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lunes, febrero 12, 2024

Miró y el primitivismo. 02. La importancia y las causas del interés de Miró por el primitivismo.

Miró y el primitivismo. 02.

La importancia y las causas del interés de Miró por el primitivismo.
Miró se apasiona por casi todas las manifestaciones del arte primitivo, comenzando ya en su juventud por el arte popular catalán, aunque él en su juventud no entendía a este como primitivo en el sentido actual, sino más bien en el sentido de primigenio o natural, esto es un arte primitivo solo en tanto es fiel al espíritu sencillo del pueblo y a la naturaleza más divina del campo catalán. Cuando conozca el arte paleolítico este ya será el arte primitivo por excelencia. En cuanto al arte arcaico incluye un conjunto de artes genéricamente relacionados con el primitivismo, con el que comparte la mayoría de las motivaciones y vías de desarrollo, y comprendería el arte egipcio, mesopotámico, micénico, ibérico… Yendo más allá en la geografía Miró se interesó en primera instancia por el arte africano, y poco más tarde por el oceánico, el precolombino y amerindio...  De este modo, el primitivismo lo incluye casi todo y se convierte sin duda en una veta fundamental y recurrente de inspiración para su obra, hasta el punto de que la historiografía, en sólido consenso, ha concedido gran relieve a la influencia primitivista.[1]

¿Cómo comenzó su interés por el arte primitivo? ¿Y qué significaba realmente este interés, no sólo en el aspecto estético sino también en el ideológico más general?
Para responder no es baladí que Miró se interesase por el primitivismo y usase ese término ya hacia 1917-1918 y sobre todo a partir de finales de los años 20 y durante los años 30, y que lo mezcle con su pasión por la magia y por la iconografía popular catalana y mediterránea en general, junto a la recepción en París de las teorías de los críticos y los otros artistas contemporáneos que también volvían su mirada por entonces al arte primitivo, arcaico y popular.


El público ansiaba en los años 30 todo cuanto se relacionara con lo primitivo. Se estrenaba el film King Kong (1933), de Schoedsack y Cooper, que expresaba el mito, tan querido por los surrealistas, de la Bella y la Bestia, decantándose por la belleza y pureza del mundo primitivo, en un evidente rechazo hacia el mundo moderno que se había abismado en la Gran Guerra o en la crisis económica iniciada en 1929. Un espíritu de búsqueda del aliento de pureza, de austeridad poética, flotaba en el periodo de entreguerras, y el pensamiento y arte del hombre primitivo parecían ofrecer una respuesta adecuada y exótica a la vez, aunque olvidando que su relación social y con el medio estaba presidida por la violencia tanto o aún más que en las sociedades culturalmente más evolucionadas.
Pero no olvidemos que el interés de Miró por el primitivismo no se restringe a una época concreta de crisis y resurgirá cada vez con matices diferentes, generalmente relacionados con su continuo gusto por la artesanía y el arte popular, y por su oposición al mundo industrial moderno. Y es que el primitivismo se opone conceptualmente a la civilización occidental entendida por los vanguardistas como tradición o academia, así que es lógico que vuelvan sus ojos hacia lo primitivo y sus rasgos de infantilismo, ingenuidad, arcaísmo, origen, energía, naturaleza, emoción, inconsciente, espíritu, instinto y expresividad. Y, sin embargo, hay también en lo primitivo rasgos tan emparentados con lo civilizado como el clasicismo y el idealismo, que explican su éxito en los primeros años 20 del “retorno al orden”: lo primitivo es entonces una coartada para ser clásico sin parecer académico. Subyace en estas consideraciones el problema de si, como pensaba Miró, el arte primitivo tiene un valor intrínseco, sin integrarlo como un paso en una “escala ascendente” de la historia, o se debe considerar un arte “infantil”, una etapa inferior en el progreso.[2]

¿Qué entendía el Miró maduro como arte primitivo, qué relación tendría con su colectividad y si ésta relación era extrapolable a Occidente y a su propia obra como reflejo? Así pasamos al problema de fijar el alcance para Miró del término “arte primitivo”, un concepto tan amplio y ambiguo que engloba, como hemos visto, a muchos otros, dentro de los cuales el que más interesa a Miró es el paleolítico, por encima de los que en esa época se veían como emanados del primitivo o relacionados íntimamente con éste, aunque ahora han ganado personalidad propia, como el micénico, el oriental, el oceánico, el precolombino, el africano...
El término incluso se ha extendido a menudo en la museografía, la crítica y la historiografía del arte a estilos como el románico, el gótico y el arte tardogótico (o protorrenacentista) italiano, es decir a los estilos europeos medievales y modernos no propiamente clásicos. Y es por esto que en la bibliografía mironiana hay tantas referencias a primitivos románicos y se considera como tal a Fra Angelico. 
Por ejemplo, Georgel (1978) explica con un sentido globalizador la influencia en Miró de todo arte primitivo, sencillo, popular e incluso infantil, un factor esencial en la evolución de su estilo hacia el despojamiento y a la agresividad de los años 30:
‹‹Il faut prendre à la lettre la référence à la peinture des cavernes”. Ses souvenirs de lart primitif” sont pour Miró une fontaine de Jouvence. Un vieil amour lattache aux peintures rupestres ibériques, aux fresques romanes de sa Catalogne, aux graffiti du vieux quartier de Barcelone, aux dessins denfants. Leur idéogrammes imparfaits, si expressifs, servent d’alternative à ce qu’il considère sans doute comme un excès de raffinement et de culture. La rupture de 1930 est donc aussi une naissance, laccouchement dun Miró sauvage”, qui va désormais cohabiter avec le Miró infiniment civilisé des Portraits imaginaires.››[3]


Philippe Descola. 

Y aquí he de apuntar que para interpretar las obras “primitivistas” de Miró de un modo que entiendo muy próximo al suyo me he inspirado en el antropólogo francés Philippe Descola (París, 1949), discípulo de Lévi-Strauss —cuyo estructuralismo desarrolla al tiempo que lo revisa—, catedrático de antropología en el Collège de France desde 2001, especializado en “antropología de la naturaleza” y arte, y autor entre otros del libro Par-delà nature et culture (2005).[4] 
Descola distingue la “antropología de la figuración”, a la que dedica su investigación, de la “antropología del arte”, en cuanto aquélla estudia las representaciones figurativas o icónicas de las nociones primitivas del mundo (incluidos los seres humanos), y ésta, en cambio, estudia sólo las obras primitivas asimilables a las convenciones occidentales de lo que es una obra de arte, de modo que la “antropología del arte” deviene en una simple “historia del arte primitivo”.
A Descola, empero, no le interesa el dominio del arte, sino el proceso por el que se hacen reconocibles (figurativas) las propiedades de cada una de las cuatro ontologías abajo citadas, que desarrolla desde las nociones de fisicalidad e interioridad: la “fisicalidad” se emparenta con el concepto occidental del cuerpo y explica sus sustancias y procesos materiales; y la “interioridad” se relaciona con nuestro concepto del alma y se refiere a los procesos mentales e ideas que parecen dirigir la acción de un “existente”. De estos dos conceptos extrae cuatro ontologías: el animismo, el naturalismo, el totemismo y analogismo.
El “animismo” es la creencia de un primitivo de que un objeto o ser tiene una “interioridad” (interiorité) semejante a la suya aunque su “materialidad” (fisicalité) sea distinta, y se plasma figurativamente con la operación de la “conmutación” (commutation), por ejemplo, en las máscaras de Alaska en que se representan simultáneamente rostros humanos y atributos animales —lo vemos en el árbol de La tierra labrada (1923-1924) [DL 88] con su oreja y un ojo—, o las máscaras del noroeste americano que cuando están cerradas muestran un animal y cuando se abren revelan al humano.
El “naturalismo” considera que los humanos y no humanos comparten partes de “materialidad” (hay una continuidad material) pero que su “interioridad” (como aptitud cultural) es completamente diferente, y se manifiesta en el “parecido” (la ressemblance), próximo a nuestro concepto de mímesis, individualizando fielmente los personajes y la naturaleza —un buen ejemplo sería Casa de la palmera (1918) [DL 64]—.
El “totemismo” se basa en la continuidad de “materialidades” e “interioridades” que comparten e interrelacionan los seres humanos y los no humanos, aunque sea parcialmente, y se realiza en el “ordenamiento” (l’ordonnancement), como sucede en las figuras totémicas que muestran su interior como con rayos X, esto es la estructura de su esqueleto y de sus órganos a la vez que la estructura del grupo humano o no humano que esta figura representa —tenemos un ejemplo en La masía (1921-1922) [DL 81], pues la granja representaría así al mismo artista como campesino catalán—.
Y el “analogismo” distingue radicalmente la materialidad e interioridad de los existentes, tanto los humanos como los demás seres, en una individualidad extrema, pues cada existente tiene un destino único, y se revela en la cuarta relación, la “conectividad” (connectivité), mostrando que las cosas están conectadas entre sí, como sucede en la pintura china antigua (shanshui), en la que el vacío conecta los diferentes elementos esparcidos por el cuadro —y la referencia es inmediata a numerosos cuadros, como Y la estrella se levanta también (1965) [DL 1188]—, o en los objetos nierika de los indios huichol de norte de México, que permiten la comunicación y la observación mutua entre los estadios cósmicos, los humanos y las divinidades ancestrales —¿y qué otra cosa son los ojos flotantes de Pintura (Personajes y constelaciones) (1949) [DL 837] y tantas otras pinturas, o incluso los miles de pájaros que comunican los estratos de sus cuadros—.
Los artistas surrealistas intentaron dar forma plástica a estos conflictivos intereses y relaciones. Y Miró destacará en este esfuerzo, como Calvo Serraller destaca: ‹‹el tipo de artista “instintivo” que encarna como nadie Miró, cuya expresión y símbolos plásticos se cuecen en lo más primario y arcaico de la intimidad.››[5]


