Mis Blogs.

Mis Blogs son: Actual (Actualidad y Aficiones), Heródoto (Ciencias Sociales, Geografía e Historia), Plini (Ciències Socials, Geografia, Història i Història de l’Art), Lingua (Idiomas), Oikos (Economía y Empresa), Paideia (Educación y Pedagogía), Sophia (Filosofía y Pensamiento), Sport (Deportes), Thales (Ciencia y Tecnología), Theos (Religión y Teología), Tour (Viajes), Altamira (Historia del Arte y Arquitectura), Diagonal (Cómic), Estilo (Diseño y Moda), Pantalla (Cine, Televisión y Videojuegos), Photo (Fotografia), Letras (Literatura), Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura), Odeón (Ballet y Música).

lunes, abril 13, 2026

Joan Miró y la polémica de la continuación de las obras de la Sagrada Familia.

Joan Miró y la polémica de la continuación de las obras de la Sagrada Familia.
A la muerte de Pío XII llegaron el papado reformador de Juan XIII (1958-1962), un papa ecuménico formado en la diplomacia, y después el relativamente progresista de Paulo VI (1962-1976), un pontífice formado en la acción pastoral en las barriadas obreras de Milán, y ambos abrieron la Iglesia al viento conciliar.
En el Concilio Vaticano II los partidarios de la “nueva teología” y del ecumenismo se convirtieron en los ideólogos oficiales de la Iglesia, con especial presencia de Jacques Maritain, un viejo amigo de Joan Miró desde los años 20. Se enterraba el viejo adagio Roma locuta, causa finita y se podía discutir y disentir sobre los dogmas con libertad; se fundamentaba la opinión en la teología y no en la jerarquía. Esta Iglesia aperturista era una Iglesia recuperada para el diálogo con la izquierda, para los sacerdotes de las parroquias obreras de Barcelona, y también para Miró, que ahora podía religar sus creencias religiosas con su progresismo intelectual y social.
La primera muestra de esta nueva realidad para Miró será su participación en la polémica sobre la continuación de las obras del templo barcelonés de la Sagrada Familia, en 1964-1965, en la que firma la famosa carta colectiva aparecida el 9 de enero de 1965, en la sección de cartas al director de “La Vanguardia” de Barcelona, con el título ­Las obras del templo de la Sagrada Familia, que pide la parali­zación de las obras de la Sagrada Familia, por consi­derarlas un grave error urbanístico, artístico, cultural y pastoral. Es una iniciativa de profesores y estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Barcelona, uno de los focos más importantes del progresismo catalán durante el franquismo. La firman, junto a Miró, personalidades extranjeras tan destacadas como Argan, Dorfles, Gregot­ti, Le Corbusier, el arquitecto Mackay, Pevsner, Quaroni... y entre los catalanes hay artis­tas, intelectuales y clérigos: los arquitectos Bofill, Bohigas, Coderch, Correa, Fargas, Martorell, Moragas, Rubió i Tudurí, Sostres, Subias, Tous, Óscar Tusquets; los artistas Cesc, Hernández Pijuan, Llorens Artigas, Ràfols-Casamada, Subirachs —aunque en 1986 éste aceptó seguir la obra escultórica del templo—, Tàpies; los escritores Brossa, Espinàs, Espriu, Gil de Biedma...; el escritor y presbítero Casimir Mar­tí; e incluso tres monjes benedictinos de Montserrat...[1]
En resumen, el texto solicitaba que no se invirtiera el dinero en un templo monumental, sino en una serie de templos más pequeños, descentralizados en las nuevas parroquias obreras de la periferia barcelonesa; defendía que ya no existía un sentimiento popular en favor de una expiación colectiva a través de una obra monumental; y en lo artístico advertía que la continuación de las obras tal vez no se correspondiera con el proyecto original de Gaudí (recuérdese que los planos fueron destruidos en un incendio en 1936).
Respecto a lo ya construido proponía dos opciones: la primera, la más deseable, convertir la explanada en un templo al aire libre y conservar mínimamente las obras ya levantadas de la fachada y el ábside; la segunda. continuar las obras, pero adaptándolas a las novedades de la arquitectura del siglo XX, o sea, con un nuevo arquitecto. En suma, era una propuesta a favor de un arte más sencillo y popular, en lugar de un arte monumental y elitista:

‹‹Sr. Director de La Vanguardia. / Muy Señor nuestro: Le rogamos que dé cabida en las páginas del periódico de su digna dirección a la siguiente carta, por lo cual le expre­samos nuestra gratitud anticipada.
El templo de la Sagrada Familia fue iniciado el 19 de marzo de 1882, y desde hace muchos años permanece inacabado, con una obra a un ritmo lentísimo, prácticamente interrumpido.
Periódicamente alguien nos recuerda el deber que tene­mos de colaborar a su terminación y un sector importante de públi­co considera la Sagrada Familia como una empresa en la que estamos comprometidos todos y cuyo abandono es una vergüenza colectiva. Se ha dedicado un día especial a recordárnoslo y a recaudar­ fon­dos para la continuación de las obras. Este día está próximo y como muchas personas participarán en la colecta convencidos de colaborar en una obra religiosa, ciudadana y artística, y como nosotros estamos convencidos de que esta labor no sólo no es positiva, sino que es contraproducente, creemos un deber exponer nuestros puntos de vista.
1. La catedral tenía como uno de sus fines agrupar a todos los habitantes de la ciudad en las grandes celebraciones re­ligiosas; en las ciudades de hoy un enorme templo monumental no tiene sentido.
No se trata ya de construir un gran templo para toda la ciudad, que debería tener cabida para casi dos millones de ha­bi­tantes, sino de construir múltiples parroquias. El urbanismo tiende en todos los campos a esta descentralización en barrios y la Iglesia que, por razones pastorales, se esfuerza en apo­yarse precisamente en las entidades urbanas reales, tiende a vitalizar las parroquias como núcleos de evangelización. Tam­poco para las grandes concentraciones religiosas como lo fue el Congreso Eucarístico tendría utilidad un templo como la Sa­grada Familia, se requeriría un espacio abierto o un vastísimo espacio cubierto de características muy distintas a las del tem­plo ideado por Gaudí.
Creemos, por tanto, que la continuación de un templo dentro de esta línea es un error social y urbanístico.
2. Puede considerarse a la Sagrada Familia, desde el pun­to de vista de un monumento expiatorio. En este caso el templo vendría a centrar y a simbolizar el fervor expiatorio de todo un pueblo. Pero no creemos que exista este sentimiento popu­lar, ni que nadie se sienta vinculado de veras a esta empresa colec­tiva de expiación. La generación de hoy no comprende que una necesidad de expiación tenga que concretarse precisamente en la construcción de un templo que costaría millones.
3. Aunque no hu­biera justificaciones sociales ni urbanís­ticas ni pastorales para terminar el templo, podría haber otra razón. La Sagrada Familia es obra de Gaudí y tiene un valor ar­tístico. Olvidemos por un momento que el valor artístico de un edificio no puede desvincularse de su justificación social. Es una obra de Gaudí, es una obra de arte, y hay quien quiere ver­la terminada. Ahora bien, ¿es posible terminar un edificio? A nadie se le ocurriría terminar un cuadro o una escultura, pero un edificio ¿se puede terminar sin el arquitecto que lo conci­bió? Quizá sea posible si existieran planos detalladísimos, si el edificio estuviese resuelto sobre el papel en todos sus pun­tos. Pero Gaudí tenía de la arquitectura un concepto tan vivo que creaba su obra diariamente a impulsos desordenados, con unos planos previos que servían apenas de pauta. En Gaudí hay un aspecto pictórico y escultórico que es esencial y este as­pec­to solo él lo puede realizar. Sin él, la obra queda falseada y disminuida. Pero, además, no disponemos de ningún proyecto, de ningún plano auténtico de Gaudí. Esta razón es concluyente y todas las anteriores parecen innecesarias. No se puede conti­nuar la Sagrada Familia de Gaudí porque no existen planos; todo lo que se haga son improvisaciones. Nadie que respete de veras la obra gaudiana puede colaborar a esta mixtificación.
Estas son nuestras razones. Urbanística y socialmente el gran templo es inoperante; para la acción pastoral en la ciudad se necesitan parroquias y no grandes templos: un gran templo ex­piatorio de todo un pueblo es una idea fuera de época —hoy el fervor de un pueblo se expresa en otras formas, y de no ser así, el templo estaría ya terminado—; terminar un edificio sin el arquitecto que lo ideó es muy difícil, pero si se quiere terminar según su mismo proyecto y de este proyecto no quedan planos, es ya un intento lleno de vaguedades.
¿Qué hay que hacer, pues, con lo que tenemos construido? Esto se presta a una larga discusión. Las soluciones son muchas y muy diversas. Habría que estudiarlas y elegir la mejor. Lo único seguro es que lo que ahora se está haciendo es un error, y lo único urgente es terminar cuanto antes con este error. Tiempo habrá luego para estudiar soluciones, desde convertir la actual explanada en un templo al aire libre, dejando la fachada y el ábside como un monumental retablo, hasta continuar la cons­trucción adaptando los principios gaudinistas a las técni­cas y necesidades modernas.
Reciba un atento saludo de [sigue la relación de firmantes en nota; un elenco impresionante].››[2]

Estalló, como era de esperar, una fuerte polémica cuando salió la carta colectiva, con artículos sobre todo en los diarios “La Vanguardia” y “El Noticiero Universal” y la revista católica “Se­rra d’Or”. Tàpies recuerda: ‹‹El tema de la Sagrada Fami­lia fue muy polémi­co. Se hizo una carta pública firmada por gran número de perso­nas de todo el mundo; la primera fue la de Le Corbusier, que aún vivía. Esta carta produjo una gran indigna­ción en los me­dios oficiales ya que se consideró que era un ataque contra la Iglesia. Entraron en juego entonces toda clase de factores en defensa de la Santa Madre Iglesia.››[3] La prensa franquista fustigó sobre todo a los sacerdotes firmantes­­ y exigió que se les aplicara la disciplina eclesiásti­ca.[4]
Otros católicos moderados, como Tomás Salvador y Miguel Masriera, alzaron su voz a favor de un diálogo respetuoso con los firmantes de la carta. En cuanto a los tres benedictinos de la Abadía de Montserrat que ha­bían firmado tuvieron la protección de su abad, Escarré. Pero la reacción de la Iglesia catalana oficial fue galvanizar sus bases y conseguir una recaudación récord el día consagrado a la colecta de las obras, el domingo 4 de abril de 1965: con 6.000 niños pidiendo, 80 mesas presididas por las esposas de los máximos representantes del poder local y la burguesía, más la movilización de las asociaciones de vecinos y los centros de emigrantes catalanes en España y América. Los donativos sumaron tres millones de pesetas y así se demostró que la fuerza de la Iglesia oficial era superior a la del grupo vanguardista que había promovido la carta. La principal consecuencia de esta derrota fue que desde entonces no hubiera más oposición organizada a la construcción de la catedral, como señala García Espuche (2001), aunque el debate aún colea.[5]

Miró explica sus ideas más personales sobre el tema en una carta un poco posterior, de finales de enero de 1965, dirigida a su amigo Mn. Manuel Trens, el responsable sacerdotal del Cercle de Sant Lluc y uno de los eclesiásticos más prestigiosos de Cataluña: ‹‹Lo que em dieu de la litúrgia, del sentit sagrat i del misteri gran­diós d’una catedral, són les coses que ara em preo­cupen més i més, sense les quals sols és possible fer una cosa buida d’humanitat.››[6] Miró declara en 1965 porqué no acepta que continúen las obras de la Sagrada Familia: ‹‹En Gaudí improvisava seguint la seva inspiració. I amb un pobre plànols volen acabar la Sagrada Família! Quin disbarat!››[7] Todavía en 1982 su amigo Lluís Permanyer reivindicaba en Un símbolo para Barcelona en “La Vanguardia” (2’-IX-1982) como mejor representante de Barcelona la escultura Mujer y pájaro de Miró mientras que rechazaba la Sagrada Familia como un infiel pastiche.
Con todo, mi parecer es que Miró, con el paso del tiempo, y como hicieron Subirachs, Tusquets y otros, desistió de su oposición porque después de 1965 no hay críticas a la construcción en su correspondencia o en sus declaraciones, y ello encaja bien con sus frecuentes cambios de opinión en temas controvertidos cuando la realidad se abre paso inexorable. Por desgracia, solo podemos fantasear sobre la posibilidad de que le encargaran un proyecto de vidrieras para el templo, como sí aceptó para otros.

NOTAS. La polémica de la Sagrada Familia.
[1] La lista la comprenden: Antoni de Moragas, decano del Colegio de Arquitectos. Alfons Serrahima, presidente del FAD. Roberto Terradas, direc­tor de la Escuela de Arquitectura. Estudiantes de la ETS de Arquitectu­ra. Nikolaus Pevsner, director de “Architectural Review”. Gio Pon­ti, director de “Domus”. Bruno Zevi, director de “L’architettu­ra”. Ernesto N. Rogers, director de “Casabella”. Vittorio Gre­gotti, director de “Edilizia Moderna”. M. Capellades, O.P., director de “Art Sacré”. Carlos de Miguel, director de “Arqui­tec­tura”. Asis Viladevall, director de “Cua­dernos de Arqui­tec­tu­ra”. Le Corbusier, Ludovico Quaroni, Paolo Portoghesi, Ludovico Belgioiso, J.A. Coderch, Manuel Valls, N. Rubió Tuduri, Antoni Benet, Oriol Bohigas, J.M. Martorell, David Mackay, Federico Correa, Alfonso Milri, Joaquin Gili, Francesc Bassó, Vicens Benet, Ricardo Bofill, Enric Tous, J.M. Fargas, Xavier Subias, J.M. Sostres, Josep Pratmarsó, A. Fernandez Alba, R.V. Molezún, J.A. Corrales, Jesús Bosch, Javier Feduchi, J.L. Pico, C. Ortiz Echagüe, Ignacio Araujo, arquitectos. Pere M. Busquets, O.S.B.; Miquel Estradé. O.S.B.; A. Bo­rras, y los presbíteros Ricard Pedrals, Frederic Bassó, Joan E. Jarque, J. Alemany, Joan Fe­rran­do, Ca­simir Martí, Josep Bigor­da, M. Prats, Jordi Bertran, Josep Hortet, Pere Te­na. Joan Miró, Antoni Tàpies, J. Llorens Artigas, A. RàfoIs Casamada, Todó, Marcel Martí, Hernández Pijuan, Subirachs, Antoni Cumella, Cesc, Oriol Maspons, Julio Ubiña, Leopold Pomés, Xavier Miserachs, André Ricard, Rafael Marquina, Jordi Fornás, Miguel Milá, Joan Gaspar, Miquel Gaspar, Manuel Dicenta, Roman Gubern, Joan Prats, Oriol Martorell, J.M. Mestres Quadreny. Roberto Pane, Gillo Dorfles, Giulio Carlo Argan, Sibyl Moholy‑Nagy, Alexandre Cirici, Camilo J. Cela, R. SantosTorroella, J.M Valverde, A. Badia Margarit, Joan Teixidor, Joan Oliver, Joan Perucho, Salvador Espriu, Carles Soldevila, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, J.M Espinàs, Joan Brossa, María Martinell, Lluisa Calvet, Pere Vegue, J. Gich. [Reprod. en Julián; Tàpies. Diálogo sobre arte, cultura y sociedad1977: 194-197].
[2] AA.VV. Carta Las obras del templo de la Sagrada Familia. Sección de cartas al director de “La Vanguardia”, Barcelona (9-I-1965). [Reprod. en Julián; Tàpies. 1977: 194-197.]
[3] Julián; Tàpies. Diálogo sobre arte, cultura y sociedad1977: 45.
[4] Casi un mes después el Fr. Crisóstomo de Lucena, en un semanario ultra pu­blicó un artículo titulado Con la hoz y el martillo, el pico y el vol­quete se pretende derribar el templo expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona. “¿Qué Pasa?” (4-II-1965). De subtítulo este texto revelador: “Con el traductor de Voltaire al catalán; con los comunistas italianos; con escritores (artistas y editores) alabados por el progresismo filosoviético; ¿qué sacerdotes y catalanes católicos propician el escarnio y la demolición.” [Reprod. en Julián; Tàpies. Diálogo sobre arte, cultura y sociedad1977: 198-199.]
[5] La permanencia de este tema lo demuestran artículos como: AA.VV. Família en crisi. “El País”, Quadern 405 (5-VII-1990) 1-4. Lourdes Morgades, sobre la polémica de la conti­nua­ción de las obras y la oposición del Grupo Artics a la conti­nua­ción. En­tre­vis­ta a Josep Maria Subirachs, escultor y director de la o­bra. An­toni Gonzàlez, arquitecto, en contra de la conti­nua­ción. / El historiador Albert García Espuche comenta la situación en Sagrado silencio. “El País” Cataluña (3-IX-2001) 3. / Jordi Bonet i Armengol, arquitecto coordinador y director de las pobras, justifica la continuación de las obras en El Temple de la Sagrada Familia, actualitat i futur. “Serra d’Or”, 516 (XII-2002) 77-84. / Un resumen de los problemas políticos desde el principio de la construcción en Rohrer, Judith. Lleno de sentido: polémica y política en torno al templo de la Sagrada Familia (279-293, esp. 292-293), en Giralt-Miracle, Daniel (dir.). Gaudí 2002. Miscelánea. Planeta / Ayuntamiento de Barcelona. Barcelona. 2002. 365 pp. / Una visión de lo que será el previsto final de las obras principales en Bosco, Roberta. ¿Cómo acabar la Sagrada Familia? “El País”, Cataluña (20-III-2007) 39, y en Cia, Blanca. La Sagrada Familia quiere crecer. “El País” (31-III-2007) 44. / Una revisión de su posición contraria en 1964 a la continuación, en Tusquets, Óscar. ¿Cómo pudimos equivocarnos tanto? “El País” (4.I-2011) 38.
[6] Carta de Miró a Manuel Trens (final de I-1965). cit. Amat, Frederic. Miró, funàmbul. “El País” Quadern, Barce­lona, 221 (21-XII-1986). 
[7] Porcel. Joan Miró o l’equilibri fantàstic. “Se­rra d’Or”, año 7, nº 4 (15-IV-1966): 49. Reseña en Redacción. Joan Miró en “Serra d’Or”. “Diario de Mallorca” (6-V-1966). FPJM H-3414.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario