Jean Cassou, Picasso y Miró en París en la inauguración de la exposición universal de París el 12 de julio de 1937.
En 1937 continúa su labor, superando el impasse de los dos primeros meses en París, hasta completar 22 pinturas (D 473-488. CRP 556-577), amén de numerosos dibujos. Declara en 1951 que ‹‹yo personalmente creo que empecé a encontrarme en 1937-1938››[1]
La exposición universal de París de 1937.
Las cartas de estos meses a Pierre Matisse nos muestran un Miró que comenzaba a comprender que debía iniciar un nuevo ciclo en un estilo realista. El 12 de enero de 1937, le escribe que ha comprendido que no podrá regresar a Barcelona durante bastante tiempo y que no podrá retomar sus obras esbozadas, por lo que comienza una nueva serie de obras, unas naturalezas muertas en un estilo muy realista. Era un proyecto que pensaba hacer más tarde y alternándolo con otras cosas con las que quería evadirse por completo de la realidad y crear una nueva realidad, con nuevas figuraciones y seres fantasmagóricos, pero llenos de vida y realidad. Ahora intentará dibujar la profunda y poética realidad de las cosas, pero no sabe si conseguirá llegar donde desea... Le explica también que este cambio hacia el realismo se debe al terrible impacto emocional de la guerra, que le preocupa hasta el punto de que si no fuera por su esposa y su hija ya habría regresado a España, pese a los peligros que le aguardan e, incluso, explica que para evitar caer en una depresión, para evadirse, cultivará al mismo tiempo otras obras más alegres con seres nuevos y fantasmales, en suma, creando una nueva realidad más feliz que la que le rodea. Son dos líneas creativas, una realista y otra fantástica, pero ambas unidas por su percepción de la guerra civil, como le cuenta a su marchante:
‹‹Dans cette imposibilité de reprendre mes travaux commencés, j’ai décidé de faire une chose absolument différente et vais commencer des natures mortes très réalistes. Je pensais déjà faire ça, mais plus tard, et alternativement avec d’autres choses où j’aurais tenté l’évasion la plus complète de toute réalité et de créer une nouvelle réalité, avec des nouveaux personnages et des êtres fantasmagoriques, mais pleins de vie et de réalité. / Je vais maintenant de puiser la réalité profonde et poétique des choses, mais seulement je ne sais pas si je pourrai réussir dans la mesure que j’aurais voulu. / Nous vivons un drame terrible, tout ce qui se passe en Espagne est terrifiant comme vous ne pourrez jamais vous imaginer. / Je me sens très dépaysé ici et j’ai la nostalgie de mon pays. Mais que voulez-vous nous vivons un drame affreux qui marquera de fortes empreintes dans notre esprit. (...) / Tous mes amis me conseillent de rester en France, moi, si ce n’était pas pour ma femme et mon enfant je rentrerais cependant en Espagne.››[2]
Jacques Dupin.
Dupin (1961, 1993) justifica el retorno al realismo:
‹‹A falta de otras confidencias, y de modo más seguro, la obra de Miró nos dice suficientemente hasta qué punto él comparte la prueba por la que atraviesa su país y cuál es su respuesta. Miró previó, anunció, pintó con todo detalle la fuerza naciente del mal, la invasión de los monstruos, la regresión metamórfica de la figura humana. Mientras incubaba el fuego. Y cuando éste se declaró, él fue el primero en sentir, y del modo más intenso, la quemadura, hasta que el dolor lo paralizó y le impidió pintar. ¿Cómo aprender a pintar de nuevo, cómo expresarse, en París, en la incomodidad y con la conciencia del exilio? ¿Cómo aflojar el angustioso nudo que lo oprime? Miró no tuvo que buscar mucho tiempo: recurrió a la realidad.››[3]
No obstante, Dupin (1961, 1993) pondera el realismo como una respuesta puntual y breve a una crisis externa, que concentrará en 1937 varias obras excelsas:
‹‹Aunque, para poder pintar, Miró tenga que recurrir al modelo, hay que guardarse mucho de interrogar a su obra únicamente a través de la realidad que le sirve de trampolín. El realismo de 1937 no es más que un medio de combatir la desesperación y el dolor que le paralizan. La realidad no es más que un refugio y un apoyo, de modo que no ha de extrañarnos que ese recurso fuera tan breve como la crisis que contribuyó a resolver. Tras los desnudos de la Grande Chaumière y el Bodegón del zapato viejo, el realismo producirá una última obra, el Autorretrato, al que el pintor se dedicó de fines de 1937 a principios de 1938. Sin embargo, antes tuvo que realizar una gran pintura mural para el pabellón de la España republicana en la Exposición Universal de París, en 1937.››[4]
La línea realista la desarrolla primero en la serie de dibujos que desarrolla gracias a sus prácticas en la academia de la Grande Chaumière, como veremos en el apartado de los dibujos de 1937, muchos de los cuales son independientes de otras obras mientras que otros son esbozos, continuando su usual método de preparación, como atestigua cuando el 7 de marzo de 1937, Miró escribe que sus dibujos preparatorios son un medio de alcanzar la máxima austeridad y acceder a la verdadera expresión del espíritu: ‹‹Les dessins que parfois je réalise avant de réaliser quelques toiles sont un document intime pour ainsi dire, qui me servent pour arriver à un complet dépouillement plastique et atteindre ainsi la vraie expression d’esprit.››[5], aunque siempre está atento a los acontecimientos humanos, para pintar como un “humilde trabajador del arte”.
Libro en torno a la exposición de El Greco en París en 1937.
En esa búsqueda de la expresión del espíritu los cuadros de El Greco pudo ser un importante apoyo. En 1937 se celebró en París la exposición <Domenico Theotocopuli, el Greco> , que tuvo un impacto extraordinario sobre el público y la historiografía.[6] Miró debió visitarla y, además, recordaría su visita a Madrid en 1928. Miró siempre le considerará uno de sus artistas favoritos, junto a Zurbarán y Goya.
NOTAS.
[1] Del Arco, Manuel. Entrevista a Miró. “Destino” (III-1951).
[2] Carta de Miró a Pierre Matisse, en Nueva York. París (12-I-1937) PMF. Cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 146 . / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 156-157. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 209.
[3] Dupin. Miró. 1993: 207.
[4] Dupin. Miró. 1993: 211-212.
[5] Carta de Miró a P. Matisse, en Nueva York. París (7-III-1937). Cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 148. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 158-159. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 211-212.
[6] <Domenico Theotocopuli, el Greco> fue organizada por la “Gazette des Beaux Arts” en su local, con 49
obras, nueve de ellas de la colección real, con un catálogo s/n (112 o 116 de texto y 27 ilustraciones,
más un suplemento fuera de texto de 49 láminas en papel cuché), con textos de Georges Wildenstein (introducción), Assia Rubinstein (editora principal),
Alexandru Busuioceanu, Raymond Cogniat y August L. Mayer, y al mismo tiempo se publicaron el libro de
referencia de Maurice Legendre y Alfred Hartmann, Domenikos Teothokopoulos called El Greco. Hyperion. París. 1937.
512 pp. y otro más modesto del escritor Raymond
Escholier (1882-1971). Librairie Floury. 177 pp., incluidas 60
ilustraciones, 8 de ellas en color.




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