Enrico Crispolti.

Enrico Crispolti (1969) explica, refiriéndose en especial a sus obras de los años 30, que: ‹‹Miró aspire à retrouver la dimension qui règne dans lart préhistorique, dans lart primitif et dans lart infantile, archétype originaire du langage figuratif, quil nous repropose à son degré zéro”, en une nouvelle organisation décriture qui constitue une promotion et une consolidation de la dictée automatique au lieu de la censurer.››[6] Y encuentra en este mundo un enorme filón para su inspiración, sobre todo de referencias al mundo natural, sea vegetal o animal.[7]

El propio Miró (1956) le explicará a Jouffroy que quienes más le influyen son: ‹‹Los primitivos. Amo sobre todo el arte de las grandes civilizaciones, el arte egipcio, el arte azteca. Porque los artistas de estas civilizaciones estaban en contacto con la colectividad.››[8] Esta referencia al contacto con la colectividad podemos interpretarla como la asunción iconográfica de los mitos y la cultura de estos pueblos.
No estaba solo en esta pasión artística, pues el arte primitivo, especialmente el africano y el oceánico, influye en los vanguardistas de principios de siglo a través del ejemplo de Gauguin y los primeros artistas que viajan a las colonias.[9] 



Gauguin. Moorea.

Es una moda que sustituye en gran medida a la de la estampa japonesa, que ya ha sido absorbida por los artistas. Sweeney (1934) nos alerta de que el pintor Gauguin es el punto de partida de esa vanguardia que no se siente concernida por la corriente científica o los prejuicios empíricos del arte occidental.[10] 
Su exilio en el Pacífico es un retorno a los orígenes de la Humanidad. Pool (1967) también considera que fue Gauguin quien primero abrió los ojos a los vanguardistas acerca de las posibilidades estilísticas del primitivismo y vincula este éxito a que se buscaba una pintura que reflejara la pureza de la naturaleza interior del hombre y no su mundo exterior:
‹‹[Gauguin] Acabó con la tradición naturalista, rechazando la idea de que los cuadros reflejan como un espejo el mundo exterior. En lugar de esto, lo que hizo fue considerarlos como imágenes conceptuales que debían reflejar e influir en la naturaleza interior o espiritual del hombre. Más que ningún otro pintor moderno, Gauguin fue causa del culto del primitivismo que tanto se extendió durante los veinte años siguientes, sobre todo al llevar este ideal a la práctica, yéndose a vivir a Tahití. A comienzos del siglo XX, los expresionistas alemanes y el círculo de amigos de Picasso se interesaron de manera significativa tanto por su leyenda como por su ejemplo››.[11]
Sin duda el primitivismo como directa vivencia personal sería para Gauguin una radical novedad, como luego lo sería a distancia para los dadaístas, que influyeron sobre Miró muy pronto en el viaje de Picabia y Duchamp a Barcelona en 1917, siendo una vía de nuevos métodos y modos de vida en medio de la desilusión que imperaba en Europa tras el final de la I Guerra Mundial ─como señala Penrose en Miró. 1970: 33─.
Risatti (1997) señala que la gran novedad del surrealismo es que se puede encontrar “lo primitivo” no necesariamente en el Pacífico, sino dentro del propio individuo:
‹‹Like Gauguin before him, it is this urgent necessity that lead Miró to a rejection of traditional Western (read Renaissance) artistic conventions. For Miró these conventions had become fossilized into mere rhetorical effect, expressions of an institucionalized culture that propped-up long-held notions and beliefs made increasingly obsolete by the changing social and political reality of the early 20th century. His sympathy for Surrealist ideas, especially concerning childhood and the subconscious, was a coincidence of their and his deep dissatisfaction with society through culture came what is perhaps the most profound development concerning “the primitive”.››[12]

