de los valores cromáticos se haya ido ahondando en la pintura de
Miró a medida que su evolución se ha separado de lo real.››[21]
Sobre el color de los objetos Cirlot expresa
que son semejantes a briznas de fuego: blancas, rojas o amarillas, y cita a
Michel Leiris: ‹‹Frecuentemente pienso que las pinturas de Miró podrían ser
asimiladas a los ideogramas, en los que la cuestión es que una nota ínfima,
puesta como por milagro, alcance pleno sentido. El acento colocado sobre el
nombre de Miró, ¿acaso no parece estar ahí para llamar la atención sobre el
papel de los animáculos o puras partículas de color vivo, con los que él pone
puntos definitivos a sus cuadros?››[22]
En cuanto a las formas mironianas que, en
contra de lo defendido por Gasch, Miró rehúye las estructuras constructivas,
el orden geométrico. ‹‹Miró está ausente de toda preocupación por crear un
cosmicismo explícito, como también del reino de la geometría.››[23] Las formas de los objetos o
personajes de sus obras oscilan entre dos tipos extremos: formas ovoides,
formas agudas, mientras que el simbolismo trataría de esquemas sexuales. Para
Cirlot: ‹‹También son familiares a la confabulación mironiana las formas
óseas, las semejantes a tubérculos, las pétreas, las ondulantes flácidas, las
anulares; entre las agudas, los ganchos, los estiletes, las puntas de flecha,
y asimismo, estrellas, haces radiales, espigas, crestas, etc. Luego están las
esquemáticas figurativas de hombres y animales›› y presenta como ejemplo de
gran parte de estas formas el cuadro La estrella azul (1934). ‹‹En las
formaciones lineales abundan las esquemático-figurativas y, menos
frecuentemente, algunas asociaciones geométricas, las más simples, y sin
enlazarse jamás con la zona horizontal; esto es, sin imponer nunca el
sentimiento de los construido. Además, suelen estar expresionísticamente
deformadas y es posible que, entre ellas, es donde aliente la palpitación
simbólica más evidente››. Al principio de los años 30 busca alcanzar una
belleza austera, y, así , ‹‹en las acuarelas producidas hacia 1931, el dibujo
lineal de Miró tiende hacia un seco abstractismo funcional, en el que sólo se
percibe un goce técnico de resolver los más arduos problemas de crear
belleza con los mínimos factores expresivos.›› Y el deseo de huir del mundo,
desde mediados de los años 30, se manifiesta en que ‹‹Estrellas, círculos,
puntos, ramificaciones, etc. —como en Mujer con cometa bajo las constelaciones
(1939)— expresan un firme impulso de elevación, un ansia cenital, un sentimiento
del mundo basado en la perpetua fuga de las concreciones terrestres.›› y en
opinión de Cirlot el espacio y el decorativismo en Miró son:
‹‹Los volúmenes presuponen el espacio. Y
este, en realidad, no existe para Miró. El cielo de Miró es plano como la tela
que cubre la zona superior de la tienda del nómada oriental. No hay un
espacio-ámbito, pero sí un espacio-acción. Los volúmenes, por este motivo, son
puro dinamismo hacia lo desconocido. Hierven recubiertos de colores
fulgurantes para mejor expresar su tensión centrífuga. Si, en ocasiones, hemos
pronunciado la palabra “decorativo” (...) únicamente la aplicamos en el
sentido en que lo decorativo exige la “descentralización de la gravedad”. Así
como para la pintura-pintura todo converge hacia un centro o hacia varios que
soportan el peso, no ha tectónico, sino espiritual del conjunto, para la
pintura-decoración no cuenta sino la superficie. Miró es decorativista en la
medida que huye constantemente hasta el extremo de que sus figuras y sus signos
pictóricos “quedan impregnados de movilidad” (...).››[24]
Cirlot denomina al método mironiano como
“confabulación”[25]: este término expresa el orden
inverso seguido por la imaginación, la cual conforma la obra con anterioridad
al mundo externo, que viene a ser una ratificación del interno. Para Cirlot,
en Miró no hay una composición mediante métodos geométricos o imitativos,
sino que se guía únicamente la sensibilidad y el instinto, el automatismo
seguro y enérgico que le aproxima al infantilismo.[26]
Para Cirlot la temática mironiana: ‹‹Como
consecuencia del carácter vivencial de su pintura, Miró no otorga a los temas
una importancia extraordinaria. Lo que cuenta, ante él, es el muro del plano
donde tiene que implantar el sello de su espíritu.››[27] Abundan los seres esenciales:
el sol, la luna, personajes masculinos y femeninos, pájaros, estrellas...
tratados ora con violencia pesimista, ora con lirismo optimista.
