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jueves, abril 28, 2011

El artista español Ramon Marinel·lo (1911-2002) y su relación con Joan Miró.

El artista español Ramon Marinel·lo (1911-2002) y su relación con Joan Miró.
Ramon Marinel·lo i Capdevila (Terrasa, 1-I-1911-Barcelona, 10-V-2002). Escultor español. Comenzó estudios de Derecho pero los abandonó para estudiar escultura en la Llotja de Barcelona, donde fue alumno del escultor Ángel Ferrant y conoció a sus compañeros Eudald Serra y Jaume Sans. Realizó prácticas en el Cercle de Sant Lluc, donde conoció al crítico Albert Cassanyes. En los años 30 realizó esculturas surrealistas, inspiradas en las bioformas de Arp más que en Miró, aunque tomaría de éste elementos de su imaginario poético, como evidencian Figuras frente al mar y Cabeza crepuscular (1936), y en Venus 024 (1936) muestra una técnica similar a los collages de Miró de 1933. [Venus 024 (1936). Collage-papel (34 x 27). Col. artista. [*<Ver a Miró. La irradiación de Miró en el arte español>. Madrid. Fundació La Caixa (1993): 104.] Combalía selecciona esta obra como ejemplo del influjo mironiano en el artista. / Mendelson, Jordana. Against Logic: The Exposició Logicofobista in Catalonia. *<Barcelona and modernity. Picasso, Gaudí, Miró, Dalí>. Cleveland. Cleveland Museum of Art (2006-2007): 361-368; destaca en p. 363 el influjo de los collages de Miró de 1933 en los de Marinel·lo, poniendo el mismo ejemplo de la Venus 024 (no cita que Combalía había señalado antes esta afinidad).]
Participó pronto en tres importantes exposiciones colectivas:


*<3 escultores. Ramon Marinel·lo. Jaume Sans. Eudald Serra>. Galeries d’Art Catalònia (27-30 marzo 1934), organizada por ADLAN. Recibieron esta dura crítica en las páginas de “La Publicitat” (29-III-1935): ‹‹Res de nou... Una imitació poc reeixida de Salvador Dalí, així como les “escultures” són una imitació de les obres d'Àngel Ferrant i dels “objectes” de Joan Miró. Per cloure, ni sorprenen, ni indignen, tampoc fan riure, això ja va passar.›› [Redacción. Crítica. “La Publicitat” (29-III-1935). Reprod. *<Madrid Barcelona 1930-1936. La tradició d'allò que és nou>. Barcelona. Centre Cultural Fundació La Caixa (17 octubre-21 diciembre 1997): 20. / Yvars, J. F. L'espai intermedi. Apreciacions entorn de l'art modern. 2001: 79. Hay una reprod. de portada del catálogo en Brihuega. La vanguardia y la República. 1982: 93, en la que se reconocen estas influencias.]
*<Exposición Logicofobista> (4-15 mayo 1936) organizada por ADLAN, cuando inicia su amistad con Miró, Sert, Prats...
*<Exposition surréaliste d’objets>. París. Galerie Charles Ratton (22-29 mayo 1936). Objetos de arte primitivo y surrealista de Miró —Objeto (1932); Rubin ha sugerido que estuvo el Objeto poético (1936)—, Arp, Bellmer, Breton, Calder, Dalí, Duchamp, Ernst, Ferrant, Giacometti, Man Ray, MarinelAlo, Picasso... Cat. en nº especial de “Cahiers d’Art” (VI-1936). Prefacio de André Breton (Crise de l’objet) y textos de Bellmer, Cahun, Dalí, Marcel Jean, Zervos... 8 pp.
En la posguerra se dedicó a la decoración (no pudiendo evitar algún encargo de propaganda franquista) y desde 1954 al diseño industrial de muebles junto a su hermano Antoni, colaborando con arquitectos como Tous, Fargas y Bohigas. Mantuvo todo ese tiempo su compromiso catalanista, siendo miembro fundador de Cobalto 49 (con su amigo Joan Prats), del Òmnium Cultural (1961) y, finalmente, militante de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) desde finales de los años 60. Se casó en 1965 con Maria Dolores Oliver. En 1968 recibió la medalla del Fomento de las Artes Decorativas (FAD).
Fuentes.
Internet.
[http://www.antoniocardiel.com/wp-content/uploads/2010/10/m-03.jpg] Esta web de Antonio Cardiel difunde una importante documentación del archivo personal de Marinel·lo.

Exposiciones.
*<El Surrealisme a Catalunya>. Barcelona. Galeria Dau al Set (noviembre 1975). Obras de las dos generaciones surrealistas: la primera de antes de 1939 con Miró, Cristòfol, Dalí, Marinel·lo, Massanet, Sandalinas, Sans, Serra, y la segunda de la posguerra con Cuixart, Ponç, August Puig, Tàpies, Tharrats y Evarist Vallés.
*<El Surrealisme a Catalunya 1924-1936. De l’Amic de les Arts al Logicofobisme>. Barcelona. Centre Santa Mònica (17 mayo-30 junio 1988). <Surrealismo en Catalu­ña>. Madrid. Sala Velázquez de Caja de Barcelona (18 octubre-30 noviembre). 120 obras de Miró (8), Dalí, Picasso, los extranjeros (Man Ray, Calder, Chagall, Masson, Arp), y los catalanes Àngel Ferrant, Àngels Santos, Joan Massanet, Àngels Planells, Artur Carbonell, Jaume Sans, Eudald Serra, Ramon Marinel·lo, Remei Varo, Esteve Francès, Antoni Garcia Lamolla, Josep Viola, Leandre Cristòfol, Joan Sandalinas, Josep de Togores, Ferran Teixidor, Pere Català i Pic, Josep Masana y Joaquim Pla i Janini. Cat. Textos de Malet, Joan Miró: El surrealismo entre la afinidad y la divergencia (17-23); Isabel Coll, El surrealismo a través de tres revistas de vanguardia: Terramar, Monitor y L’Amic de les Arts (27-31); Rosa Maria Subirana, Àngel Ferrant y el surrealismo en Cataluña (1920-1936) (35-40); Jaume Fàbrega, Los surrealistas del Ampurdán (43-46); J. Corredor-Matheos, ADLAN y el surrealismo (49-52); Josep-Miquel Garcia, Viola, Lamolla, Cristòfol, tres surrealistas leridanos (55-58); Arnau Puig, El logicofobismo y la Exposición logicofobista (61-65). Ed. Polígrafa. Barcelona. 1988. 207 pp.
*<Picasso, Miró, Dalí y los orígenes del Arte Contemporáneo en España> Frankfort. Schirn Kuntshalle (1991). Cat. Biografía de Marinel·lo en p. 186, obras citadas pp. 187.
*<Ver a Miró. La irradiación de Miró en el arte español>. Madrid. Fundació La Caixa (1993). Cat. Biografía de Marinel·lo en 201.
*<Dalí, Miró, Picasso i il surrealismo espagnolo>. Verona. Galleria d’Arte Moderna e Contemporanea, Palazzo Forti (29 julio-22 octubre 1995). 150 obras de Joan Miró (nueve obras en pp. 104-110, 240-241), Manuel Ángeles Ortiz, Francisco Bores, Alfonso Buñuel, José Caballero, Artur Carbonell, Federico Castellón, Antoni Clavé, Federico Comps, Pancho Cossío, Leandre Cristófol, Salvador Dalí, Óscar Domínguez, Luis Fernández, Esteban Francés, Antoni García Lamolla, Federico García Lorca, Julio González, Juan José Luis González Bernal, Ismael González de la Serna, Eugenio Granell, Juan Ismael, Francisco Lasso, Nicolás de Lekuona, Maruja Mallo, Ramón Marinel·lo, Joan Massanet, José Moreno Villa, Policarpo Niebla, Alfonso Olivares, Luis Ortiz Rosales, Benjamín Palencia, Pablo Picasso, Alfonso Ponce de León, Angel Planells, Gregorio Prieto, Miguel Prieto, Antonio Rodríguez Luna, Alberto Sánchez, Jaume Sans, Eudald Serra, Ferrán Teixidor, José Togores, Adriano del Valle, Remedios Varo, Hernando Viñes. Cat. Ed. Skira. Milán. Textos de Cortenova, Giorgio. Dalí, Miró, Picasso: tre universi a confronto (15-19; Miró en 19). García de Carpi, Luisa. La risposta spagnola (21-32). Pierre, José. Il contributo spagnolo all rivoluzione surrealista (33-42; Miró en 36-39). Sánchez Vidal, Agustín. Carogne, cloache e campanili (43-52). Alix Trueba, Josefina. L’esperiensa tridimensionale. Scultura-oggetto oggetto-scultura (53-64; Miró en 57-58). Carmona, Eugenio. Materie che creano un paesaggio: Benjamín Palencia, Alberto Sánchez e il ‘riconoscimento estetico’ della natura agreste. 1930-33 (65-83). González Orbegozo, Marta. Biografie (275-290; Miró en 283-284; Marinel·lo en 283). Blanco García, Ana. Bibliografia (297-309). 375 pp. Italiano e inglés.
*<ADLAN i el circ Frediani: Jocs icaris>. Mataró. Can Palauet (19 diciembre 1997-1 marzo 1998). Obras de Miró (5), Calder, Artur Carbonell, Cristòfol, Ferrant, Joaquim Gomis, Man Ray, Maruja Mallo, Marinel·lo, Massanet, Planells, Sans, Serra, Varo, Viola... Cat. Texto de Pilar­ Bonet, Manuel Guerrero y Martí Peran. 150 + 29 pp.
*<Arte para un siglo, II. Vanguardias (1925-1939)>. Zaragoza. Centro de Exposiciones y Congresos de Ibercaja (23 enero-21 febrero 2004). Cat. Texto de Muñoz, O. Ramon Marinel·lo: 192.
*<Barcelona and modernity. Picasso, Gaudí, Miró, Dalí>. Cleveland. Cleveland Museum of Art (2006-2007). Cat. Texto de Mendelson, Jordana. Against Logic: The Exposició Logicofobista in Catalonia: 361-368. Destaca en p. 363 el influjo de los collages de Miró en los de Marinel·lo.
*<El objeto catalán a la luz del surrealismo>. Barcelona. MNAC (26 octubre 2007-13 enero 2008). Obras de la escultura catalana de los años 30 de Miró —la escultura Personaje con paraguas (1931) [FO 39] y una piedra pintada, Pintura (1934) [DL 2075] de col. Solans—, Clavé, Leandre Cristòfol, Dalí, Ángel Ferrant, Antoni G. Lamolla, Ramón Marinel·lo, Eudald Serra y Jaume Sans. Comisaria: Elena Llorens Pujol. Cat. Textos de Llorens Pujol, Elena. Prólogo (8-9). Guigon, Emmanuel. Sobre el objeto surrealista (10-21). Cirlot, Lourdes. La magia del objeto surrealista (22-29). Llorens Pujol, Elena. El surrealismo y el mundo del objeto en la crítica catalana de los años 30 (30-39). Fondevila Guinart, Mariàngels. Marinel·lo, una estrella fugaz del surrealismo catalán (102-105). Llorens Pujol, Elena. Cronología del objeto en los años 30. Crónica catalana (121-132). 147 pp. Reseña de Bosco, Roberta. Teléfonos, paraguas y otras historias“El País” (25-X-2007) 47.

miércoles, abril 27, 2011

El escritor español Joan Maragall (1860-1911) y su influencia sobre Joan Miró.