Mencionemos también a los fauvistas Derain y Matisse, que aleccionan en el arte africano y oceánico (especialmente las máscaras y figuras rituales) a Picasso y, en buena medida a través suyo, a los cubistas y más tarde a los dadaístas y surrealistas.
En su periodo de formación antes del viaje a París en 1920, Miró, empero, se sentiría atraído por el concepto de primitivismo de un modo muy amplio, siempre en respuesta a su ansia de pureza, y apenas a través de sus lecturas de las revistas francesas de vanguardia, en las que Apollinaire y otros se referían a la pureza de los artistas de los pueblos primitivos, y posiblemente también leería las cartas de Gauguin que se publicaron entonces. El propio Miró sólo comienza a referirse al tema en 1918, después de haber leído aquellas publicaciones, cuando manifiesta encomiásticamente que ‹‹Si exceptuamos a los primitivos y a los japoneses casi nadie se fija en eso tan divino [los pequeños objetos naturales].››[13] Preciso aquí que esos primitivos para Miró podían ser desde los artesanos egipcios de las paredes de las tumbas hasta los pintores flamencos del siglo XV.

En cuanto a la influencia concreta del arte africano parece que le llega primero a través del cubismo a mediados de los años 10, como se advierte en dos pinturas de 1918, Desnudo de pie y Retrato de Joana Obrador, en las que advertimos señales de una estética primitiva "negra”, como la simplificación formal y cierta inmovilidad pétrea más llena de energía. Marius de Zayas publica en la revista “291”, editada en Nueva York, su artículo African Negro Art: Its Influence on Modern Art (1914), unas de las primeras reflexiones al respecto, que alerta sobre su influencia en Picasso, Braque, Derain... Miró pudo conocer de modo indirecto (no dominaba el inglés) esta publicación en el círculo de Dalmau, que recibía “291” y editará en 1917 cuatro números de su continuación, “391”.

NOTAS.
[1] Las referencias son numerosísimas, y aquí haremos sólo una mención de las primeras y las últimas en Francia, EE UU y España. En Francia la primera es la de Leiris, Joan Miró. “Documents”, París, v. 1, nº 5 (X-1929) 263-265, 3 ilus. en 266-268. Siguen autores como Zervos, Queneau, Dupin, Weelen... y entre los más recientes destaca Rémi Labrusse, que en Le potlatch. <Joan Miró 1917-1934: la naissance du monde>. París. MNAM (2004): 33-51, trata la influencia primitiva en los surrealistas y, sobre todo, en Miró, con un repaso de los aspectos teóricos de la etnología y la antropología. Otro desarrollo del tema en su artículo Miró primitif. “Arts et culture”, Musée Barbier-Mueller, Ginebra, nº 5 (2004) 206-219. Una visión más general en varios capítulos de su reciente libro Miró, un feu dans les ruines. 2004. Labrusse ha retomado el tema en L’idée primitive. Número especial Miró. “Cahiers d’Art” (2018): 72-97.
En EE UU la primera referencia es la de Jewell, Primitive and Otherwise. “New York Times” (27-IX-1931) xii. Después ha aparecido un sinnúmero de aportaciones: Greenberg, Stich (que en 1980 resume la historiografía en n. 1 de p. 60), Lubar, Jeffett... Entre las más recientes está la de Xavier Roland, director del BAM, que, siguiendo a Labrusse, explica la conexión de Miró con el Musée d’Ethnographie du Trocadéro de París, desde finales de los años 20. [Roland. Between Creativity and Rupture. What Role Does the Museum Have to Play? <Joan Miró. The Essence of Past and Present Things>. Mons. BAM) (2022- 2023): 9-13.]
En España aparece el tema en reflexiones de los libros de 1949 de Cirici, Miró y la imaginación y J. E. Cirlot, Joan Miró, y artículos muy importantes son los de J.M. Moreno Galván, Joan Miró y su mundo prehistórico. “Triunfo”, Barcelona, 327 (7-IX-1968) 30-39, y C. Calzada Fernández, Aproximaciones a la relación de Miró con el arte prehistórico. Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte. UAM. Madrid. v. XIII. 2001: 183-193. Y la aportación de Fanés. Pintura, collage, cultura de masas. Joan Miró, 1919-1934. 2007: apartado Primitivismo versus civilización (74-79), que vincula la afición mironiana por el deporte con la idea de la vida pura de los primitivos.
[2] Gombrich, E. H. La preferencia por lo primitivo. Episodios de la historia del gusto y el arte de Occidente. Debate. Madrid. 2003 (2002 inglés). 324 pp. Especialmente el cap. 7. Primitivo, ¿en qué sentido? (269-297), en el que aborda la idea contemporánea de lo primitivo, e Herbert Read, Franz Boas…, defendiendo el valor intrínseco del arte primitivo.
[3] Georgel. Les dessins de Miró. <Dessins de Miró>. París. MNAM (1978-1979): 9.
[4] Descola, Philippe. La Nature domestique: symbolisme et praxis dans l’écologie des Achuar. Ed. Fondation Singer-Polignac / Éditions de la Maison des Sciences de l’Homme. París. 1986. 450 pp. / Descola, Ph. Les Idées de l’anthropologie. Ed. Armand Colin. París. 1988. 208 pp. / Abelés, M.; Descola, Ph.; et al. (eds.). Dictionnaire de l’ethnologie et de l’anthropologie. PUF. París. 1991. 756 pp. / Descola, Ph. Les Lances du crépuscule. Relations jivaros, haute Amazonie. Col. ‘Terre humaine’. Ed. Plon. París. 1993. 506 pp. / Descola, Ph.; Taylor, A.C. (eds.). La Remontée de l’Amazone. Anthropologie et histoire des sociétés amazoniennes. Nº especial de “L’Homme”, 126-128 (IV a XII-1993) 600 pp. / Descola, Ph. ; Pálsson, Gísli (coords.). Nature and Society : Anthropological PerspectivesRoutledge. Londres. 1996. 310 pp. Trad. Naturaleza y sociedad: Perspectivas antropológicas. México. Siglo XXI. 2001. 360 pp. Recoge los trabajos presentados en una Conferencia en Oslo en 1994. / Descola, Ph.; Hamel, J.; Lemonnier, P. (eds.). La Production du social. Autour de Maurice Godelier. Actes du Colloque de Cerisy. Ed. Fayard. París. 1999. 515 pp. / Descola, Ph. Antropología de la naturaleza. Instituto Francés de Estudios Andinos/Lluvia Editores. 2003. Lima. 91 pp. Reseña de Tomás Sánchez-Criado. Más allá de la naturaleza y las culturas: Una nueva dimensión comparativa en la antropología en la obra de Descola“AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana” 43 (septiembre-octubre 2005) 5 pp. Descola, Philippe. Par-delà nature et culture. Gallimard. París. 2005. 624 pp. / Jankovic, Nikola. Entrevista. Philippe Descola. Une anthropologie de la figuration. “Art Press” 336 (julio-agosto 2007) 56-61.
[5] Calvo Serraller, F. Miró y la Vanguardia.. AA.VV. Miró. “Cuadernos Hispanoamericanos”, Madrid, 369 (III-1981): 466.
[6] Crispolti. Le Surréalisme. 1969: 19.
[7] Los paralelismos de la iconografía animal de la Prehistoria a la contemporaneidad se tratan en *<La Imagen del animal. Arte Prehistórico. Arte Contemporáneo>. Madrid. Caja de Ahorros de Madrid (diciembre 1983-enero 1984). Cat. 155 pp.
[8] Jouffroy. Portrait dun artiste: Joan Miró“Arts”, v. 8, nº 578 (25 a 31-VII-1956) 25-31. cit. Jeffett, W. Joan Miró. Precolombinismo y la Metáfora Primordial. <Miró: su último sueño>. Caracas. Centro Cultural Consolidado (1993-1994): 55.
[9] Kortadi, Edorta. El arte negro y su influencia en la pintura postimpresionista. “Cuadernos de Sección. Artes Plásticas y Monumentales”, 1 (1982) 201-241. El artículo se refiere asimismo al arte primitivo en general.
[10] Sweeney. Plastic Redirections in 20th Century Painting1934: 11.
[11] Pool. El impresionismo. 1991 (1967): 207.
[12] Risatti, Howard. Miró & Dubuffet. *<Dubuffet. Miró: Selections from the Acquavella Collection>. Reno. Nevada Museum of Art (1997): 23.
[13] Carta de Miró a Ràfols. Mont-roig (11-VIII-1918). 

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