Estrechamente relacionados con los temas,
Cirlot destaca de los títulos su calidad poética y la variedad de sus fuentes[28]. A veces toma los títulos de un
poema leído, otras los saca del mundo-realidad, en ocasiones sólo para
distinguir la obra mejor que con un número o una fecha.
Cirlot
seguirá destacando su preferencia por Miró en su monografía de 1953, Introducción
al surrealismo: ‹‹Las obras de Miró valen sobre todo por la furia de la
coloración y la fuerza rotunda de los rasgos; a nuestro entender, sus mejores
creaciones son las menos humorísticas, las más abstractas, como la bella
composición de 1933, en la cual las formas parecen metales en el interior de un
horno.››[29] En años siguientes insistirá en
su juicio elogioso, como en Del expresionismo a la abstracción (Seix
Barral. Barcelona. 1955), Arte contemporáneo. Origen universal de sus
tendencias (Edhasa. Barcelona. 1958), Pintura catalana contemporánea
(Omega. Barcelona. 1961)...
NOTAS.
[1] Gasch, S. Al margen de un
libro sobre Miró. “Destino” (16-IV-1949).
[2] Carta de J.E. Cirlot a R.
Santos Torroella. Madrid (30-XII-1966). Reprod. Especial Santos Torroella. “El
Cultural” (25-IX-2003) 9.
[3]
Cirlot. Joan
Miró. 1949: 14.
[4]
Cirlot. Joan
Miró. 1949: 15.
[5]
Cirlot. Joan Miró. 1949: 44.
[6] Prats, Joan. 1948. Cit. Cirlot. Joan Miró. 1949: 45.
[7] Cirlot. Joan Miró. 1949: 45.
[8] Cirlot. Joan Miró. 1949: 46.
[9] Cirlot. Joan Miró. 1949: 47.
[10] Cirlot. Joan Miró. 1949: 5.
[11] Cirlot. Joan
Miró. 1949: 7.
[12] Huici. Regreso al futuro.
*<Viaje a la semilla>. Teruel. Museo Provincial (2000): 28-29.
[13]
Cirlot. Joan
Miró. 1949: 6.
[14] Cirlot. Joan Miró. 1949: 6-7.
[15] Cirlot. Joan Miró. 1949: 10.
[16] Cirlot. Joan Miró. 1949: 10-11.
[17] Cirlot. Joan Miró. 1949: 27.
[18] Cirlot. Joan Miró. 1949: 28.
[19] Cirlot. Joan Miró. 1949: 33.
[20] Cirlot. Joan Miró. 1949: 35.
[21] Cirlot. Joan Miró. 1949: 34.
[22] Leiris, Michel. Prints of Miró.
1944. Cit. Cirlot. 1949: 35.
[23] Cirlot. Joan Miró. 1949: 36.
[24] Cirlot. Joan Miró. 1949: 37.
[25] Cirlot. Joan Miró. 1949: 38-39.
[26] Cirlot. Joan Miró. 1949: 40.
[27] Cirlot. Joan Miró. 1949: 41.
[28] Cirlot. Joan Miró. 1949: 42.
[29] Cirlot. Introducción al
surrealismo. Revista de Occidente. Madrid. 1953: 283. Cit. Minguet Batllori.
Joan Miró. L’artista i el seu entorn cultural (1918-1983). 2000: 132.
Fuentes.
Internet.
[http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/] Artículos de Cirlot en "La Vanguardia".
Exposiciones sobre Miró con textos de Cirlot.
<Exposición-homenaje Joan Miró>.
Barcelona. Galerías Layetanas (23 abril-6 mayo 1949). Antológica. 57 obras
provenientes de colecciones de Barcelona. Catálogo. en nº especial de
“Cobalto”. Textos: Miró y los poetas (1 p. Vicente Aleixandre, Paul
Éluard, J. V. Foix, Raymond Queneau, Adriano del Valle, Vicente Huidobro, J.-E.