El escritor español Joan Maragall (1860-1911) y su influencia sobre Joan Miró.




Joan Maragall (Barcelona, 10-X-1860 a 20-XII-1911). Escritor y periodista español, nacido en una próspera familia burguesa, lo que le relacionó con las élites intelectuales y políticas de su época.
Fue el más famoso poeta en lengua catalana de su época, cultivador de un estilo tardorromántico y espontáneo, salvo una época final modernista a partir de la publicación en 1895 de sus Poesies, un poemario que alterna junto al gran hito del poema nacionalista y todavía tardorromántico El comte Arnau (1900). El Maragall modernista plantea que el deber de la nueva generación de finales del siglo XIX es hacer y sobre todo deshacer en la realidad catalana —un ideal que Miró compartirá toda su vida—, con pasión:
‹‹La nueva generación sabe que ha de hacer algo y que, ante todo, ha de deshacer mucho. (...) mucho tenemos que decir y mucho podemos hacer (...). Ante la majestad de este nuevo mundo de ideas, cuyos polos parecen ser el socialismo y el anarquismo, hay más sinceridad y más promesas en las dudas e inquietudes de los jóvenes, que en las escépticas o estériles afirmaciones de los que todavía tienen en sus manos el fantasma del poder social››. [Maragall, Joan. La nueva generación (fragment). “ L’Avenç”, 2 etapa, año 4 (1892) 257-264. Reprod. en Joan Maragall. Obres completes. v. IV. Esta es mi fe. Sala Parés Llibreria. Barcelona. 1933. pp. 23-28. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. L’Avenç”, 25 (III-1980): 39.]
Estas tesis influyeron decisivamente sobre la juventud vanguardista catalana, aunque pervivió la influencia del primer Maragall en la pintura mediterránea de Sunyer y otros jóvenes artistas, y se consolidó como el referente de una vertiente modernista aunque conservadora, en la que fue seguido por el poeta catalán Guerau de Liost y los poetas mallorquines Joan Alcover y Miquel Costa i Llobera. También fue conocido por sus traducciones, especialmente de los románticos alemanes, como Goethe, y también se interesó por la filosofía nihilista de Nietzsche. Expuso sus teorías estéticas en Elogi de la paraula y Elogi de la poesia, en los que reivindicaba el valor supremo de la palabra en las disputas políticas así como de la poesía como la forma superior de la creación.
En sus numerosos artículos, muchos de ellos en el diario conservador y monárquico “Diario de Barcelona”, defendió posiciones políticas catalanistas moderadas, aunque llegó a ser encausado en 1902 por defender el separatismo. Fue presidente del Ateneo de Barcelona (1903), y a partir de entonces los años 1890 adoptó también un creciente compromiso social, como manifestó en sus críticas a la burguesía barcelonesa por no implicarse en la defensa de los represaliados de la Semana Trágica en 1909, y por su debilidad en la exigencia al poder central de España, como evidencian sus últimos 21 artículos, publicados en 1911, en los que se alejaba de Prat de la Riba y su Lliga Regionalista. En La espaciosa y triste España escribía: “Esta es nuestra España, sí, la nuestra, la de todos los llamados españoles, y aun la de aquellos que lo son sin ser así llamados: ¡vana ilusión de un nombre!” 

Su entierro el 21 de diciembre de 1911 fue un acto multitudinario que demostró la amplia admiración popular que había suscitado como poeta y hombre público. Medio siglo después, en 1960, la revista “Destino” publicó un especial dedicado al centenario de su nacimiento que se convirtió en una eficaz reivindicación de la lengua y la cultura catalanas frente a la represión franquista.
Fue junto a Jacint Verdaguer uno de los poetas preferidos por el joven Joan Miró en quien es destacable la influencia de su simbolismo, especialmente su mitología de la Cataluña cristiana y rural (p.e. la montaña de Montserrat), y su tesis de la unión de la poesía con las demás artes. Así, es evidente la relación entre su poema El mar caçador y la pintura Paisaje catalán (El cazador) de Miró, o en la similitud del pensamiento mironiano con los poemas de El comte Arnau o Joan Garí, en los que se enaltecen las esencias del alma nacional catalana: el amor por la tierra ancestral ‹‹el alma de un pueblo es el alma universal que brota al través de un suelo.›› [Joan Maragall. cit. Marfany. Aspectes del Modernisme. 1975: 115.], el sentido de “raza” particular, la fidelidad a la patria a través del idioma. La relación romántica —heredada del poeta Jacint Verdaguer y del romanticismo alemán de Novalis, dos de las lecturas preferidas de Maragall y, cada uno en su momento, del mismo Miró— entre pueblo, espíritu y suelo es un leit-motiv de la literatura catalana modernista y noucentista, y la recoge Miró, quien siempre dirá: ‹‹Hay que pintar pisando la tierra, para que entre la fuerza por los pies.›› [Miró. cit. Dupin. Miró.1993: 20.] Maragall también establece una relación estrecha entre la tierra y el cielo de Cataluña. Junto a Guerau de Liost, Maragall será quien asiente el mito de la montaña de Montserrat (y establecerá su relación simbólica con el templo de la Sagrada Familia de Gaudí [Lahuerta, Juan José. Temple i temps: Maragall i Gaudí“L’Avenç”, 130 (X-1989) 8-16.]. Como explica Marfany (1975), el pensamiento maragalliano se define por un catalanismo ancestral, enraizado en la tierra:
‹‹Perquè aquest vitalismo “racial té unes determinants objectives en unes forces que brollen de la terra mateixa i que fan del català un home que, per essència, es mira el cel des de la terra i que només pot superar els límits d’aquest materialisme primari a través, justament de l’amor per la realitat més immediata i del seu enfrontament directe amb aquesta realitat; més, del seu arrelament en ella.›› [Marfany. Aspectes del Modernisme. 1975: 120.]
Lubar (1993) considera que Maragall había reconocido en la pintura de Sunyer la misma ideología de los jóvenes noucentistas catalanes: una afirmación irracional, mítica, de la especificidad catalana. Maragall usará un lenguaje —en particular la oposición que es­tablece entre “fatalidad” y “arbitrariedad”— acorde con ese irracionalismo poético. Será un catalanismo espon­táneo, para el que la mujer de la Pastoral de Sunyer proponía una concepción mística del nacionalismo ca­talán como iden­tidad intuitiva guiada por una necesidad inte­rior colectiva. ‹‹En la interpretación de Maragall, Sunyer había construido una potente metáfora de fertilidad y abundancia en la que la mujer/paisaje era vista a la vez como pura fuerza creativa y como la fuente de la identidad na­cional catalana, la mujer como personificación alegórica del paisaje catalán.›› [Lubar. El Mediterráneo de Miró: concepciones de una identidad cultural. <Joan Miró 1893‑1983>. Barcelona. FJM (1993): 28.]
Por mi parte, añado que el texto de Maragall bebe sobre todo en los intentos de legitimación de la nación catalana a partir de su especificidad geográfica y paisajística, que eran los argumentos favoritos de los geógrafos nacionalistas franceses del s. XIX, que sobre una base hegeliana, romántica y positivista, habían cimentado la nacionalidad sobre la determinación geográfica: el espacio determina el carácter y la individualidad de los pueblos. Barrés y Maurras retomarán estos argumentos en clave más política a principios del s. XX y su potente influjo será clave en la ideología del noucentismo catalán de la Lliga Regionlista.
Lubar añade que Miró y su círculo se sintieron atraídos por esta visión idílica propuesta por Sunyer y premiada por Maragall:
‹‹Que Miró y su círculo reconocieron las implicaciones nacionalistas de esta transfor­mación alegórica se ve confirmado por la respuesta de Josep Francesc Ràfols al arte de Sunyer en 1915: “Sunyer ha lle­gado a obtener una interpretación profunda del espíritu de nuestra costa de poniente. Ha sacrificado las gracias del co­lor... en el deseo de penetrar en el seno de nuestra tie­rra...” [J. F. Ràfols. Col.lecció Plandiura, “The­mis, nº 11 (5 de diciembre de 1915) p. 3‑4.]. En esta lectura, Ràfols, buen amigo de Miró, reitera­ba el punto de vista de Maragall respecto al pai­saje mediterrá­neo, como madre fecunda que da a luz y nutre al pueblo catalán.›› [Lubar. El Mediterráneo de Miró: concepciones de una identidad cultural. <Joan Miró 1893‑1983>. Barcelona. FJM (1993): 28-29.]

Fuentes:
Internet.
Exposiciones.
<Joan Maragall. La paraula il·luminada>. Barcelona. Palau Moja (14 abril-10 julio 2011).
<Joan Maragall. Advertiments d’amor>. Barcelona. Casa de l’Ardiaca (11 abril-31 octubre 2011).

Libros.
Maragall, Joan. Elogi de la paraula i altres assaigs. Edicions 62. Barcelona. 1994. 205 pp.
Maragall, Joan. Poesia completa. Edició de Glòria Casals y Lluís Quintana. Edicions 62. Barcelona. 2011. 418 pp. Reseña de Castaño, Manuel. La poesia de Maragall rellegida avui. “El País” Quadern 1387 (3-III-2011) 4-5.

Libros de otros.
Abrams, D. Sam. Llegir Maragall, ara. Proa. Barcelona. 2011. 480 pp. Reseña de Castaño, Manuel. La poesia de Maragall rellegida avui. “El País” Quadern 1387 (3-III-2011) 4-5.
Lahuerta, Juan José. Temple i temps: Maragall i Gaudí. “LAvenç”, 130 (X-1989) 8-16.

Quintana, Lluís (ed.). Amics de l’ànima. Edicions 62. 2022. Compilación de testimonios de amigos y coetáneos. Reseña de Geli, Carles. Joan Maragall: té por la tarde, piano tras cenar. “El País” (6-II-2022).


