Mis Blogs.

Mis Blogs son: Actual (Actualidad y Aficiones), Heródoto (Ciencias Sociales, Geografía e Historia), Plini (Ciències Socials, Geografia, Història i Història de l’Art), Lingua (Idiomas), Oikos (Economía y Empresa), Paideia (Educación y Pedagogía), Sophia (Filosofía y Pensamiento), Sport (Deportes), Thales (Ciencia y Tecnología), Theos (Religión y Teología), Tour (Viajes), Altamira (Historia del Arte y Arquitectura), Diagonal (Cómic), Estilo (Diseño y Moda), Pantalla (Cine, Televisión y Videojuegos), Photo (Fotografia), Letras (Literatura), Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura), Odeón (Ballet y Música).

lunes, noviembre 03, 2014

Joan Miró y la revista francesa “Minotaure” (1932-1939).

Joan Miró y la revista “Minotaure” (1932-1939).

La revista “Minotaure” (13 números entre diciembre de 1932 y mayo de 1939), fue editada en París por Skira y dirigida por E. Tériade. Participaron casi todos los intelectuales y artistas del grupo surrealista y lo mejor de las vanguardias de entreguerras: Aragon, Arp, Bataille, Brauner, Breton, Buñuel, Dalí, Óscar Domínguez, Duchamp, Ernst, Miró, Man Ray, Magritte, Masson, Matta, Onslow-Ford, Picasso, Tanguy, Ubac...
Miró colaboró con varias ilustraciones, en los nº 3-4 (XII-1933) en p. 10; nº 5 (V-1934) en p. 42; nº 7 (VI-1935) en cubierta de colores; nº 8 especial para el surrealismo (15-VI-1936) en p. 15; y nº 10 (invierno 1937) en pp. 31 y 58.
La revista “Minotaure” tuvo una tirada de 1.500 a 3.000 ejemplares. La tenía como objetivo oponerse a todas las revistas existentes y ser portavoz del surrealismo. Apareció el 1 de diciembre de 1932, con una cubierta de Picasso, y prosiguió el 1 de junio de 1933; estos dos números especiales a menudo de datan juntos en 1933. Había de salir cinco veces al año, 15-II, 15-IV, 15-VI, 15-X y 15-XII, más tres números especiales Su director era Albert Skira (1904-1973) y su director artístico era E. Tériade.
La financió al principio la madre de Éluard, Mme. Jeanne Cousin (Grindel tras su matrimonio), una mujer muy adinerada, hasta que se hartó de subvencionar las cuantiosas pérdidas, y por ello el segundo año pasó a tener sólo 4 números, uno por estación. La información en las primeras páginas sobre la datación es confusa (el nº 6, que consta como de invierno del 1935, se imprimió el 5 de diciembre de 1934), pero se puede reconstruir la datación con una atenta observación de las fechas de impresión, que constan al final de cada índice de colaboraciones.


El nº 1 (1-VI-1933). Cubierta de Picasso. Era el de inauguración, abrumaba por la importancia de sus firmas: André Breton (sobre Picasso), Pierre Reverdy, Paul Eluard, Maurice Raynal, E. Tériade, René Crevel, Marcel Jean, Max Raphael, Maurice Heine, Salvador Dalí (su famosa interpretación paronico-crítica del Angelus de Millet, 65-67), Jacques Lacan (psiquiatría), Michel Leiris (Danses funeraires Dogon); extraordinarios carnets de dibujos de Picasso, André Masson y Henri Matisse; una partitura de Kurt Weill; fotografías de Brassaï.


El nº 2 (1-VI-1933). Cubierta de Gaston Louis Roux. Era un especial dedicado a la misión expedicionaria etnográfica y lingüística Dakar-Djibouti, y reproducía una impresionante serie de ilustraciones sobre arte africano y utensilios cotidianos. La similitud de muchas de estas obras con las del imaginario mironiano es evidente, sobre todo en las abstracciones de la figura humana. Por esas mismas fechas se preparaba la apertura del Musée d’Ethonographie en el Palais du Trocadñero de París.


El nº doble 3-4 (12-XII-1933) —se atrasó su aparición, prevista para octubre—. Cubierta de Derain. Tenía un elenco de primeras firmas: Man Ray, André Breton, Paul Eluard. Tristan Tzara, Benjamin Péret, Maurice Raynal, André Derain, E. Tériade, Paul-Chardon, Maurice Heine, Salvador Dalí (sobre la belleza terrible y comestible de la arquitectura modernista, Edouard Claparède, Jacques Lacan... Miró colaboró con una serie de nueve dibujos, Lègende du Minotaure (p. 14), junto a otras colaboraciones de Matisse, Bores, Beaudin... Había reportajes fotográficos de los talleres de Brancusi, Despiau, Giacometti, Laurens, Lipchitz, Maillol. Miró no participó en la amplia encuesta que se hizo sobre cuál era el encuentro más importante de su vida y si este fue fortuito o necesario. Destaca un artículo de Tériade, E. Emancipation de la peinture. “Minotaure” 3-4 (15-XII-1934). En el texto Tériade incluye una famosa y fundamental declaración de Miró sobre la fuente de de su inspiración pictórica y su voluntad de provocar un golpe en el espectador: ‹‹Il mest difficile de parler de ma peinture, car elle est toujours née dans una état dhallucination, provoqué par un choc quelconque, objectif ou subjectif, et duquel je suis entièrement irresponsable. / Quant à mes moyens dexpression, je mefforce datteindre de plus en plus le maximum de clarté, de puissance et dagressivité plastique, cest à dire de provoquer dabord une sensation physique, pour arriver ensuite à lâme.›› [Tériade, E. Emancipation de la peinture. “Minotaure” 3-4 (15-XII-1934): 18.]


El nº 5 (12-V-1934). Cubierta de Francisco Bores. Repetía un excelente elenco de firmas: Heine, Jean Lévy (King-Kong, p. 5, el texto en el que el surrealismo se apodera de este film), Max Ernst, Breton, Eluard, Crevel, Salí, Roger Caillois, Man Ray, Georges Hugnet, Chirico... y sobre todo de Tériade, Aspects actuels de l’expression plastique (33-44), con reprod. de Braque, Lipchitz... y un collage de Miró h. 1934 (p. 44).


El nº 6 (5-XII-1934). Cubierta de Duchamp. Tenía una colaboración especial de Duchamp en la cubierta. Su contenido era fundamentalmente literario (Valéry, Saint-Exupéry, Mallarmé) más la colaboración de las primera plumas surrealistas, como Breton o Éluard.


El nº 7 (10-VI-1934). Cubierta de Miró Textos de Tériade, Caillois, Michaux, Eluard, Raynal, Breton, Herbert Read, Dalí... 


El nº 8 (15-VI-1936) se atrasó dos años. Cubierta de Dalí. Destaca el breve artículo de E. Tériade, La peinture surréaliste (texto p. 5), con una serie de reproducciones, entre las que está La familia (1924, p. 15) de Miró. Gérard Brey opina que Dalí previó la inminencia de la hecatombe en su Minotauro de este número, que ‹‹tiene unas afiladas uñas y una cara de lobo hambriento y amenazante, y está rodeado de cuatro champiñones blancos que prefiguran los de Hiroshima y Nagasaki›› [Redacción. Gérard Brey. “La Voz de Galicia” (2-VI-1988).]


El nº 9 (15-X-1936). Cubierta de Matisse. Tenía textos de Tériade (Constance du fauvisme, pp. 0-7, sobre el método pictórico de Matisse en 1935-1936), Breton, Dalí, Prévert, Raynal, Lionello Venturi... Reprod. de Picasso. Había un artículo de gran interés para Miró, de Jacques Prévert. Terres cuites de Béotie (40-44), en el que había imágenes primitivas de pájaros y otros animales que concuerdan con el imaginario mironiano.


El nº 10 (invierno, 15-XII-1937). Cubierta de Magritte. Rextos de Breton, Duchamp, Eluard, Kafka, Mabille, Péret, Man Ray... Reprod. de obras de Miró (Bodegó del zapato viejo, 1937, p. 31; Le corps de ma brune, 1925, p. 58), Arp, Bellmer...

El nº 11 (15-V-1938). Cubierta de Ernst. Textos de Mabille, Hugnet, Matta, Eluard... Reprod. de obras de Arp, Ernst, Tanguy...


Diego Rivera.


André Masson.

El nº 12 -13 (12-V-1939). Cubiertas de Diego Rivera y André Masson. Fue el último, pues la guerra interrumpió definitivamente la edición de la revista. En el prólogo ya se prevé: ‹‹Le printemps de 1939, tout chargé quil est de menaces (...)››. Textos de Breton (sobre todo el admirable Souvenir de Mexique, 30-52, con fotos de Álvarez Bravo). Kurt Seligmann, Mabille, Jean Giono... Llama la atención que Breton margine a Miró en su artículo Des tendances les plus récentes de la peinture surréaliste (16-17), en el que presenta la obra de los nuevos surrealistas (Domínguez, Paalen, Esteban Frances, Matta, Gordon Onslow Ford, Brauner) influida especialmente por Tanguy y un poco por Dalí (ya había comenzado Breton a apartarse de este); a Miró ni lo cita. La redacción realizó una nota, Le nationalisme dans l’art (70-71) en el que se plantea el tema del compromiso del arte en la guerra civil, con una alusión a que Gordon Onslow Ford sueña con Miró (70).

ENLACES.
Joan Miró y las revistas francesas.*

Fuentes.
Internet.
[http://monsieurcocosse.blogspot.com.es/2014/06/albert-skira-teriade-minotaure-1933-1939.html] Muestra las reproducciones de las cubiertas y fichas resumidas de las revistas. 

Exposiciones.
*<Minotaure>. París. MNAM (abril 1988).

Libros.
Minotaure. Reed. de Rizzoli, 3 vols. Ginebra. 1981. Consulta en FJM.

Artículos.
Perucho, Joan. “Minotaure” o la actualización del surrealismo. “Destino” (21-VII-1961) 34. FPJM H-3222 y 3322b.

La revista “Mirador” (1929-1937) y Joan Miró.

La revista “Mirador” (1929-1937) y Joan Miró.


“Mirador” (1929-1937) fue un semanario publicado en catalán que ejerció un importante papel dinamizador de la cultura catalana durante los años 30. Entre sus colaboradores destacaron Sebastià Gasch, Carles Sentís, Sempronio (Andreu Avel·lí Artís), Martí de Riquer, J. V. Foix, el crítico teatral José María de Sagarra, el fotógrafo Pere Català i Pic… Dedicó a Miró varias decenas de artículos.
Fuentes.

Singla, Carles. Revista “Mirador” (1929-1937). Institut d’Estudis Catalans. Barcelona. 2005. 328 pp. A partir de su tesis doctoral.

Miró. “Nord-Sud” (1917).

Miró. “Nord-Sud” (1917).


“Nord-Sud” (1917) es un óleo sobre tela (62 x 70) [CRP 30], en general considerado la obra maestra indiscutible entre los bodegones iniciales de Joan Miró.
Armoniza de un modo maduro sus influencias predominantes: Cézanne, el cubismo y el fauvismo, que se equilibran entre sí, el primero aportando la estructura y el colorido de la manzana, el segundo aportando el control del espacio y el volumen, y el tercero la fuerza del color y el incipiente gusto por la abstracción.

La mesa, pintada al modo del matrimonio Delaunay, soporta unos objetos de notable trasfondo ideológico:
Una cerámica decorada con arabescos similares a los minoicos (la influencia del arte minoico sobre los vanguardistas estaba entonces en su cenit tras la publicación de muchos de los hallazgos de Evans en Creta) y que ya Matisse había traspuesto a muchos de sus cuadros.
Un humilde monedero de franjas de colores vivos, los de las banderas de Alemania y Francia, metidas en plena Gran Guerra. Lo habían realizado unos presos. Al parecer, Miró, durante su servicio militar a finales de 1916 hizo muchas guardias en la cárcel Modelo, donde compró un monedero de ganchillo que realizaban y vendían los presos, e incluirlo parece una muestra de simpatía hacia ellos, pues como un preso había de verse a sí mismo.[1]
La jaula del jilguero que aparece falsamente abierta sería una referencia a que Miró está a punto de acabar (o ha terminado) el servicio militar cuando pinta el cuadro.
El jilguero (como su pariente el gorrión, tan común en los campos de Mont-roig) es un pájaro pequeño y débil, muy asustadizo, pero que encuentra finalmente el valor para explorar el mundo. La autorreferencia es fácil de entender.
Un libro del escritor alemán Goethe. Probablemente utilizó las Nouvelles conversations de Goethe de Johann Peter Eckermann, que editó Léon Blum en la parisina Revue Blanche en 1901, que ensalzó en El joven Werther al héroe juvenil que afronta su destino y fue además autor de una interesante teoría de los colores, lo que se relaciona con otros elementos del cuadro.
Las tijeras son una metonimia de la agresividad vanguardista contra los límites visuales del cuadro, pues no es baladí que su punta toque el borde y la analogía formal de las asas circulares con unas lentes, amén de que rimen en una secuencia abierta alrededor del cuadro los elementos circulares como estas asas, los agujeros de comida de la jaula, las dos flores en la parte superior y los semicírculos bajo el botijo.
El rótulo con el título de la revista de Pierre Reverdy “Nord-Sud” es el elemento más especial, pues incorpora la nueva experiencia de escritura. Situado sobre el mantel multicolor al estilo orfista de los Delaunay, es una prueba de compromiso vanguardista —dos frases de Reverdy en esta revista iluminan la estética de la pintura mironiana de estos años: “el arte de hoy es un arte de gran realidad” y la imagen es una “creación pura del espíritu”.[2] El rótulo es también una manifestación de su sueño de establecerse en París: el metro Nord- Sud de París une los dos lados de la ciudad, atravesando el Sena, entre el Montmartre impresionista y el Montparnasse vanguardista, en un viaje figurado a través de la modernidad.

La historiografía de “Nord-Sud” (1917)..
Dupin (1961, 1993) destaca que el pintor alcanza en esta pintura un maduro equilibrio entre el colorido fauvista y la composición cubista:
‹‹En Nord‑Sud Miró consigue lo que quería: obtener el equilibrio entre la expresión por el color y la autonomía de los objetos en la unidad plástica de la composición. El empuje lírico del color es sometido a un ritmo circular que lo aligera considerablemente. Tenemos la sensación de estar ante un espacio más abierto, más ventilado, donde los objetos respiran libremente y afirman sus peculiaridades, sus colores propios. El pintor nos restituye el libro amarillo, la revista blanca, la jarra, con los tones de la decoración y la materia misma de la cerámica. (...) Nord‑Sud, que era para Reverdy la línea de metro que enlazaba Montmartre con Montparnasse, los dos polos de la vida artística y literaria de París, se convierte para Miró en el eje Barcelona‑París, un hecho y un programa.››[3]
Y en otro punto resume los elementos de la pintura y comenta que en ella Miró introduce la importante novedad del uso de la escritura —apunto que su primera experiencia de escritura en el cuadro fue Casas de Vallcarca (1916) [CRP 26]—:
‹‹En 1917 con Nord-Sud (Norte‑Sur), Miró integra en un cuadro por primera vez palabras escritas, mostrando con ello la calidad eminentemente plástica de las mismas. Sin duda no se trata todavía, por aquellos días, más que de un bodegón en el que sólo figuran un libro, el nombre de Goethe y el de la nueva y estrepitosa revista de Reverdy, junto a una maceta con flores, y una jaula de jilguero. Se trata, pues, de varios objetos familiares sobre una mesa, pero aquí tenemos ya una doble cita, celebrando las “afinidades electivas”, y arrojando, entre el ver y el leer, el poeta consagrado y el emblema de la revolu­ción poética: el guante saludable de la vanguardia.››[4]
Penrose (1964) comenta que comienza a introducir letras en sus pinturas para hacer alusiones extra-pictoricas y añade ‹‹Miró here arrives at an equilibrium between brilliant colour and isolated objects. The fauve influence had encouraged him to develop his natural talent as a colourist and his vigorous sense of rhythm allowed him to hind the composition together as a unity.››[5]
Malet (1983) opina que el influjo del cubismo es máximo en esta obra, una de las primeras realmente logradas de Miró: ‹‹En Nord‑Sud Miró consigue el equilibrio entre el color y los objetos. Los colores de los manteles pare­cen dispuestos de acuerdo con un ritmo circular que agiliza la composición, y cada uno de los objetos conserva su identidad, a la vez que se integra en un conjunto lleno de armonía.››[6] Es el equilibrio y la armonía de su primer estilo maduro.
Raillard (1989) señala las relaciones entre los elementos y se fija en la significación de Reverdy para Miró:
‹‹Los objetos están pintados en su peculiaridad. Al mismo tiempo, enlaces binarios o triádicos unen entre sí los elementos de la tela. Pero tal vez es el título de la revista, aislado en un plano central, el que mejor sugiere el modo de leer el cuadro: nexos de unión entre polos opuestos. Realidades conocidas, pero extrañas las unas a las otras hasta ahora, articulan una narración en devenir. Reverdy lo anunciaba en “Nord-Sud”: “¡Oh bocas! el hombre va en busca de un / nuevo lenguaje / Ante el que ningún gramático de ninguna lengua / tenga nada que decir.”››[7]
 Prat (1990, 1997) describe formalmente el cuadro:
‹‹Le titre du tableau est donné par la manchette d’un journal plié qui repose en son centre. Autour, une table ronde dont n’apparaît qu’un segment se découpe sur un fond balayé de verts. Le plateau de la table reçoit un traitement différent du fond, des bandes courbes et colorées ondoient à partir des objets, alternance de vert, jaune, rouge, orangés et violets, finement modulés, qui se combinent les uns aux autres sans la béquille d’un quelconque cerne, simplement espacés par une réserve de la toile permettant un passage plus fluide entre des contrastes aussi violents. Le cerne noir reste affecté aux objets, délimite la cage à l’oiseau, d’une géométrie parfaitement cubiste, le livre de Goethe (serait-ce le Traité des couleurs?) ou une paire de ciseaux. Mais cette ligne de démarcation ne parvient pas à arrêter la radiance de la couleur qui se livre à une débauche nouvelle dans l’argile du pot de fleurs, striée de jaune, de rouge et de vert, ou dans la pomme mouchetée d’orangé, de rouge et de jaune, sans oublier l’indispensable rehaut vert. Elle palpite et s’exhale hors du cerne, vert à gauche, bleu à droite, ce bleu que l’on retrouve à peine assombri, dessinant les méandres du pichet. Enfin, seul point de repos dans cette harmonie sauvage à peine tempérée para l’arabesque, le journal, Nord-sud, noir et blanc.››[8]
Bozal (1992) lo analiza en clave de manifiesto vanguardista y destaca la materialidad de los objetos:
‹‹(...) La primera, que recibe el título de una revista vanguardista cuya cabecera se representa en el óleo, es un bodegón a primera vista característico de lo que hacían los fauves en torno a 1908, incluso tiene un aire a Naturaleza muerta con vasijas y pipa (1906-07) de Georges Braque [reprod. p. 353]. Pero las diferencias son notables, sólo quisiera llamar la atención sobre una: frente a lo que era propio de fauves y neofauves, Miró destaca la materialidad de todos y cada uno de los objetos, un rasgo cezanniano que no se realiza mediante recursos cezannianos. Para precisar esta materialidad, ha acentuado la autonomía de cada uno de los objetos, el botijo, el tiesto, las tijeras, el libro, la jaula..., ha silueteado cada una de estas figuras y ha creado un espacio para cada una de ellas, evitando que se interfieran (sólo el libro de Goethe —no creo que la referencia sea casual, Miró afirmaba en aquellos momentos la necesidad del clasicismo— corta parcialmente el límite de la jaula). Ha alcanzado ese resultado estableciendo una vista desde arriba que permite distribuir los objetos sobre la mesa sin solaparlos, ha creado espacio para cada uno de ellos distribuyéndolos sobre el plano al margen de las exigencias de la perspectiva, distancia entre unos y otros, y, como he dicho, los ha ilustrado concienzudamente. El mantel de la mesa, convertido en un sistema de rítmicos trazos cromáticos circulares, unifica los motivos y evita la dispersión. El origen de estos procedimientos es múltiple, para cada uno puede encontrarse uno, pero el uso conjunto empieza a ser propio de Miró.››[9]
Lubar (1994), por su parte, considera Nord-Sud un temprano ejemplo de la voluntad de ruptura de Miró, que fractura el espacio compositivo con fuerzas explosivas, centrífugas, colocando los diferentes objetos en nichos aislados, definidos por luminosas aureolas de color, consiguiendo un efecto de extrema disyunción sintáctica, al empujar muchos de los objetos hacia los extremos de la pintura. Lubar incluso considera que las tijeras son un símbolo de la ruptura del campo visual en el cuadro y anuncian el desarrollo de esta ruptura en los collages de 1928, que a su vez es otro ataque a una de las características de la pintura vanguardista, el campo óptico unificado:
‹‹The scissors in the foreground, a symbolic reference to the cuts and breaks in the visual field, in turn thematizes this spatial and optical discontinuity, announcing avant la lettre the paradigmatic role that collage, with its disjunctions, would play in Miró’s art. Art indeed, by 1928 would begin systematically using the technique of collage itself to challen­ge the modernist idea of a unified optical field.››[10]
Eileen Romano (2005) resume:
‹‹en esta obra vemos a Miró valerse una vez más de un género pictórico tradicional. Los objetos de esta naturaleza muerta están dispuestos de manera circular con arreglo a un concepto espacial que casi no tiene en cuenta la perspectiva. Hay referencias simbólicas al arte popular, al canto, al collage y a la literatura, como una premonición de los intentos eclécticos de un artista en busca de su propia identidad.››[11]


Matisse, Las cebollas rojas (1906-1907) (46 x 55). [https://kuadros.com/es-es/products]

Ambos artistas introducen en sus respectivas obras, cada uno a su modo, referentes artísticos e intelectuales: Matisse con su pequeña escultura, Desnudo apoyado sobre las manos, disimulada entre los tres jarrones, y Miró con el libro de Goethe y la revista de vanguardia francesa sobre la mesa, ‹‹una reflexión sobre el estatus de la obra artística. (…) Mediante la inserción de una escultura casi invisible o bien de unas publicaciones casi ilegibles, ambos artistas se presentan y escabullen simultáneamente dicho de otro modo, se conciben, con la mayor sutilidad, como productores de enigmas entre las cosas. (…) comparten, antes que nada, la imperiosa necesidad de situarse lo más cerca posible de las cosas que los rodean, en una relación de intimidad en que la interioridad del gesto creador se entrelaza con la realidad concreta del exterior.››­[13]

NOTAS.
[1] Declaración de Miró recogida en Permanyer, Lluís. Quiere ver la escultura del Escorxador. “La Vanguardia” (18-IX-1982).
[2] Robichaud, Paul. Pierre Reverdy (1889-1960), en Leroux, Jean François (ed.). Modern French Poets. v. 258 de Dictionary of Literary Biography. A Bruccoli Clark Layman Book. Detroit. 2002: 367 y 369-370, respectivamente en los artículos Sur le cubisme (15-III-1917) y L’Image (16-III-1918), éste el más influyente sobre Breton.
[3] Dupin. Miró. 1993: 56.
[4] Dupin. Miró. 1993: 433.
[5] Penrose. <Miró>. Londres. The Tate Gallery (1964): 18.
[6] Malet. Joan Miró. 1983: 8-9.
[7] Raillard. Miró. 1989: 48. cit. Dupin. Miró. 1993: 56.
[8] Prat. <Joan Miró. Rétrospective de l’oeuvre peint>. Vence. Saint-Paul-de-Vence. Fondation Maeght (1990): 20. / Casi igual en Prat. <Miró>. Martigny. Fondation Gianadda (1997): 24.
[9] Bozal. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1900-1939). 1992: 353-354.
[10] Lubar. Miró’s Defiance of Painting. “Art in America”, 9 (IX-1994): 88-89.
[11] Romano, Eileen (dir.); et al. Miró. 2005: 72.
[12] Labrusse. La fuerza de las cosas. *<MiróMatisse: Más allá de las imágenes>. Barcelona. FJM (2024-2025): 34.
[13] Labrusse. La fuerza de las cosas. *<MiróMatisse: Más allá de las imágenes>. Barcelona. FJM (2024-2025): 34.

sábado, noviembre 01, 2014

El grupo Pórtico (1947-1950) y Joan Miró.

El grupo Pórtico (1947-1950) y Joan Miró.
El grupo “Pórtico” (1947-1950) fue fundado en Zaragoza por José Alcrudo (propietario de la librería Pórtico), e integrado por Fermín Aguayo, Eloy G. Laguardia, Santiago Lagunas y otros dos artistas que en 1948 se desvincularon del grupo, José Baqué Ximénez y Alberto Pérez Piqueras.
En 1949 se rebautizaron como “escuela de Zaragoza”, por consejo de Jean Cassou. Les unía su interés por las vanguardias, y evolucionaron en 1949 desde la figuración a la abstracción, inspirados por Picasso, Klee y Miró, con notas ya individuales de cada uno de sus miembros tomadas de Kandinsky, Mondrian, Bazaine o los informalistas europeos de la posguerra. Participaron en varias exposiciones y organizaron una tertulia a la que asistieron muchos vanguardistas españoles.
Se disolvió en 1950 pero continuó exponiendo hasta 1952, cuando Aguayo marchó a París.
Fuentes.
Bozal. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1939-1990). 1992: 202-208.


El “Grupo R” (1951-1961) y Joan Miró.

El “Grupo R” (1951-1961) y Joan Miró.
El “Grupo R” (1951-1961) fue fundado en Barcelona, en el estudio de Coderch y Valls, por unos jóvenes arquitectos: Oriol Bohigas, José Antonio Coderch, Joaquim Gili, Josep Maria Martorell, Antoni Moragas, José Pratmasó, Josep Maria Sostres y Manuel Valls, que se proponen renovar y abrir la arquitectura catalana a la influencia internacional y recuperar la experiencia del GATCPAC de Sert.
Se habían reunido antes, primero para un gran concurso de viviendas sociales para Barcelona convocado por el Colegio en enero de 1949 (aunque en este no participa Bohigas) y habían organizado actos públicos, como las conferencias en el Ateneo de Barcelona de Zevi, Ponti y Sartoris (mayo 1949).
Miró, Prats, Gomis y otros miembros de la vanguardia catalana lo apoyaron desde sus inicios. Celebraron su primera exposición en las Galerías Layetanas (6-26 diciembre de 1952), a la que siguieron otras muestras en los años 50, mientras crecían y se decantaban las tensiones entre las dos corrientes internas, divididas respecto a la vanguardia y el compromiso.
Desde sus últimas dos muestras en 1958, celebradas en las Galerías Layetanas y en la Exposición de Arte Sacro de Zaragoza, en las que se incorporaron Pau Montguió y Francesc Vayreda, su actividad fue mínima, apenas algunos cursos y conferencias, hasta su disolución en 1961.
Fuentes.
*<Grupo R. Una revisión de la modernidad>. Barcelona. MACBA (1998). Exposición retrospectiva.
Antolín Paz, M. (dir.). Diccionario de pintores y escultores españoles del siglo XX. 1994: 1866.

Vergara. Diccionario de arte español. 1996: 312.

Joan Miró. El grupo de la rue Blomet (1922-1924).

Joan Miró. El grupo de la rue Blomet (1922-1924).



Pablo Gargallo y su esposa Magali, en el 45 de la rue Blomet, el mismo taller que alquiló después Miró.

El grupo de la rue Blomet (1922-1924) nació en París en el segundo semestre de 1922, aunque jamás tuvo una coherencia organizativa y fue mas bien una reunión de amigos poetas y artistas, a lo que unió su interés por la pintura y la poesía de vanguardia.
Su alma mater fue André Masson en su taller en la Rue Blomet y entre sus muchos miembros destaquemos a Miró (trabajaba en el número 45, y era vecino de Masson), Antonin Artaud, Georges Bataille, Robert Desnos, Jean Dubuffet, Fraenkel, Marcel Jouhandeau, Michel Leiris, Georges Limbour, Georges Malkine, Armand Salacrou, Roland Tual.
Se sumaron en 1923 Benjamin Péret y los miembros del grupo de la cercana rue du Château, formado por Marcel Duhamel, los hermanos Jacques y Pierre Prévert, Raymond Queneau e Yves Tanguy.
Visitantes, ocasionales o regulares, fueron Paul Éluard, Jacques Viot (que pronto será el nuevo marchante de Miró), Ernest Hemingway, Evan Shipman y Henry Miller. 
La mayoría de sus miembros se pasaron al grupo surrealista hacia 1925.


La escultura de Miró Pájaro lunar, cerca de su antiguo taller.

Joan Miró en el grupo de la rue Blomet en 1922-1924.
El grupo de la rue Blomet alcanza en el invierno de 1922-1923 su configuración casi completa, y cuando Miró vuelve en marzo de 1923 se encuentra a un elenco impresionante de jóvenes escritores y algunos artistas, que tienen en común una voluntad de transgresión vanguardista. Junto a su gran nucleador, André Mas­son, y a Miró, encontramos a Antonin Artaud, Georges Bataille, Robert Des­nos, Jean Dubuffet, Théodore Fraenkel, Marcel Jouhandeau, Michel Lei­ris, Geor­ges Lim­bour, Georges Malkine, Armand Sa­la­crou, Roland Tual, a los que se su­marán en este año de 1923 Ben­jamin Pé­ret y desde 1924 los miembros del gru­po de la cercana rue du Château, formado por Mar­cel Duha­mel, los hermanos Jac­ques y Pierre Pré­vert, Raymond Que­neau e Yves Tanguy —en los años siguientes, sobre todo en 1926, los tres amigos que vivían en el 54 de la rue Château[1], o sea Duhamel, Tanguy y Jacques Prévert realizarán experiencias de los dibujos automáticos conocidos como cadavres exquis, a los que invitan a Miró—.
Visitantes, unos ocasionales y otros regulares, eran el poeta Paul Éluard, el galerista Jacques Viot (que pronto será el nuevo marchante de Miró) y los escritores norteamericanos Ernest He­ming­way, Evan Ship­man y Henry Mi­ller. Apuntemos que Miró fue uno de los miembros menos frecuentes del grupo, pues tendía a aislarse para pintar, pero sin duda gozó de este fértil campo de cultivo para su formación intelectual y explica parte de los importantes cambios de su estilo en esta época, en la que tan fecunda fue la relación entre escritores y artistas en las tertulias, en Francia como en España.[2]
Las relaciones internas del grupo de la rue Blomet no fueron dis­ciplinadas, porque Masson jamás pre­tendió ser un jefe. En sus reuniones se fumaba opio y se tomaban otras drogas (entonces no estaba prohibido y muchos lo entendían como una experiencia cultural), se be­bía, se leían fragmentos de libros de viajes y de autores anticonvencionales, generalmente alemanes, rusos e ingleses. Dupin (1961, 1993) resume el ambiente en que se desenvolvía del grupo:
‹‹El número 45 de la rue Blomet era entonces un lugar efec­ti­vamente privilegiado, uno de esos efervescentes crisoles don­de se elaboraba el nuevo lenguaje, la nueva sensibilidad. Al taller de André Masson acudían diariamente Michel Leiris, Ar­mand Salacrou, Georges Limbour, Roland Tual, Robert Desnos y Antonin Artaud, los más finos estiletes, los espíritus más agi­tados, las plumas más aceradas. La mayor parte engrosarán las filas del surrealismo. A unos centenares de metros de allí, en la rue du Château, vivían Jacques Prévert, Marcel Duhamel e Yves Tanguy, y adonde iba también, casi todos los días, Raymond Queneau. Los dos “grupos” se veían constantemente y anudaban lazos de calurosa amistad. Miró no cesaría de cruzarse en su camino con Queneau y, sobre todo, con Prévert, tras haber ocu­pa­do con ellos el banquillo de los malos estudiantes de la es­cuela surrealista. Encuentros y clima hechos para darle con­fian­za a Miró, o para ayudarle a resolver su perplejidad y su drama. Está deslumbrado, se siente estimulado, nutre su espíri­tu... en cuanto al resto... "Era una época muy dura escribiría más tarde, los cristales estaban rotos, mi estufa, que me ha­bía costado 45 francos en el “marché aux Puces”, no funcionaba. El taller, sin embargo, estaba limpio. Yo mismo hacía la lim­pie­za. Como era muy pobre, sólo podía permitirme un almuerzo por semana...”››[3]
Dupin recopila varias declaraciones de quienes frecuentaron el grupo de la rue Blomet, que ‹‹guardan un recuerdo emo­cionado de aquel lugar donde todos conquistaron, tan tumul­tuosamente, lo que Michel Leiris ha llamado “La edad del hom­bre”.››[4]
Michel Leiris escribe: ‹‹El 45 de la rue Blomet no fue simplemente la encrucijada donde se encontraron algunos jóvenes intelectuales de talento, cada uno con su voca­ción particular, sino que además representó una especie de ho­gar donde reinaba —por encima de las diferencias individuales— un estado de espíritu, tanto más difícil de caracterizar, a de­cir verdad, cuanto que no implicaba adhesión a los artículos de fe que hubieran podido constituir, en cierto modo, nuestro pro­grama.››[5]
Georges Limbour también evoca con nostalgia la excelsa amistad que reinaba allí­: ‹‹(...) durante aquellos primeros años de la rue Blomet, en el seno del grupo (en realidad era todo lo contrario de un grupo), que trabajaba en su propio enriquecimiento, sin preocuparse del exterior o de propaganda, no hubo jamás ni ri­validades, ni intrigas, ni competencia, ni mentiras. Una gran fraternidad y confianza unía aquellos jóvenes (...).››[6]
Robert Desnos (1934) se explaya así sobre los primeros tiempos del grupo:
‹‹(...) no lejos del “Bal nègre”, un gran edificio en ruinas. Crece la hierba. Las enre­da­deras de la casa vecina salen por encima del muro. Detrás de la puerta cochera se alza un árbol robusto (...) Este patio era un fenómeno parisién, un cercado herboso con un lila, que debe florecer aun cada año, y una parra que el gerente, que se creía con gustos estéticos, mandó arrancar porque “aquello hacía su­cio” (...). Fue allí donde conocí a Miró. La masía fue el primer cuadro suyo que vi. Aclaraba todo su taller encalado. Había un muro totalmente disimulado por enormes telas muy depuradas donde resplandecía, la mayor parte de las veces, la roja barre­tina catalana. Jacques Viot estaba allí. Escuchaba a Shipman que hablaba con entusiasmo. Se hacía el guapo. El sol prestaba al pequeño patio herboso y miserable un encanto de soledad y de campo. Había, en un rincón del taller, una mesa cubierta de ju­guetes [siurells] de Baleares, gnomos, extraños animales de es­cayola iluminados con vivos colores. Aquellas pequeñas criatu­ras parecían salidas directamente de La masía, dándole al ta­ller aires festivos y mágicos. Yo intentaba en vano hurgar en un recuerdo del que sólo encontraba el fantasma, el saber, por decirlo así (...), un cuento infantil en el que unos champiño­nes animados desempeñaban los papeles principales (...). Fraen­kel, Leiris, Salacrou visitaban con frecuencia el recinto apri­sionado entre la fábrica y las casas. Muchas veladas nos reu­nie­ron allí en torno a unos tazones de vino caliente. Cantába­mos estrofas antiguas (...).››[7]
Miró también le contó a Dupin, en 1977, su feliz recuerdo de aquel ambiente decisivo en su evolución cultural y artística:
‹‹La rue Blomet es un lugar, un momento decisivo para mí. Allí descubrí cuanto soy, cuanto iba a ser. La rue Blomet era ante todo la amistad, el intercambio y el descu­brimiento exaltado a través de un grupo de amigos maravilloso. Los contertulios habituales de las reuniones en el taller de Masson eran, en primer lugar, Michel Leiris, que se convirtió en mi más querido amigo, y Roland Tual, Georges Limbour y Ar­mand Salacrou. Discutíamos, bebíamos muchísimo. Era la época de los aguardientes con agua y del curaçao. Llegaban en general en metro, el famoso Nord‑Sud, que servía de nexo de unión entre el Montmartre de los surrealistas y los retrógrados de la orilla izquierda del Sena.››[8]
Hay numerosos rastros de su relación con los intelectuales del grupo, incluso en menciones escritas en sus obras de arte. Krauss reflexiona sobre la relación entre Miró, Mi­chel Leiris y Georges Bataille, documentada en una pintura, Michel, Bataille et moi (1927), en la que, junto a estas palabras, Miró escri­­be Musique y Seine, mientras que los signos son cinco pa­seantes y un círculo rojo. Presumiblemente es una mención a los paseos que realizaban al atardecer, por las orillas del Sena, donde arrojaban monedas al río para conjurar la mala suerte o dibujaban círculos efímeros en el agua por el placer de contemplar los reflejos cambiantes en la superficie, además de los conciertos a los que asistían, pues los tres amigos eran grandes melómanos.[9]
Aunque Miró estuvo inmerso en ese mundo, no debemos exagerar su papel personal en los acontecimientos culturales de los primeros años 20. Era un actor menor, un desconocido más bien, en comparación con los otros miembros del grupo de la rue Blomet. Sil­ver estudia el desarrollo de la vanguar­dia parisi­na entre el estallido de la Gran Guerra en 1914 y la Ex­posición de las Artes Decorativas de 1925[10] y sólo menciona de Miró su colaboración (dos reproducciones) en el nº 4 de "La Révolution su­rréaliste" de julio de 1925. Antes, nada.
Debemos preguntarnos, finalmente, por qué la mayoría de los componentes del grupo de la rue Blomet aceptaron perder hacia 1925 la extraordinaria libertad crea­tiva de que gozaban en un grupo de organización tan laxa, para acep­tar la férrea dis­ciplina surrealista. Una respuesta plausible es que al grupo de la Rue Blomet le fal­taba la cohesión organizativa para sobrevivir e influir, parecía un grupo aislado condenado a ser desconocido, en contraste con los grupos fuertes y agresivos que con­seguían ocupar eficazmente un espacio social, de modo que la pertenencia de un ar­tista o un escri­tor a un grupo combativo era esencial para poder vender o publi­car. En suma, los inte­gran­tes del grupo de la rue Blo­met tenían dos opcio­nes para so­brevi­vir: au­to-organi­zarse o entrar en otro grupo. Para lo pri­mero les faltaba el líder (Masson no podía ni quería serlo) y la idea unificadora. Para lo segun­do esta­ban Breton y su idea del surrealismo, que constituían una do­ble y avasalla­dora atra­cción.

NOTAS.
[1] McGoldrick, Malcolm. Jacques Prévert (1900-1977), en Leroux, Jean François (ed.). Modern French Poets. v. 258 de Dictionary of Literary Biography. A Bruccoli Clark Layman Book. Detroit. 2002: 339, sobre la convivencia de los tres en el mismo domicilio, alquilado por Duhamel y al que acudían los pintores y poetas surrealistas, incluido Breton.
[2] Mainer, José-Carlos. En las tertulias. Extra Sorolla. "El País" Babelia 832 (3-XI-2007) vii.
[3] Dupin. Miró. 1993: 84. cit. de Serrano, M.D. Los 75 años de Joan Miró. "Gace­ta Ilustrada" 602 (21-IV-1968).
[4] Dupin. Miró. 1993: 85.
[5] Leiris. cit. Dupin. Miró. 1993: 85.
[6] Limbour. cit. Dupin. Miró. 1993: 85.
[7] Desnos, en AA.VV. Joan Miró. "Cahiers d’Art", v. 9, nº 1-4 (1934): 25-26 en francés. cit. Dupin. Miró. 1993: 85. Otra traducción del texto de Desnos: ‹‹El cuadro Le ferme fue la primera obra que yo ví. Resaltaba en su taller totalmente blan­co de cal. Una pared estaba totalmente disimulada por las in­mensas telas todavía desnudas... El sol daba a la pequeña habi­tación un aire de soledad y de campo. En un rincón del estudio había una pequeña mesa cubierta de "juguetes” [siurells] de Baleares, pe­queños gnomos, extraños animales de fango iluminados en vivos colores. Estas pequeñas criaturas parecían salidas de Le ferme. Ellas daban al estudio un aire de fiesta y de feria...›› [Trad. en "Ultima Hora" (26-XII-1983)].
[8] Miró. Souvenirs de la rue BlometDeclaraciones a Dupin (1977). cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews1986: 100. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 112. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones2002: 159-160. / Dupin. Miró. 1993: 85-86.
[9] Krauss. Michel, Bataille, et Moi, and I, 74-75, en AA.VV. Young at Art: Miró at 100. "Artforum", v. 32, nº 5 (I-1994).
[10] Silver. Esprit de corps. The art of the Pa­ri­sian avant-garde and the First World War, 1914-1925. 1989.

El grupo surrealista (1924-1969) y Joan Miró.

El grupo surrealista (1924-1969) y Joan Miró.



El grupo surrealista (1924-1969) fue un movimiento de vanguardia que defendía teorías progresistas en lo político y los principios del automatismo y el inconsciente en lo estético. Desempeñó una gran actividad internacional, con relaciones con multitud de pequeños grupos vanguardistas extendidos por casi todas los grandes núcleos con actividad cultural.
Fundado en París en 1924, bajo la férrea dirección de Breton, secundado en los primeros años principalmente por Louis Aragon, sufrió numerosas crisis internas, recurrentes abandonos y expulsiones, y desapareció después de la muerte de Breton en 1966, aunque se reunió posteriormente en varias ocasiones.
Se dio a conocer con el primer Manifiesto del surrealismo, redactado el 15 de octubre de 1924 por Breton y que firmaron sus primeros 20 miembros: los escritores Aragon, Baron, Boiffard, Breton, Crevel, Delteil, Desnos, Éluard, Gérard, Limbour, Morise, Naville, Noll, Péret, Picon, Soupault y Vitrac; y los pintores Malkine y Masson. Se incorporaron poco después los escritores Antonin Artaud, Carrive, Marcel Duhamel, Michel Leiris, Jean Paulhan, Jacques Prévert, Raymond Queneau y otros.
La mayoría de los artistas llegaron más tarde: Miró se incorporó en 1925, al mismo tiempo o incluso poco antes que Max Ernst, Man Ray, Picabia, Arp, Roy, De Chirico, Tanguy, Magritte, Dalí, Buñuel, Matta, Lam, Óscar Domínguez... mientras que la colaboración de Picasso, aunque muy celebrada, fue marginal.
Tomando como precedente la revista “Littérature” (1922), lanzarán la revista “La Révolution Surréaliste” (1924-1929), revista “La Révolution Surréaliste” (1924-1929) a la que seguirá la más agresiva “Le Surréalisme au service de la révolution” (1930-1933), e incluso una oficina oficial y una galería. La primera exposición colectiva de pintura surrealista fue en París, en 1925, y estuvieron Picasso, Man Ray, Arp, Klee, Masson, Ernst, Miró, Roy y De Chirico. La segunda fue en 1926 y la tercera en 1928. Se sucedieron después con intervalos: 1933 (París), 1935 (Copenhague y Tenerife), 1936 (Londres), 1938 (París y Amsterdam), 1940 (México) y 1942 (Nueva York).
Miró fue expulsado junto a Max Ernst ya en 1926, cuando la famosa protesta de 1926 contra la colaboración de ambos con los ballets rusos en Romeo y Julieta, fue readmitido a finales de ese año, pero salió definitivamente en 1929, junto a otros miembros, al negarse a acatar la disciplina política del grupo.
Fuentes.
Clébert, Jean Paul. Dictionnaire du Surréalisme. 1996: 550-554, un resumen de su evolución como movimiento.

El Grupo "Tago" (1958-1963) y Joan Miró.

El Grupo "Tago" (1958-1963) y Joan Miró.

El grupo “Tago” (1958-1963) se formó en el Círculo de Bellas Artes de Palma de Mallorca por unos pintores, escultores y escritores de intereses vanguardistas, en dos tandas.
Los primeros miembros, reunidos en la tertulia del bar Moka, fueron los pintores Francesc Verd Duran "Fraver” y Antonio de Vélez, y el escultor Miquel Morell. 
Posteriormente, a lo largo de 1959 y 1960 se añadieron los pintores Miquel Brunet, Francisco Carreño, Juan Antonio Ferrero, Joan Gibert, Caty Juan, Miquel Rivera Bagur, Joan Garcés, Teresa Heydel Niedszielska, Andreu Llodrà Quetglas, Pere Quetglas “Xam” (que tuvo un papel destacado) y Merche Sofía Pinto; los escultores Antoni Font y Joan Palanqués Ramis; y los escritores Manuel Picó y Rafel Jaume.
Rafel Jaume fue quien acuñó su lema: “entusiasmo por el arte de hoy, y deseo de subsistir". Sus diversos estilos comprendían abstracción, neorrealismo, figuración y expresionismo realista.


Sus actividades se desarrollaron entre 1959 y 1963, alcanzando su culmen en 1961. A finales de 1959 celebraron su primera exposición en el Estudi General Lul·lià de Palma, y en junio de 1960 y mayo de 1961 expusieron en el Círculo de Bellas Artes, la última vez con una lectura de poemas de Josep M. Palau i Camps, Miquel Àngel Riera, Jaume Vidal Alcover, Llorenç Moyà y Josep M. Llompart.
También organizaron conferencias de Alexandre Cirici, Miquel Àngel Colomar, Gerardo Pérez y Àngel Marsà, así como exposiciones menores, en Santanyí y Felanitx (1960), la galería Minórica de Palma, y en la Península, en Castellón (1959) y Marbella (1962). Entre sus homenajes destaca uno a Kandinsky, celebrado en Formentor en 1960, aprovechando la estancia de su viuda.
Intentaron promover un homenaje a Miró en 1961. Julia Barroso Villar anota que ‹‹En 1961 organizaron un homenaje a Joan Miró, con actividades diversas.››, mientras que Cristina Ros puntualiza que ‹‹Un dels homenatges que organitzà el Grup Tago anava dirigit a Joan Miró. L’artista català el rebutjà, en saber que s’havia demanat suport oficial.›› Al parecer el gobernador civil se opuso pasivamente al homenaje, pues no pensaba prohibirlo de manera expresa.
En 1963 apenas hubo actividad y en 1964 el grupo había fenecido totalmente.

Fuentes.
Internet.
Manera Erbina, Carlos; González Gozalo, Elvira. Breves notas sobre el grupo “Tago”. “Socials” 44-47. Formato PDF. [www.raco.cat/index.php/Maina/article/download/104614/148469]

Exposiciones.
*<Grupo Tago>. Palma de Mallorca. Círculo de Bellas Artes (mayo 1961). Cat. Editorial Atlante.