Cirlot, Joan Brossa), Miró y los críticos (1p. Eugeni d’Ors, Sebastià
Gasch, J. A. Gaya Nuño, R. Santos Torroella, Joan Perucho, Joan-Josep
Tharrats), declaraciones de Miró (1 p. de “La Publicitat”, 1928; y “Ahora”,
1931). 9 pp.
<Miró>.
Barcelona. Triple exposición en las galerías Sala Gaspar, Galería René Métras y
Belarte (11-31 diciembre 1964). Sala Gaspar: grabados. Galería René Métras: Miró: cerámicas de choc y libros, de
Ionesco con litografías de Miró, Quelques
fleurs pour mes amis; de Miró y Taillandier, Je trevaille comme un jardinier; y cuaderno Miró – Barcelona 1964 con 11 litografías de Miró. Belarte: grabados
y fotos de cerámicas y murales cerámicos. Obras recientes. Cartel anunciador.
Catálogo. con ilustraciones de Miró. [Copia del Catálogo. de René Métras en
MoMA Queens Library Archives]. El
catálogo de edición especial, referenciado a menudo como Miró. Barcelona 1964, contiene, intercalados con las obras de Miró,
unos poemas de Joan Brossa, Sonet
de paper, y J. V. Foix, Joan Miró,
y textos de Alexandre Cirici, L’aigua
fresca de Joan Miró, Juan Eduardo Cirlot, Significación de Joan Miró, Joan Cortès-Vidal, Agraïment a Joan Miró, Josep Llorens Artigas, Una amistat de cinquanta anys, Joan Perucho, “Hi ha l’aigua blava”, Rafael Santos Torroella, El rojo Miró, Sebastià Gasch, Les primeres escultures de Joan Miró y
Joan Teixidor, Joan Miró treballa.
Exposiciones sobre Cirlot.
<Mundo de Juan Eduardo Cirlot>.
Valencia. IVAM (19 septiembre-17 noviembre 1996). Cat. Textos de Granell, Enrique;
Guigon, Emmanuel; entrevistas a amigos y textos de Cirlot. 365 pp.
<Juan Eduardo Cirlot. La habitación
imaginaria>. Barcelona. Arts Santa Mònica (15 noviembre 2011-15 enero
2012). Reseña de Vidal Folch, Ignacio. El
lugar de Cirlot. “El País” Cataluña (16-XI-2011) 5.
Libros.
Cirlot, Juan Eduardo. Joan Miró.
Serie "El arte y los artistas españoles desde 1800”. Cobalto (editorial de la
revista “Cobalto 49”). Barcelona. 1949. 53 pp. más 14 láms. (36 ilus.). (Reed. 1951). Cronología y
bibliografía (49-51).
Cirlot, J. E. Introducción al surrealismo.
Revista de Occidente. Madrid. 1953. 413 pp.
Cirlot, J. E. El mundo del objeto a la
luz del surrealismo. Anthropos. Madrid. 1986 (1953). 124 pp.
Gudiol,
José Maria; Alcolea Gil, Santiago; Cirlot, J. E. Historia de la
Pintura en Cataluña. Tecnos. Madrid. 1954. 328 pp.
Cirlot,
J. E. Pintura catalana contemporánea. Omega. Barcelona. 1961. 67 pp.,
más 21 láms.
Cirlot, J. E. La pintura contemporánea (1863-1963).
Seix Barral. Barcelona. 1963. 317 pp.
Cirlot, J. E. El espíritu abstracto desde la prehistoria a la Edad Media.
Labor. Barcelona. 1966 (reed. 1993). 165 pp. Época actual, 143-150.
Cirlot, J. E. (ed.). Diccionario universal del arte y de los artistas.
Diccionario universal de escultores. Gustavo Gili. Barcelona. 1970. 301 pp.
Cirlot, J. E. Arte del siglo XX. Labor.
Barcelona. 1972. 2 vs. 663 pp. I. Escultura, Arquitectura. II. Pintura.
Cirlot,
J. E. El mundo del objeto a la luz del
surrealismo. Anthropos. Barcelona.
1986. 124 pp.
Cirlot, J. E. De la crítica a la filosofía
del arte. Quaderns Crema. Barcelona. 1997. 223 pp. Correspondencia con artistas e intelectuales (1957-1963),
seleccionada por Lourdes Cirlot. Miró en pp. 159-169.
Cirlot, J. E. Poesía 1966-1972. Ed.
Nacional. Madrid. 1974. 342 pp.