Artículos.
Sonnabend, Nico Lupo. Barcelona redescubre al Maragall poeta. “El País” (27-IV-2011) 5.

martes, abril 19, 2011

El artista y escritor español Santiago Rusiñol (1861-1931) y su influencia sobre Joan Miró.

El artista y escritor español Santiago Rusiñol (1861-1931) y su influencia sobre Joan Miró.


Santiago Rusiñol i Prats (Barcelona, 25-II-1861-Aranjuez, 13-VI-1931). Escritor y pintor español. De familia rica, Rusiñol perdió muy joven a sus padres y quedó bajo la custodia de su abuelo paterno, que poseía una fábrica textil y le forzó a estudiar Derecho y más tarde le presionó sin éxito para que continuase el negocio familiar. Algo muy similar le ocurrió al poeta Joan Maragall, que también tuvo que estudiar la carrera jurídica. Rusiñol, empero, se formó en arte primero de modo autodidacta y luego en academias privadas y finalmente logró abrirse camino como escritor y pintor de éxito.
Rusiñol había sido influido en su juventud por el paisajista Joaquim Vayreda y después trabajó el tema de los patios ajardinados en Sitges, hasta que, desde un viaje a Granada en 1897, dedicará gran parte de su producción a los jardines, más los temas relacionados como cementerios o claustros, que contempla en sus numerosos viajes por España, con estancias en Granada, Girona, Mallorca, Valencia, Barcelona o Aranjuez. Expondrá estos cuadros de jardines en 1899 en París, <Jardins de l’Espagne>, una exposición que le consagró internacionalmente, a la que le siguió en Barcelona otra similar en la Sala Parés, y con ella el triunfo en Cataluña.
Tras un largo periodo de lucha y vida bohemia, junto a sus amigos Ramon Casas, Enric Clarasó y otros jóvenes artistas, triunfaba a principios de siglo como un creador polifacético y vital, que escribía crítica de arte en la revista “L’Avenç”, prosa (como L’illa de la calma, dedicado a Mallorca), poesía y teatro, a la vez que pintaba. Fue el promotor de las famosas Festes Modernistes en su Cau Ferrat de Sitges. Su obra como pintor se desarrolla en tres periodos: realista (1875-1889), modernista (1889-1899) y de pintura de jardines de España (desde 1895, aunque su estilo paisajista se consolida hacia 1905).
Viajó a menudo a Mallorca, donde pintó numerosos paisajes. Su primera visita fue en 1893, junto al escritor modernista Raimon Casellas y otros amigos, pero parece que apenas pintó en esta ocasión. Volvió a finales de 1899, convaleciente de una operación quirúrgica, acompañado de su esposa y su hija. Venía para unos meses pero estuvo tres años, salvo unos breves viajes a Barcelona. Residió en Palma y se convirtió en asiduo de las reuniones musicales, literarias y artísticas de la isla, donde pintó por ejemplo varias obras para el Gran Hotel. Marchó a Barcelona en diciembre de 1902 pero pronto regresó a Mallorca, en el otoño de 1903, estableciéndose en Sóller para pintar y escribir, hasta marzo de 1904. Posteriormente sus visitas a Mallorca se espaciaron y en tales ocasiones le acompañaron amigos pintores como Ramon Casas, Miquel Utrillo, Joaquim Terruella o Oleguer Junyent. Publicó en 1922 L'illa de la calma, uno de los libros que más hizo por consolidar el atractivo turístico de Mallorca en esa época.

Su vínculo con Mallorca explica que en 1923 se le hiciera un gran homenaje: el Ayuntamiento de Palma le dedicó una calle y compró el cuadro Bunyola, y se celebraron una exposición suya en La Veda, una función de gala en el Teatre Líric y una cena en el Gran Hotel.


Rusiñol. Castell del Rei (1902).


Rusiñol. Bunyola (1908-1909).


Rusiñol. Amfiteatre (1911).

Al final de su vida Rusiñol donó al Museo Cau Ferrat de Sitges, que él mismo había fundado, su biblioteca y su colección de arte y materiales arqueológicos. Cau Ferrat fue así uno de los precedentes del Museu Picasso y de la FJM.

Su influencia sobre Joan Miró.
Rusiñol es un destacado miembro de la primera generación modernista que se abre camino a partir de 1890 y marcó poderosamente la formación de Miró.
Miró apreció su faceta de escritor, en especial su humorística L’auca del senyor Esteve (1907), un modelo sobre el que tal vez Miró “reconstruyó” su biografía juvenil y que es una fuente sociológica muy citada como resumen de la ideología de la pe­queña burguesía barcelonesa. Apareció como novela en 1907­ y diez años después se estrenó su adaptación teatral, en la que se siguen mejor los detalles autobiográficos de la larga experiencia bohemia de ­Rusi­ñol, a lo largo de la evolución de una familia comerciante barcelonesa a lo largo del si­glo XIX, enriquecida gracias a tres generaciones de espíritu práctico, mientras que el miembro de la cuarta generación resulta tener vocación de artista. 
La obra guarda impresionantes similitudes argumentales con la vida de la familia Miró, inmersa en las mismas aspiraciones y logros: la familia procede del campo y se instala en la Barcelona vella, donde progresa dedicada al comercio al por menor, como boti­guers; los varones se casan en una estricta endogamia social, con mujeres de familias comerciantes; se compran una torre en las afueras de Barcelona para ligar con su pasado rural y proclamar su éxito social; el último vástago sale con vocación artística y simultanea de mala gana el trabajo de contable con los estudios de arte en la Llotja; por fin, a la muerte del padre se dedicará a ser artista... Podemos suponer el impacto en Miró al ver representado un tan fiel resumen de su propia historia familiar, e intuimos la tentación de que algunos detalles los incorporase a su biografía, como veremos en otros artículos.

La faceta artística de Rusiñol también influyó en Miró, sobre todo el segundo periodo, el modernista, dominado por los temas parisinos y un naturalismo simbolista abierto a las innovaciones en la composición, el colorido y la luz, aunque no siguiese su psicologismo. Rusiñol es un artista progresista que fustiga a la generación tardorromántica que no quería cambiar el arte ni el mundo: ‹‹Ells no són, ni poden ser, modernistes. Ells estan satisfets del món que veuen i no senten desitjos de canviar ni de provar de millorar-lo; creuen en el present perquè hi viuen i en viuen, i el pervindre els espanta. No volen que les idees se renovin).››[1]
Es el mismo ideal de constante renovación que impelía a Miró y que llevó a Rusiñol a evolucionar hasta pasar al menos tres etapas.[2] La primera con el realismo naturalista de su formación temprana; la segunda con el modernismo, dual en su (parcial) impresionismo gris y frío propio de la corriente laica y el simbolismo místico propio de la católica; tercera con el (¿posimpresionismo?) de su paisajismo de jardines con una paleta variada y brillante, que retiene de la etapa anterior la ejecución al aire libre, en la misma línea de Casas.
Pero al mismo tiempo que incorpora estas enseñanzas extranjeras, Rusiñol busca las raíces del arte puro en el primitivismo y así indica que ‹‹La tendència del moderníssim art és beure en les fonts primitives on brolla l’aigua puer i lliure de tot amanerament››.[3] Estas raíces primitivas las encuentra también en el arte y la cultura popular de Cataluña, uniendo así modernidad, primitivismo y catalanismo popular, enseñanza de un eclecticismo que, como ya he señalado respecto de Casas, Miró tendrá en cuenta hacia 1918-1922 y que marcará su capacidad para hacer un arte independiente.
Otras concomitancias de Miró con Rusiñol son sus ideales compartidos de explorar la espiritualidad y de romper moldes formales, lo que explica que para ambos uno de sus artistas favoritos sea El Greco —Rusiñol es uno de los adalides de su recuperación a finales del siglo XIX; Miró le tendrá siempre como uno de sus pintores clásicos por excelencia, junto a Zurbarán—; el ánimo de enfrentarse a la moda por vanguardista que fuese y superar la tradición, trascendiéndola, no destruyéndola; su amor por Mallorca y el campo catalán, como trasunto de su interés por el paisaje mediterráneo como microcosmos de una naturaleza ideal; el ejemplo profesional de la estancia en París para aprender y abrirse camino. 
Miró siempre recordó con agradecimiento que Rusiñol fue el único artista de reconocido prestigio capaz de apreciar su obra ya en su primera exposición en las Galeries Dalmau en 1918, cuando le escribió una nota personal muy favorable: ‹‹Molt senyor meu: vaig visitar la seva exposició de quadres i dibui­xos. Em va agradar moltíssim. Són unes pintures d’un gust indiscutible. L’envio la meva enhorabona, desitjant-li pugui continuar la carrera brillantment, tal com ha sigut el seu principi (...)››.[4] Era un solidario contrapunto al silencio con el que sus enemigos noucentistas (Ors era el más acérrimo enemigo de Rusiñol) habían recibido la muestra del joven pintor y es una constatación de que había entre ambos un poderoso vínculo: el rigor y el compromiso del artista ante la pintura. Sin embargo, en 1932 Miró ya parece haber olvidado estas afinidades y cuenta en una carta a Gasch que no le interesa su obra, por carecer de “envergadura de espíritu”.[5] 

NOTAS.
[1] Rusiñol. Discurs llegit a Sitges en la Tercera “Festa Moderna”. en Rusiñol. Obres completes. v. II. 1976. pp. 609-612. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i NoucentismeL’Avenç”, 25 (III-1980): 41-43. cit. 42.
[2] Coll, Isabel. Assaig sobre les diferents etapes pictòriques de Santiago Rusiñol. Sitges. 1981. Tomado de Bozal. Pintura y escultura espa­ñolas del siglo XX (1900-1939). 1995: 39.
[3] Rusiñol. cit. Marco, J. El Modernisme Literari i d’altres essaigs. 1989: 33, asu vez tomado de Ramon Planes. El Modernisme a Sitges. Barcelona. 1969: 20.
[4] Carta de Santiago Rusiñol a Miró. Barcelona (febrero? 1918) Archivo Miró, FJM.
[5] Carta de Miró a Gasch. Mont-roig (finales IV-1932). cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 120. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 130. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 181.

Fuentes.
Internet.
Se publican sus obras completas en taller.iec.cat/OCSR.

Enlaces.
La influencia de la primera generación de artistas modernistas en Miró: Miquel Blay, Ramon Casas, Enric Clarasó, Joan y Josep Llimona, Santiago Rusiñol...*

Documentales / Vídeos.


Santiago Rusiñol, motor del modernisme. (2015). 31:12. [https://www.youtube.com/watch?v=Z0MN0GDcyc8]

Exposiciones.
*<Pintura española de los siglos XIX-XX>. Barcelona. Arteeuropa (13 noviembre-19 diciembre 1975). Obras de Miró, Rusiñol, Sorolla, Casas, Zuloaga, Nonell, Mir. Cat.
*<Art Català s. XIX-XX. Col·lecció Banco Hispano Americano>. Madrid y Barcelona. Banco Hispano Americano (1986). Obras de Miró, Casas, Picasso, Ponç, Rusiñol, Tàpies... Cat. Texto de J. Corredor-Matheos. 136 pp.
*<Maestros de la pintura catalana>. Tokio. Asahi Shimbun Gallery (mayo 1990). 93 obras de Miró, Anglada Camarasa, Casas, Dalí, Fortuny, Gimeno, Joaquim Mir, Nonell, Picasso, Rusiñol... Organizada por diario “Asahi Shimbun”, Generalitat de Cataluña, y otras instituciones. Comisarios: Eduard Fornés, Segi Shinichi. Cat. Textos de Francesc Fontbona. Pintura catalana entre el realisme i el noucentisme (12-13). Segi Shinichi. L’art català i Japó (17-18). 128 pp.
*<100 anys, 100 pintors, 1893-1993>. Palma. Llonja (mayo-junio 1993): Rusiñol en 150-151.
*<Barcelona-Madrid 1898-1998>. Barcelona. CCCB (22 septiembre 1997-18 enero 1998). Madrid. Círculo de Bellas Artes (3 marzo-10 mayo 1998). Obras y documentos de Miró, Artigas, Casas, Clavé, Dalí, Ferrant, Joan Ponç, Rusiñol, Tàpies...; Bores, Millares, Palencia, Antonio Saura, Vázquez Díaz... Comisario: Xavier Bru de Sala. Cat. Marc històric (44-93), con artículos de José-Carlos Mainer para 1898-1914 (44-53); Jordi Casassas para 1914-1931 (54-63) y 1931-1939 (64-73), Javier Tusell para 1939-1975 (74-83) y Ferran Mascarell para 1975-1998 (84-93). Un artículo destacado de Martí Peran. Barcelona-Madrid. La remor d’un diàleg en la dinàmica de l’art espanyol (96-129). 254 pp.
*<París-Barcelona. De Gaudí a Miró>. París. Grand Palais (9 octubre 2001-14 enero 2002). Barcelona. Museu Picasso (28 febrero-26 mayo 2002). 650 obras entre la Exposición Universal de Barcelona de 1988 y la Internacional de París de 1937 (en maqueta), oposición en parejas (española y francesa), de pinturas de Miró, Casas, Rusiñol, Canals, Pidelaserra, Nonell, Sunyer, Torres García, Picasso, Gris, Dalí, Varo; Manet, Monet, Degas, Van Gogh, Toulouse-Lautrec, Puvis de Chavannes, Derain, Picabia, Herbin, Braque, Le Corbusier, Breton, Masson; esculturas de Rodin, Maillol, Llimona, Blay, Arnau, Clarà, González, Gargallo, Manolo Hugué; planos y maquetas de los arquitectos Guimard, Viollet-Le-Duc, Domènech i Montaner, Puig i Cadafalch, Gaudí, Busquets, Clapés, Junyent, Sert...; fotos de Pere Català Pic; muebles de Gaspar Homar. Cat. 700 pp. (numeradas hasta 699). Hay un catálogo resumido en francés, editado por RMN, de 80 pp. Comisarias: Brigitte Léal y Maria Teresa Ocaña; colab. de comisarios Caroline Mathieu, Cristina Mendoza y François Fontaine, et al. Textos de AA.VV. Sobre Miró destacan: Sebbag, Georges. París-Barcelona-París. El bumerán surrealista (38-51).Aubert, Paul. Cataluña y Francia. Una historia cultural. 1888-1937 (52-75). Mas Peinado, Ricard. De Barcelona a París en revista. Las revistas entre dos guerras. 1912-1934 (276-291). Fontbona, Francesc. Noucentisme i vuelta al orden (292-303). Suàrez, Alícia; Vidal, Mercé. El ideal noucentista (304-323). Rousseau, Pascal. La galería Dalmau. La introducción de la abstracción en Cataluña y la vanguardia parisina (325-343). Borràs, Maria Lluïsa. Crónica de un exilio (344-369); sobre los exiliados europeos en Barcelona en la I Guerra Mundial). Lubar, R.S. El nacionalismo lingüístico de Miró (398-421). Guigon, Emmanuel. ADLAN. 1932-1936 (554-573). Léal, Brigitte. 1937: "rayaba el alba sobre Barcelona, en pleno verano” (574-599). Puig, Arnau. La Posguerra y el Instituto Francés (600-607).
*<Picasso, Miró, Dalí tra Modernismo e Avanguardia nella pittura cattalana del primo Novecento>. Cremona. Museo civico Ala Ponzone (15 febrero-4 mayo, ampliado a 1 junio 2003). 75 obras de Miró, Dalí y Picasso, más obras de Anglada Camarasa, Casas, Julio González, Manolo Hugué, Joaquim Mir, Nonell, Opisso, Rusiñol, Torres García. Comisaria: Maria Josep Balsach. Textos de Maria Josep Balsach. Modernismo e avanguardia. Picasso, Miró, Dalí e la pintura catalana (1880-1939) (17-31). Ivana Lotta. Picasso tra elaborazione e innovazione (33-45). Maria Lluïsa Faxedas. Dementi, belle di notte e paesaggio catalana: pittori di fine secolo tra modernismo e noucentisme (47-59). Valeriano Bozal. Il noucentisme e oltre (61-69). Alessandra Fornasiero. Miró e Dalí. La pittura catalana degli anni venti (71-81), y Fornasiero escribe los comentarios de las tres obras de Miró. Cat. Ed. Skira. Milán, en colaboración con Associazione Promozione Iniziative Culturale di Cremona, titulado Modernismo e avanguardia. Picasso, Miró, Dalí e la pittura catalana. 247 pp. MOMA Manhattan Stacks ND809. C2. M63 2003.
*<Imágenes de mujer en la plástica española del siglo XX>. Zaragoza. Instituto Aragonés de la Mujer (abril-mayo 2003). Obras de Miró, Manuel Ángeles Ortiz, Barceló, Broto, Casas, Josep Clarà, Dalí, Gargallo, Juan Gris, Nonell, Juan Navarro Baldeweg, Luis Seoane, Rusiñol, Saura, Sorolla, Joaquim Sunyer, Hernando Viñes... Cat. Textos de AA.VV. Destacan los de la comisaria Concha Lomba Serrano. Imágenes de mujer en la plástica española del siglo XX (13-29) y El cuerpo como argumento (135-140) con ref. a Miró en p. 139.
*<El retrato español. Del Greco a Picasso>. Madrid. Museo del Prado (19 octubre 2004-5 febrero 2005). Unas 90 obras de Bartolomé Bermejo, Pedro Berruguete, Juan de Flandes, Pedro de Campaña, Tiziano, Moro, El Greco, Sánchez Coello, Pantoja de la Cruz, Ribalta, Ribera, Zurbarán, Velázquez, Martínez del Mazo, Claudio Coello, Murillo, Carreño, Valdés Leal, Mengs, Meléndez, Goya, Paret, Vicente López, Madrazo, Rosales, Pinazo, Sorolla, Casas, Rusiñol, Zuloaga, Nonell, Solana, Picasso, Gris, Miró. Comisario: Javier Portús. Cat. 400 pp. 222 ilus.
*<Barcelona and modernity. Picasso, Gaudí, Miró, Dalí>. Cleveland. Cleveland Museum of Art (2006-2007). Cat. Texto de Mendoza, Cristina. Casas and Rusiñol: The Allure of Montmartre: 42-53.


<Rusiñol, la passió per Mallorca: Del il.luminisme i el simbolismea l'estampa japonesa>. Palma de Mallorca. Es Baluard (4 mayo-17 junio 2007). Cat. Textos de comisaria: Isabel Coll. 177 pp. Inglés, alemán, catalán y español.
*<El Greco. La mirada de Santiago Rusiñol>. Barcelona. Fundación Godia (5 diciembre 2014-22 marzo 2015). Unas 40 obras de El Greco y artistas influidos por él. Comisarias: Vinyet Panyella y Nadia Hernández. Reseña de Montañés, J. Á. El Greco pinta en Barcelona. “El País” (5-XII-2014) 47.
<Santiago Rusiñol. Jardines de España>. Barcelona. Museo del Modernismo (23 marzo-9 julio 2017). Comisaria: Mercedes Palau-Ribes, con el asesoramiento de Francesc Fontbona y Josep de C. Laplana. Reseña de Gurina, Núria. ‘Santiago Rusiñol. Jardins d’Espanya’, pintura, literatura i música. “Bonart” 177 (II a IV-2017) 55.

Libros.
AA.VV. Santiago Rusiñol. L’artista total. Diputació de Barcelona. Barcelona. 2007. 368 pp. Textos de Joaquim Molas, Daniel Giralt-Miracle, Margalida Casacuberta, Isidor Cònsul...
Antolín Paz, M. (dir.). Diccionario de pintores y escultores españoles del siglo XX. 1994: 3808-3810.
Bénézit, E. Dictionnaire des peintres, sculpteurs, designateurs et graveursGründ. París. 1976. 10 vols. Reed. Jacques Busse (dir.). 1999. 14 vols. vol. 12, p. 109.
Bozal. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1900-1939). Alianza. Madrid. 1995: 39-43.
Casacuberta, Margarida. Santiago Rusiñol: vida, literatura i mite. Curial. Barcelona. 1997. 616 pp.
Laplana, Josep de C. Santiado Rusiñol, el pintor. Publicacions de l’Abadia de Montserrat. Barcelona. 1995. 589 pp.
Laplana, Josep de C.; Palau-Ribes O’Callaghan, Mercedes. La pintura de Santiado Rusiñol. Obra completa. Ed. Mediterrània. Barcelona. 2004. 3 vols. 1. La vida. 287 pp. 2. L’obra i la crítica. 252 pp. 3. Catàleg sistemàtic. 246 pp. Catalán y castellano.
Pla, Josep. Rusiñol y su tiempo. Barna. Barcelona. 1941. 367 pp. Reed. en Pla. Obras completas.
Rusiñol, Santiago. L’auca del senyor Esteve. Edicions 62. Barcelona. 1979 (1907). 167 pp.

Artículos. Orden cronológico.
AA.VV. Dossier: Santiago Rusiñol (1861-1931): Una personalitat heterodoxa. Els cinquanta anys de la seva mort“L’Avenç”, 39 (VI-1981) 23-47.
Casamartina i Parassols, Josep. Santiago Rusiñol, rei de Sitges. “El País”, Quadern 1169 (8-VI-2006) 1-3.
Casasses, Enric. L’estil Rusiñol. “El País”, Quadern 1169 (8-VI-2006) 3.
Foguet i Boreu, Francesc. Rusiñol inexplorat“El País”, Quadern 1169 (8-VI-2006) 2.
Puigdevall, Ponç. Prosa costumista i paròdica “El País”, Quadern 1169 (8-VI-2006) 3.
Geli, Carles. Rusiñol, otra vez moderno. “El País” Cataluña (18-IV-2011) 5.
Montañés, J. Á. Un mini-MNAC a Sitges“El País” Quadern 1.570 (18-XII-2014) 4. Reabre el museo Cau Ferrat después de cuatro años de reformas.

miércoles, abril 13, 2011

Joan Miró. Comentario: 'Pintura-Poema ("Foto. Este es el color de mis sueños")' (1925).

Joan Miró. Comentario: 'Pintura-Poema ("Foto. Este es el color de mis sueños")’ (1925).

Este texto es una versión para blog del artículo de Boix Pons, Antonio. Un comentario sobre 'Pintura-poema ("Foto. Este es el color de mis sueños")’ (1925), de Joan Miró. “Octopus” RDCS, nº 4 (IV-2011) 36-50.
Se advierte que en principio todas las obras citadas tienen derechos de copyright, pertenecientes a los citados museos e instituciones, y en el caso de Miró además a ADAGP © Successió Miró.

Abstract.
El artículo comenta Pintura-poema (“Foto. Este es el color de mis sueños”) (1925), de Joan Miró, proponiendo una nueva interpretación en clave astronómica, y revisa la historiografía (Dupin, Penrose, Krauss y Rowell, Rose, Weelen, Raillard, Prat, Lanchner, Malet y Montaner, Schneider, Rico, Beaumelle, Fanés y Minguet).
The article comments painting-poem ("Photo. This is the color of my dreams") (1925), Joan Miró, proposing a new interpretation in astronomical key, and reviews the historiography (Dupin, Penrose, Krauss and Rowell, Rose, Weelen, Raillard, Prat, Lanchner, Malet and Montaner, Schneider, Rico, Baumelle, Fanés and Minguet).

 














Miró. Pintura-poema (“Foto. Este es el color de mis sueños”) (1925). [https://successiomiro.com/catalogue/object/2685]

Pintura-poema (“Foto. Este es el color de mis sueños”) (1925) o Peinture-poème (“Photo: Ceci est la couleur de mes rêves”) es un óleo sobre tela (96,5 x 129,5) [D 125. DL 147], realizado en Mont-roig en julio-septiembre, de la Col. MET Nueva York, donación de la Pierre Matisse Foundation.

Esta obra de la pinturas-poema, de notable sencillez y a la vez enigmática y sugerente, la preparó Miró a partir de un pequeño esbozo[1], trasunto casi exacto de su composición. El color azul de la mancha-nebulosa del lado derecho es el dominante en su pintura durante esta época. Destaca por su texto enunciativo de raíz dadaísta, que muestra una austera referencia de Miró a la fotografía como técnica de reproducción de la realidad, sin dejarse arrastra a utilizar la técnica del collage. Miró explica (1975) que escribió Photo en la parte superior de la tela con un sentido dadaísta (Picabia) antes que surrealista (Breton): ‹‹Porque había partido de la idea de una foto, ya no me acuerdo de qué foto. No hice un collage ni una reproducción. Simplemente, pinté la palabra photo. Estaba más en la línea de Picabia que en la de Breton.››[2] Una sencillez que remite a la tradición impresionista: Renoir aconseja al atormentado Cézanne que si coloca dos manchas de color sobre el lienzo, el resultado ya es extraordinario.[3]
Vemos que resta el problema de cuál fue la referencia en el mundo real que inspiró al artista esta pintura. Mi propuesta es que es una visión astronómica y el título sería una referencia a la foto de las estrellas de una noche sobre el cielo de Barcelona o Mont-roig, tal vez una reproducida en un diario o revista de la época, representando una constelación en una semioculta trama de puntos en el lado izquierdo mientras que muestra una nebulosa en el lado derecho.
Observando de cerca la obra bajo la luz adecuada de la sala del MET (y esto es imposible incluso en las mejores reproducciones, lo que explica que la historiografía no lo haya comentado) se observan de inmediato 14 minúsculos puntos (gotitas azules) en la parte izquierda del cuadro. Apunto que me parece muy pequeña la probabilidad de que se le cayeran por azar al artista sobre la tela cuando estaba pintando la mancha de la parte derecha, porque en esta no hay ni un solo punto o mácula, salvo la misma mancha.


Uniendo los citados puntos entre sí en diversas combinaciones, aparecen de inmediato varias tramas o redes, que adoptan aparentemente la forma de constelaciones.

Repasando las 88 constelaciones, dentro de las del hemisferio norte, que son sin duda las más probables, encontramos que en el verano (recordemos que Miró pintó el cuadro entre julio y septiembre pero no es un criterio seguro el del tiempo de su realización) si miramos hacia los 50º N el 1 de marzo a las 23 horas el cielo, aparece una red de puntos muy semejante a la constelación de Ophiucus si giramos los puntos de la periferia en el sentido del reloj. Si tomamos la opción del final del verano y del otoño la parte inferior, con nueve puntos, es casi idéntica a Aquarius, lo que establece una inmediata y fácil conexión con el color azul del mar, por lo que aparece como una opción bastante más lógica, pero también advierto que se parece sobremanera al conjunto de la Osa Menor abajo y del Dragón encima, por lo que no se debería descartar. En invierno la constelación más idónea vuelve a ser Aquarius. Y en primavera el grupo de puntos se parece más a la de Hércules, aunque la parte inferior forma también un dibujo muy parecido al de Corvus.
En cambio, si observamos el firmamento del hemisferio sur con los mismos datos anteriores vemos de inmediato que las afinidades son mucho más remotas, tan forzadas que no son verosímiles.

La cuestión cosmológica es un hilo que recorre la obra entera de Miró y para abordarlo nos apoyaremos extensamente en Cirici y sobre todo en Rowell. Como escribía Panofsky, las obras de la vanguardia del arte del siglo XX se relacionan con ‹‹una metafísica del arte que trata de derivar el fenómeno de la creación artística de un principio suprasensible y absoluto o, como gusta llamarse hoy, “cósmico”.››[4] Y de hecho es imposible entender del todo a Miró sin profundizar en el pensa­miento astrológico-mágico del surrealismo. Amaba además la astrono­mía —contaba que le fascinaba en los años 60 la carrera espacial, que le recordaba su afición juvenil por la astronomía[5]— lo que influyó en al­gunas de sus composi­ciones cosmológi­cas:
‹‹El hobby de su padre era la astronomía, interés que comunicó también a su hijo. A la caída de la tarde, el pequeño Miró solía sentarse a estudiar cartas astronómicas, o a contem­plar el cielo a tra­vés de un gran te­lescopio que, montado en su trípo­de, puede verse aún hoy en la terraza de su estudio de Son Abrines. Las novelas fantás­ticas de Julio Verne figuraban entre sus libros favoritos.››[6]
Surge de inmediato la cuestión de cómo aparece esta pasión en su obra. ¿Cómo representa Miró los signos sin señal: la nada y el infinito? Son conceptos filosóficos aparentemente contrarios pero también son problemas estéticos: ¿si existen la nada y el infinito, se pueden representar?, ¿puede representarse el inaprehensible “ilimitado” (apeiron) de Anaximandro, asimilable conceptualmente a indefinido, infinito, desordenado, caótico; o debe representarse su ignota “frontera o límite” (peras)? Dos de las grandes concepciones filosóficas contemporáneas en Occidente, la existencialista que dice “hay nada y hay infinito”, y la neopositivista que responde "no existen las tales cosas llamadas nada e infinito”, tienen su corolario artístico en el arte, en quienes apelan al vacío cósmico para resolver el problema de cómo representar, esto es, definir o limitar lo indefinible e ilimitable per se, y quienes la refutan llenando el espacio de elementos en una especie de horror vacui.[7]
Miró, atento al pensamiento existencialista que reina después de la II Guerra Mundial en París, se decanta por la primera opción y construye grandes campos de color monocromos que evocan los dos grandes conceptos, pintando una metáfora visual de la pérdida del mundo soñado, de la naturaleza míticamente virgen que ya no volverá, de la sociedad rural que no había sufrido los horrores bélicos del siglo y que desaparece a ojos vista.
En cuanto a los elementos cósmicos son una presencia casi recurrente en la pintura mironiana desde los años 20. Cirici (1978) explica sin ánimo de numerus clausus: ‹‹Hay en ella elementos cósmicos: estre­llas, sol, luna, constelaciones.›› y añade ‹‹(…) Los elementos cósmicos han sido escogidos de entre los invariables, los seguros, los que se cree en ellos. (…)››[8] Rowell (1993) precisa sobre los signos y elementos cósmicos (usa como sinónimos poéticos los términos “astrales” y “constelaciones”) que son comunes a la poesía y la pintura, de modo que su sagaz empleo permite a Miró realizar su vocación de pintor-poeta:
‹‹La noche, las tinieblas y las estrellas son motivos cons­tantes y privilegiados de los poetas. Pero no sólo les inspiran su misterio y su simbolismo. Esos fondos sembrados de puntos luminosos le recuerdan al poeta el proceso y el producto singu­lar del acto creador, el modo en que brota una palabra lumino­sa, es decir, una presencia que rebosa de signos, de sentidos, de aso­ciaciones, que surge de una fuente desconocida e inagota­ble.››[9]
Y Rowell se apoya en esta idea para negar que en la obra mironiana haya un forzado automatismo, al que asocia con la interpretación del artista como ingenuo e infantil; y rebate esta versión señalando que su poética es una apuesta muy planificada, nada impulsiva, centrada en la creación de un vocabulario propio, cuyo espacio emblemático es el astral de las constelaciones.
‹‹Al situar este homenaje bajo el signo de las Constelacio­nes estamos evocando un aspecto de la personalidad y la obra de Joan Miró algo más escondido, aunque igualmente auténtico, que la imagen corriente y popular que éstas podrían haber suscita­do. Tanto la obra como el creador son mucho más complejos de lo que dejan traslucir y no acaban nunca de reve­larnos sus enig­mas.
La obra de Miró, contrariamente a su imagen convencional, no se corresponde con la articulación imperfecta y torpe que asociamos al lenguaje infantil. No representa ya el “relato torrencial” de la escritura automática, el “dictado del pensa­miento en ausencia de todo el control que la razón puede ejer­cer...” de los Surrealistas, pero tampoco se sitúa en la antí­te­sis de esos modos de expresión, cosa que sugeriría una obra producto de la pura reflexión. De hecho, Miró, a lo largo de todas sus épocas, ha sabido encontrar el equilibrio supremo entre inspiración y construcción en la objetivación de sus imá­genes interiores. Al hacerlo así, no sólo ha conseguido recono­cer el valor de lo imaginario del hombre, sino también el de la belleza infinita del mundo real.››
Y Rowell precisa que ese mundo astral de las constelaciones es tan real como el mundo rural de Mont-roig, y sirve de guía para recorrer el sendero de la vida:
‹‹El tema de Miró, como él mismo ha repetido una y otra vez, es el mundo real. Pero, si bien reconocemos sin esfuerzo la fuente de sus motivos, la sintaxis de su len­guaje plástico nos resulta a veces algo más misteriosa. La configuración que con­viene a la estructura frag­mentada y polifocal, subversiva res­pecto a las convenciones al uso, de las composiciones de Miró es la estructura de la constelación... Gracias a su raíz ste­lla o estrella la constelación evoca la disposi­ción de los astros, que, aunque diseminados en un espacio de dimensiones inaprehensibles, no por ello dejan de estar regidos por leyes que son inapreciables a simple vista y difíciles de captar por el en­tendimiento común.
A lo largo de los tiempos, y desde épo­cas inmemoriales, el cielo estrellado ha sido la inspiración del poeta y del artis­ta, del religioso y del profano. Al estar fuera del tiempo y del espacio existenciales, sólo podemos acercarnos a él con el concurso de la imaginación. A pesar de su inconmensurable dis­tancia, la estrella y la constelación representan siempre para el hom­bre un punto de referencia, ayudándole a encontrar el camino perdido, tanto en el sentido literal como en el figura­do. El hombre perdido en el bosque o en el desierto se fía de las estrellas para orientar­se. Desde un punto de vista más fi­losófico, la estrella es un índice de lo infinito que aparece engañosa­mente— como inmutable y nos recuerda la finitud y lo efímero de nuestra existencia terrestre. Y, para­dójicamente, al perderse en las estrellas, el hombre encuentra su propia dimen­sión metafísica.››[10]
La constelación es una agrupación relativamente ordenada de estrellas y es metáfora de la música celestial que los pitagóricos consideraban la razón oculta de la naturaleza, y así introduce un orden dentro del caos, pero es también un orden maridado con el azar, pues la constelación aparece a menudo en medio de la nada, como producto de metamorfosis que revelan una energía gigantesca. Es un recurso que Miró usó no sólo en Pintura-poema (“Foto. Este es el color de mis sueños”) (1925) sino en otras obras algo posteriores como Pintura (1927) [DL 291], Pintura (El perro) (1927) [DL 296], Pintura (1927) [DL 303], ya sólo como un círculo en Pintura (1930) [DL 320] o más tarde en la constelación-caracol de la acuarela Mujer, estrellas (1942).
Cirici (1977) comenta el carácter táctil de las constelaciones:
‹‹Las constelaciones organizadas con línea de unión pertenecían a la tradición cabalística astrológica medieval y habían hallado esplendoroso cultivo en las artes gráficas del Renacimiento. Pero después de los siglos de visualización, desde el Barroco hasta el Impresionismo, emplear esquemas gráficos era como un manifiesto de intelectualización o de ironía sobre el mundo tecnificado, según se hicieran enfáticamente o cursivamente. Miró se mantuvo en otro camino. Sus constelaciones pertenecen sin duda a un reflejo de dibujo automático parecido a otras redes lineales que encontramos, por ejemplo, en las obras de Paul Klee.
No es la concepción intelectual de la constelación ni es la fidelidad al arcaísmo lo que lo mueve, sino el impulso de la mano. Si las palabras de Tristan Tzara le nacían en la boca, las constelaciones de Miró sin duda le nacen en los dedos.››[11]
Rowell (1993) destaca que en estos años 20 ya estaba marcado el vocabulario de las constelaciones y la concepción espacial del vacío:
‹‹El periodo de los años veinte fue un periodo rico y fecun­do en el que Miró descubrió su sintaxis básica. Esta sintaxis “constelada”, una vez elaborada, subyacerá, más próxima o más lejanamente, a toda su obra de madurez, desde la más figurativa a la más “abstracta”. A través de la disociación y la desorien­tación de los motivos y de su suspensión sobre un fondo vacío y sin puntos de referencia, se manifiesta una libertad que apa­rentemente es absoluta pero, sin embargo, está regida por las leyes de una conciencia plástica. Esta libertad se corresponde con una visión profunda del mundo fenoménico e imaginario. Esta sintaxis subyace siempre a las composiciones de Miró, pero en algunos períodos privilegiados se convierte en el auténtico tema de su pintura: primero, durante los años veinte; también en los años 1940‑41, que son los de las “constelaciones” pro­pia­mente dichas; y por último, en los años sesenta, en los que se despliega a una escala monumental.
Entre los años veinte y el descubrimiento de su lenguaje y los años 1940‑41, ¿cuál ha sido la evolución de la pintura de Miró? En primer lugar, es útil señalar que las constelaciones celestes tienen varias configuraciones. Una de ellas se define como una silueta de puntos, o más exactamente puntos en el cie­lo unidos virtualmente entre sí, cuyo trazado poligonal evoca la imagen de un perro, un oso, un cazador. Así como el estilo constelado de Miró en los años veinte recor­daba a un cielo sem­brado de motivos disociados, al comienzo de los años treinta aparece en su obra un desarrollo lineal en forma de silueta, indicada por puntos o motivos más marcados. Esta forma de cons­telación en redes lineales será de gran importancia en la evo­lución de su lenguaje.››[12]
Finalmente, la nebulosa es, por el contrario, una agrupación relativamente desordenada de estrellas y polvo cósmico, una caótica mancha pletórica de energía y luz que llena de masa y complementa con sus colores los espacios vacíos, aunque a veces en relación con constelaciones, como observamos primero en muchos cuadros de 1925, como en esta irregular mancha azul de Pintura-poema (“Foto. Este es el color de mis sueños”) (1925) [DL 147] y en Pintura (1925) [DL 182], y mucho después en las numerosas transformaciones de la mujer en sus cuadros de los años 70, cuando se presenta como gigantesca mujer-pájaro en un momento y atemorizadora nebulosa un instante después.

La historiografía ha comentado Pintura-Poema (“Foto. Este es el color de mis sueños”) generalmente usando la clave dadaísta, la poética y últimamente la más formalista (y transgresora).


Jacques Dupin.

Dupin (1961, 1993) resume su visión dentro del grupo de pinturas-poema, incide en que el único color es el azul de la mancha y señala un error ortográfico de Miró en el esbozo:
‹‹El mismo año 1925, onírico por excelencia, una nueva pin­tura‑poema, la más misteriosa de todas, da su título casi pala­bra por palabra al libro de entrevistas con Georges Raillard. Leemos allí primeramente Photo, y, más abajo, Ceci est la cou­leur de mes rêves (Esto es el color de mis sueños). Ceci de­sig­na una mancha de azul, ya exactamente pintada a la aguada en el esbozo de los cuadernos ese azul fetiche de las pinturas de ensueños puesta al desnudo de los desafíos de la esfinge, que cada uno lleva en sí y disimula. Una mancha informe, único co­lor sobre el fondo neutro de la tela. (...) [Y comete uno de sus frecuentes errores de ortografía] Así ya en Photo. Ceci est la couleur..., escribe Poto en el dibujo preparatorio, persistiendo aún en el momento de pintar, resultando evidente que el retorno de la h recalcitrante no es más que un restablecimiento realizado sobre el cuadro.››[13]


Roland Penrose.

Penrose (1964) comenta la sencillez, que equivale a pura poesía: ‹‹This beautifully inscribed statement is disarming in its simplicity. The picture strictly speaking is neither a painting nor a poem, and yet it combines these two different modes of expression in such a way that we are doubly convinced of its ultimate truth.››[14]


Rosalind Krauss.

Krauss; Rowell (1972) toman esta obra como un ejemplo significativo de su serie de pinturas-poema[15] y más concretamente Rowell (1972) la explica como un paradigma de esta serie en relación a aspectos como el valor plástico y semántico de los caligramas de Apollinaire, el simbolismo del azul (el color de los sueños del campesino catalán), las alucinaciones ante el muro de su taller (en Carnaval de Arlequín el azul del fondo se refiere a los sueños del pintor) y la construcción visual del poema de Mallarmé Un coup de dès (1895):
‹‹“Photo: Ceci est la couleur de mes rêves” est un paradigm of Mirós poetic production and one of the artist’s most enigmatic paintings. The least painterly” of his works to this period, “photo is one of the richest in associative meanings.
At many levels, “photo is decidedly calligrammatic in the identification of words to an image-idea. On the level of immediate perception, the careful lettering with its thick and thin strokes and flourishes reveals that Miró sought, in his own way, to evoke printed copy. Print is the mechanical reproduction of handwriting, just as a “photo” is the mechanical reproduction of visible reality. We can therefore read the paintings follows: "This is a reproduction of the color of my dreams which is blue”.
The most important question raised is the meaning of blue. (...) [Rowell explica los antecedentes del azul celeste y marino en Occidente, en Cataluña y en la obra de Miró] Thus blue represents the Catalan peasant’s birthright to dreams. / (...)
We know that in the early twenties Miró drew inspiration from formless stains on the wall of his studio. Miró has even said that the fundamental imagery of The Harlequin’s Carnival (1924-1925) came to him in hallucinations. The dominant rhythm of the latter painting irrespective of any inherent pictorial necessity is established by the motifs in blue. This seems to present a case for Miró non-premeditated association of the color blue with dreams.
Finally, “photo” must be considered in a broader frame of reference of both formal and metaphorical significances. Although other general visual references can be evoked (...), none is more pertinent to the artist’s profound intentions than Mallarmé’s Un coup de dès. Miró’s admiration for Mallarmé is well known. (...) “photo” is a more comprehensive visual and conceptual homage to the poem. Through the emptying of the picture plane (comparable to Mallarmé emptying of the written page) and the concerted use of negative space to articulate the flow of image and content, Miró has made a literal and figurative allusion to Mallarmé’s poem about the human condition.
The analogy es more significant than it may at first appear. Because the essential contradiction as conceived by Mallarmé was between the notion of azur or the unattainable spiritual heights, and that of the abyss le gouffre or metphysical depths in the Baudelairean tradition. Once again this can be interpreted as the opposition of hope and despair, such as it as seen on Miró’s canvas through a small blue patch on limitless void.››[16]


Margit Rowell.

La tesis de Rowell sobre la influencia de Un coup de dès de Mallarmé en Foto —así como en Carnaval de Arlequín— ha gozado con razón de un notable éxito crítico y así Picazo (2003) asegura que en esta pintura es: ‹‹on trobem més ben reflectit el seu interès per Mallarmé —sense oblidar Apollinaire i els seus cal·ligrames— en reduir la composició al títol, a una taca blava i a la paraula Photo. Com el mateix Mallarmé va escriure, “La más bella página de mi obra será la que no contenga más que este nombre divino Hérodiade”, fent referència al seu poema sobre la bellesa.››[17]

Rose (1982) la pone como un excelente ejemplo de la influencia dadaísta:
‹‹(...) is simultaneously a Dada statement and a refutation of the Dada negation of painting. On a stark white field, chalky as the plaster of a monk’s cell, Miró has painted only two elements: the word Photo is script in the upper left and a smear of blue in the lower right, which turns the canvas into a literal palette on which Miró is trying out a color. The emptiness of the painting is startling, as is the combination of the absence of imagery with the mysterious presence of the word Photo”.
(...) Miró exposes the imaginative limitations of photography, since dreams, like angels, cannot be photographed. By projecting a world beyond that which could be photographed, Miró once again bears witness to his faith in another world beyond this one, a world of transparent spirit, not dense matter.››[18]

Weelen (1984) la analiza como ejemplo de una codificación de mensajes de autoría (photo sería, entre otros significados, la firma de Miró) y de transgresión (en este caso contra el automatismo y el realismo fotográfico):
‹‹Ainsi, il est permis de suggérer, semble-t-il un autre sens à cette toile énigmatique: Photo, ceci est la couleur de mes rêves. Voilée par la réserve naturelle de son auteur, marquée par sa connaissance des jongleries verbales et son goût de la peinture, sa structure pourrait le laisser supposer. La composition est calquée sur celle généralement observée pour écrire une adresse, au sens rhétorique du mot, et incontestablement, elle est une adresse dans l’élaboration d’un message qui se veut évident pour tous et qui reste probablement codé. Une évidence cache autre chose.
Ce mot “photo” recouvre un emboîtement de sens possibles. Si la photographie donne sur papier le duplicata de la réalité, elle est aussi le produit du procédé automatique qui sert à l’enregistrer. Mis curieusement au singulier, il compte juste cinq lettres et se trouve à la place où usuellement est disposée sur une étiquette le nom de l’expéditeur.
La grandeur des lettres, évidemment justifiée sur le plan plastique, atteste encore l’importance que Miró accorde à la chose et du même coup, combien il est concerné par elle. Derrière le mot écran “photo” se cacherait donc un mot de cinq lettres bien suggestif et le nom de Miró, puisqu’il se situe à la place de l’expéditeur. La phrase, elle, est au lieu convenable où s’inscrivent généralement le nom et le domicile du destinataire. L’élégance de l’écriture lui confère un caractère officiel et par son application, ce qui n’est pas contradictoire, elle manifeste malgré tout l’estime et le respect pour celui à qui est destiné l’envoi. Tant leur déplacement est gênant pour écrire la suscription, qui articule la signification de la toile, les deux points placés avant le mot photo, laissent à penser qu’il s’agit de la fin ou de la conclusion d’une adressse, d’une apostrophe. L’espace calme, mesuré d’une blancheur d’étiquette ou d’enveloppe confirme la détermination assurée de l’écrivain peintre. Il est aussi la surface vide ou aucune image ne se réfléchit. Il est absence. La tache bleue effrangée comme un timbre, irrégulière telle un sceau est là pour affirmer la solennité du message.
Si le mot, si bien mis en exergue cache le nomme de Miró pour camoufler son refus de l’automatisme et de l’esthétique photographique, l’évidence de la phrase dissimule, elle aussi, sa signification réelle. Les couleurs blanche et bleue, à la façon de ce qu’il advient dans les calligrammes, informent ce qui est écrit. Un glissement de sens se produit. En opérant dans le cadre de la peinture, de sa peinture ou moins ouvertement critiquée, Miró resterait fidèle à lui-même. A la manière des gens qui ont assez, il adresserait un merde” amical, mais énervé aux censeurs qui n’y voient que du bleu.››[19]

Raillard (1989) apunta que la fuerza de mensaje de esta pintura se relaciona con la fuerza manifestante del texto de Aragon (Une vague de rèves) y el primer manifiesto de Breton:
‹‹Cette toile a la simplicité d’un manifeste, et aussi, dans sa nudité, la charge explosive. (...) Dans un dessin préparatoire, la tache de couleur a déjà la forme exacte qu’elle aura sur le tableau où elle n’est pas le résultat d’un geste automatique. Le tableau entier, dans un net rapport oblique, met en relation l’écriture du mot Photo n’importe quelle réalité ou l’absente de toute réalité, comme l’absente de tout bouquet, la fleur mallarméenne et de l’inscription “Ceci...” qui, titre intérieur, montre la tache. Le modèle intérieur dont va parler Breton n’est pas désignable, assignable à une autre scène celle de l’inconscient il n’est pas réductible à la fixation en une image.››
Raillard sugiere finalmente que esta obra podría haber influido en una obra de Magritte: ‹‹En 1926, Magritte donnera la première épreuve de son Ceci n’est pas une pipe —le dessin parfait d’une pipe mis en question part une suscription—. Je verrais volontiers dans le dessin de Magritte, pièce fameuse dans le dossier les mots et les images”, un écho de la toile de Miró, une réponse.››[20]
Poco tiempo después, Raillard (1993) profundiza su comentario en la estela de Rowell:
‹‹El cuadro entero, en una relación oblicua, pone en relación la escritura de la palabra Photo —una realidad cualquiera con absoluta ausencia de ramos de flores, la más mallarmeana— y la inscripción Ceci est la couleur de mes rêves, que como título interior, muestra la mancha... El modelo interior del que va a hablar Breton no es designable, ni asignable a otra escena —la del inconsciente—, no reductible a la formación de una ima­gen.››[21]


Jean-Louis Prat.

Prat (1990) se detiene en la afinidad entre la idea onírica de esta pintura (la relación entre el sueño y el color azul), y el concepto surrealista del sueño:
‹‹L’approche qu’a Miró du surréalisme prend des détours bien surprenants. On connaît l’importance du rêve, révélateur d’une frange de l’inconscient dans les théories psychanalytiques que Breton tentera d’appliquer à son mouvement artistique. Le petit nuage bleu souligné par Miró semble n’impliquer qu’une lecture minimum. Il a le bonheur de rêver en bleu, soit. Était-il bien nécessaire d’en faire un tableau, même s’il s’agit d’une réponse bien poétique aux préoccupations si sérieuses d’André Breton?
Or, ceci ne se limite pas à la couleur de ses rêves: le texte inscrit sous la tache est calligraphié à la manière dons écrivent les écoliers, soigneusement, les pleins et les déliés sagement contenus entre deux lignes parallèles, la barre du t et les boucles des l montant réglementairement jusqu’à l’interligne supérieure. Ne serait-ce pas la phrase elle même dont rêve le peintre, de celles qu’on inscrit sur la couverture d’un cahier d’écolier. Ceci est le cahier de Joan Miró?
Enfin, Photo, le mot que équilibre le bleu du rêve. Photo-lumière, dans son sens premier, ou photo-cliché, tous les rêves étant naturellement bleus? Ou encore photo signalant la froideur d’enregistrement d’un objectif: la couleur de mes rêves est le bleu, je l’ai photographiée.
En fait, jamais tableau ne fut plus directif (Ceci est la couleur de mes rêves), et rarement, avec si peu de moyens, on ne vit autant de possibilités pour le spectateur de rêver devant, de suivre ses propres songes. Le rêve de Miró est bleu comme une orange.››[22]

Lanchner (1993) apunta que su realización parece de las mismas fechas que La suma (apenas un poco posterior) tanto por coincidir la seriación de sus bocetos, como por las coincidencias: su despojamiento formal, de sus dadaístas líneas de cifras (vertical en la primera obra, horizontal en la segunda), la mancha nebulosa...[23]

Malet y Montaner (1998) concuerdan con Lanchner en que: ‹‹El boceto preparatorio para este cuadro (...) presenta determinadas similitudes con la obra La suma. La observación de los bocetos respectivos permite pensar en un aprovechamiento de las marcas resultantes de la presión del lápiz. De ellas germinan, así, nuevas configuraciones autónomas.››[24]

Schneider (1998) centra su análisis en la disonante relación dibujo-color:
‹‹Esta tela cuenta entre las más comentadas de Miró. Más aún que Ceci n’est pas une pipe de Magritte, invita a los vagabundeos de la imaginación. Sin embargo, al contrario de la obra del surrealista belga, ni siquiera es una imagen. Apenas pintada, evoca algunos de los problemas principales de la pintura y juega con algunas de las ambigüedades más inquietantes. Relación antinómica de la fotografía y de la imagen, aptitud que posee la escritura para dejarse leer y ver, pero nunca al mismo tiempo, mientras que el color se identifica con su signo no acabaríamos nunca de evocar los complejos temas que el color entreteje bajo el abrigo de una ingenuidad desarmante. Lo más asombroso es, sin duda, su formación extrema del debate fundamental entre dibujo y color, disociados aquí hasta el punto de parecer al borde del divorcio, el cual, sin embargo, es configurado por la gracia del fondo azul al cual ellos han despertado y que, a cambio, los reúne en él, los nutre con su hondura inagotable.››[25]

Rico (2003) la ensalza como obra maestra, que alumbra la nueva y austera poética de su estilo más surrealista:
‹‹La pintura de Miró se me antoja mucho más radical y avanzada que la de Magritte [Ceci n’est pas une pipe (1929)]: sobre una superficie blanca casi en su totalidad (acaso la misma preparación de la superficie pictórica), Miró escribe con deliciosa caligrafía en el ángulo superior izquierdo la palabra “Photo” y abajo, en el extremo derecho, la frase “ceci est la couleur de mes rêves” bajo una mancha informe de color azul celeste... Se trata sin duda de una de las obras maestras del siglo XX: sobria en las formas y generosísima en los contenidos y evocaciones que inaugura su visión; antecedente de tantas obras de otros surrealistas como de muchas obras de la poesía visual, el conceptualismo, las tendencias últimas del siglo… Las palabras, el texto de Miró, ocupan el lugar tanto de la representación —“Photo”— como del sentimiento y las sensaciones inmateriales… El color azul en combinación con la frase “ceci est la couleur de mes rêves” hacen vibrar nuestras facultades puramente visuales de reconocimiento así como las intelectuales y emocionales; el color azul de los sueños de Miró contiene, a la vez que un inmenso territorio indeterminado de posibilidades plásticas y estéticas, el universo rescatado de sus recuerdos y el inmenso potencial verosímil de sus deseos… En muy escasas ocasiones en la historia del arte se pudo abarcar tanto tiempo, tanto espacio visible o invisible, tantas ideas y emociones con tan breves referencias, tan humildemente…››[26]

Beaumelle (2004) rechaza la fácil adscripción a las pinturas-poema y apunta la mucho más transgresora función enunciativa de su fondo (así, se sugiere implícitamente, Miró construye o reivindica un vacío campo visual para su miromundo) como se ve en otras pinturas de esta misma época:
‹‹C’est également comme surface d’énonciation que peut être compris le tableau blanc d’écriture de Photo (1925), trop longtemps réduit à une simple “peinture de rêve”. Tout y a en réalité fonction d’index: aussi bien l’annonce “photo” placée en tête (annonce d’un grand vide, celle d’une oeuvre qui a renoncé à toute ressemblance photographique) que le spot sommaire indiquant l’outil pictural (la peinture bleue). Avec cet échantillon désinvolte de peinture. C’est-à-dire de sa peinture qu’il se doit de commenter, soulignant ainsi sa pauvreté signifiante, Miró énonce, dans le cadre de ce tableau documentaire, le lieu et la forme de son langage: non pas un langage poétique, comme on l’a dit souvent, qui serait d’un calligramme peinte, mais celui, brutal, efficace, impératif, d’une injonction et d’une démonstration. Le tableau entier devient surfacé d’énoncé: une fonction est ici proposée, et pour toute l’oeuvre future.››[27]
Beaumelle (2013) revisa su planteamiento anterior y añade otra explicación, la programática, la de anunciar una nueva etapa de experimentación en el colorido y la espacialidad, las “pinturas-sueño”: ‹‹(…) cette toile radicale de Miró (…) fait la fonction d’embléme et de programme. En liant clairement la couleur bleu azur et le domaine du rêve, elle initie la grande serie (…) [que llevará finalmente al tríptico Azul de 1961]››.[28]

Fanés (2007) conecta esta pintura con la importancia de la fotografía como fuente de inspiración de Miró, lo mismo que ocurría con muchos otros artistas vanguardistas de los siglos XIX y XX, y en especial con la reivindicación de la fotografía por los surrealistas, en la que defiende la estética transgresora de las convenciones tradicionales del cuerpo y el objeto de sus compañeros fotógrafos surrealistas. Fanés también critica, como antes Beaumelle, por demasiado evidente la reducción en anteriores interpretaciones de que la salpicadura de azul es la fotografía del color de los sueños del artista. Y defiende un comentario más formalista de los escasos elementos de esta pintura y en concreto de la mancha, que asocia con los borrones o manchones de su estilo más matérico (en suma, apunto, más abstracto o incluso preinformalista):
‹‹Si nos atenemos a este procedimiento, vemos que estos elementos son, en primer lugar, (…), una foto no representada por una foto o una reproducción pintada de una foto, sino por la palabra que la identifica en el lenguaje escrito (en este caso, en francés: photo) y, en segundo lugar, una frase pintada (“este es el color de mis sueños”) con una caligrafía de un tamaño muy inferior a la palabra “foto”, que puede articularse con ella mediante el trazo de una diagonal imaginaria, pero que, al mismo tiempo, por su disposición sobre el cuadro, es completamente independiente. Incluso el tercer elemento, la mancha de color azul, pese a su cercanía, no está claro que deba relacionarse con la mencionada frase. La razón es sencilla: borrones de pintura como éste aparecen con frecuencia en las telas de Miró (…) [Pintura-poema (“Un pájaro persigue a una abeja y la besa) (1927) DL 262], donde la presencia de una mancha casi idéntica no la identificábamos con los sueños del pintor.››[29]
Fanés se centra luego en el dibujo preparatorio, en el que Miró escribe la palabra photo, lo que interpreta como que pensó al principio pegar una foto pero al final lo descartó, quedando sólo la palabra, como ya ocurría en la coetánea Pintura (“Arena”) (1925) [DL 153]:
‹‹(…) desde el momento de realizar el dibujo preparatorio el pintor ya ha decidido sustituir el posible collage por la palabra pintada. Lo reconocemos en el tipo de letra que aparece en el esbozo. Cuando la nota escrita en un dibujo preparatorio se refiere a una pieza para ser pegada, el pintor tiende a recurrir a una caligrafía banal, mientras que las palabras que como tales deberán reproducirse en el cuadro, las anota con un tipo de letra más retórico, como sucede en el dibujo preparatorio para esta Pintura-poema.››[30]

Minguet (2009) considera que en esta obra (y otras semejantes) Miró comienza su particular “pinturicidio”, el asesinato de la pintura, aunque lo conceptualiza más tarde, al introducir palabras o números, quebrando así el elemento representativo que mantenía en la pintura anterior.[31] 
En suma, vemos que la historiografía más reciente ha evolucionado en sus análisis hacia una visión más formalista y más transgresora, y al respecto mi opinión es que esta línea de interpretación es plenamente válida puesto que la obra de arte goza de cierta autonomía incluso respecto a su creador y, por lo tanto es evidente que Miró estaba experimentando, aunque supongamos que en este caso malgré lui, con la creación de espacios infinitos en campos de color monocromo y el uso de formas progresivamente abstractas y simplificadas. Pero considero que en 1925 la finalidad de Miró era más bien la de conjugar poesía y pintura, esto es, estaba mucho más cerca de la interpretación en clave poética de Rowell, y mi propio análisis es más congruente sin duda con esta dirección.

ENLACES.
Joan Miró. Un primer grupo de pinturas-poema, 1925.

NOTAS.
[1] Dibujos preparatorios para Pintura-poema (Foto. Este es el color de mis sueños) (1925). Lápiz grafito sobre papel (19,8 x 26,4). Col. FJM (720). [Malet. Obra de Joan Miró. 1988: fig. 314. / <Joan Miró>. FJM (1993): fig. 66 i.]
[2] Raillard. Conversaciones con Miró. 1993: 84.
[3] Yvars. Vuelo en azul (265-271), en Yvars. El momento estético. 2006: 265.
[4] Panofsky. Idea. 1981: 101.
[5] Friedman. L’esprit créateur dans l’art et dans la scien­ce. Interview de Joan Miró. “Impact: Science et société” v. XIX, nº 4 (octubre-diciembre 1969): 386.
[6] Erben. Miró. 1993 (1959): 139. Miró le explica lo mismo a Friedman. L’esprit créateur dans l’art et dans la scien­ce. Interview de Joan Miró. “Impact: Science et société” v. XIX, nº 4 (octubre-diciembre 1969): 384.
[7] De Wolf, Eddi. Infinity and the Universe. *<In-finitum>. Venecia. Palazzo Fortuny (6 junio-15 noviembre 2009): 41-56. Trata el tema de la concepción filosófica del infinito y de su representación artística, con tres obras de Miró, así como otros artistas.
[8] Cirici. Corpus cósmico de Joan Mi­ró, inven­tario. “Ba­tik”, 41 (IV-1978) 14-15.
[9] Rowell. Joan Miró: Campo-Stella. 1993: 15-17.
[10] Rowell. Joan Miró: Campo-Stella. 1993: 15.
[11] Cirici. Miró mirall. 1977: 112.
[12] Rowell. Joan Miró: Campo-Stella. 1993: 31.
[13] Dupin. Miró. 1993: 435-436.
[14] Penrose. <Miró>. Londres. The Tate Gallery (1964): 24.
[15] Krauss; Rowell. <Joan Miró: Magnetic Fields>. Nueva York. Guggenheim Museum (1972-1973): 96.
[16] Rowell. Magnetic Fields: the poetics. <Joan Miró: Magnetic Fields>. Nueva York. Guggenheim Museum (1972-1973): 60-61.
[17] Picazo, Glòria. Mallarmé i la utopia del llibre. “L’Avenç”, 279 (IV-2003): 72-74; cit. 73. La autora extiende el influjo mallarmiano entre otros a Tàpies y Brossa.
[18] Rose. Miró in America. <Mi­ró in America>. Houston. Museum of Fine Arts (1982): 16.
[19] Weelen. Joan Miró. 1984: 13-14.
[20] Raillard. Miró. 1989: 80.
[21] Raillard. Miró. 1989: 82. cit. Dupin. Miró. 1993: 435.
[22] Prat. <Joan Miró. Rétrospective de l’oeuvre peint>. Vence. Saint-Paul-de-Vence. Fondation Maeght (1990): 56. Un análisis mucho más breve (y con citas de Rowell, Raillard y Dupin) en Prat. <Miró>. Martigny. Fondation Gian­adda (1997): 38.
[23] Lanchner. <Joan Miró>. Nueva York. MoMA (1993): 38-39. [Beaumelle. <Joan Miró. La colección del CGP>. México. CCAC (1998): 115].
[24] Malet; Montaner. CD-rom. Joan Miró. 1998.
[25] Schneider, Pierre. <Joan Miró. La colección del CGP>. México. CCAC (12 febrero-24 mayo 1998): 104.
[26] Rico, Pablo J. Pintar palabras…*<Pintar palabras>. Nueva York. Instituto Cervantes (2003): 32-33.
[27] Beaumelle. Le défi des X, en exergue. <Joan Miró 1917-1934: la naissance du monde>. París. MNAM (2004): 26.
[28] Beaumelle. Miró. 2013: 38.
[29] Fanés, Fèlix. Pintura, collage, cultura de masas. Joan Miró, 1919-1934. 2007: cit. 86-87. El comentario de esta pintura en relación con la fotografía surrealista en 86-89 para un análisis de los elementos, 92-93 para comentar que las realidades distantes crean una realidad nueva, y 96-97 para una interpretación novedosa de los conceptos de foto (collage), color (tendencia política o artística) y sueño (ilusión), al tiempo que alerta contra su propia interpretación: el sujeto, el artista, es secundario frente al poder de la imagen y lo colectivo.
[30] Fanés. Pintura, collage, cultura de masas. Joan Miró, 1919-1934. 2007: 87.
[31] Minguet Batllori. Joan Miró. 2009: 47.