Cirlot, J. E. Obra
poética. Ed. de
Clara Janés. Cátedra. Madrid. 1981. 325 pp.
Cirlot, J. E. Nebiros.
Siruela. Madrid. 2016. 188 pp. Reseña de Prieto, Á. L. Las sílabas del mal. “El País” Babelia 1.291 (20-VIII-2016).
Artículos de Cirlot sobre Miró.
AA.VV. Joan Miró.
Nº especial “Papeles de Son Armadans”, Madrid-Palma de Mallorca, año II, tomo
7, nº 21 (XII-1957) 177 pp. Miró ilustró la portada con una obra. Cirlot, Juan Eduardo. Homenaje
a Joan Miró (263-267).
Cirlot, J. E. La obra gráfica de Joan Miró.
“Índice de Artes y Letras”, nº 124-125 (abril-mayo 1959) 19. FPJM, v. VIII, p. 84.
Cirlot, J. E. Miró y el surrealismo. “Cuadernos de Arquitectura”, 49 (1962) 2.
Cirlot, J. E. Miró, pensador. “La
Vanguardia” (15-V-1965) 11.
Colaboración de Cirlot en libros de otros sobre Miró. Orden cronológico.
Hunter,
Sam. Joan Miró. His graphic work. Harry N. Abrams. Nueva York. 1958. 35 más 108 pp., con ilus. color. Texto introductorio
de 30 pp. Planchas 1-102. Bibliografía (107-108), con lista seleccionada de
obras ilustradas. Versión en español: Joan Miró. Su obra gráfica.
Prólogo y trad. de Juan Eduardo Cirlot. Eds. Gustavo Gili. Barcelona. 1959. 35
más 108 pp. Versión alemán: Verlag Gerd Hatje. Stuttgart. 1958. Versión
francés: Calman-Lévy. París. 1958. Versión italiano: Joan Miró, l’opera
grafica. Il Saggiatore. Milán. 1959. 39 más 109 pp. Obra de referencia
sobre la obra gráfica hasta entonces.
Weelen,
Guy. Miró, 1924-1940 y Miró, 1940-1955. Ed. Hazan, París. 1961. 2
vs. Texto de 8 pp. y 15 ilus. cada uno. Versión española en “Colección Minia”.
Ed. Gustavo Gili. Barcelona. 1961 (copyright de 1960). Trad. de
Juan-Eduardo Cirlot. No la cito en la investigación, por ser más completa la
versión de 1984.
Dorival,
Bernard. Los pintores célebres. Gustavo Gili. Barcelona. 1972. 3 vs. 333
pp. cada uno. Trad. de E. Cirlot. Artículo de Jean Cassou. Joan Miró: v.
II, pp. 200-201.
Libros de otros.
Calvo Serraller, F. (dir.). Enciclopedia
del arte español del siglo XX. 1991-1992): t. II. 108.
Díaz Sánchez, Julián; Llorente Hernández,
Ángel. La crítica de arte en España (1939-1976). 2004: 515-516.
Rivero, Antonio. Cirlot, ser y no ser de un poeta único. Fundación José Manuel Lara.
Sevilla. 2016. 312 pp. Reseña de Prieto, Á. L. Las sílabas del mal. “El País” Babelia 1.291 (20-VIII-2016).
Artículos de otros. Orden cronológico.
Cirlot, Lourdes;
Cirlot, Victoria. Juan-Eduardo Cirlot, Poesía 1966-1972. “Poesía”,
Ministerio de Cultura, Madrid, nº 5-6 (invierno 1979-1980). Reseña del poemario
homónimo.
Cirlot, Lourdes. El simbolismo de
mi padre. “El País” (13-XII-2006) 64.AA.VV. Cirlot,
la pasión del enigma. “El País”, Babelia, 494 (12-V-2001) 6.
García, Ángeles. En el laberinto de los ismos. Siruela publica la versión definitiva del
diccionario artístico de Juan Eduardo Cirlot. “El País”
(13-XII-2006) 64. Reseña de Diccionario
de los ismos (1949, rev. en 1956 y 2006).
Janés, Clara. Peso
de sombras, alas de luz. “El País” (11-IV-2016). La editorial Siruela edita
la única novela del poeta, Nebiros.
Vidal-Folch, X. Apoteosis del ‘Diccionario de símbolos’. “El País” (2-IV-2018). Nuevas ediciones de la gran obra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario