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lunes, septiembre 18, 2017

La influencia de los nabís en Joan Miró.

La influencia de los nabís en Joan Miró.

Los nabís (Nabis en francés, que significa “profetas” en hebreo) formaron un heterogéneo grupo reunido en la “Revue Blanche”, dirigida por Tadhée Natanson (cuyo hermano Alexandre es un importante mecenas y cuya colección fue vendida en 1929), en la que colaboran los escritores Alfred Jarry y André Gide. Los unía su admiración por la obra de Gauguin y de los simbolistas[1] y sostienen la tesis de los “equivalentes”, que establece el fundamento para la revolución del arte moderno. De hecho, ya la aplicaban en sus últimas pinturas varios artistas anteriores del impresionismo y posimpresionismo como Monet y Cézanne, Seurat, Gauguin y Van Gogh, pero les faltaba un desarrollo teórico. 
Su principal teórico, Maurice Denis (1870-1943), afirma (1890): “Recordar que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda, o cualquier otra anécdota, es esencialmente una superficie plana cubierta de colores reunidos en un cierto orden”. Para Denis, la obra de arte ya no debe ser la reproducción ilusoria de una realidad exterior y objetiva, sino la transposición de algo subjetivo: “el equivalente apasionado de una sensación experimentada” por el artista.
Denis resume en dos las características del grupo: exageración del color y simplificación del dibujo. Pretenden una espiritualización del arte para darle un alcance universal y reverencian el arte primitivo, por su sencillez, y el arte japonés, del que toman el gusto por el arabesco y los colores planos (aunque evolucionarán hacia una mayor expresividad) que pierden su lógica realista y pasan a traducir estados emotivos, todas ellas influencias afines al fauvismo. Anisabelle Berès apunta la diversidad de sus fuentes: ‹‹Ils s’inspirent de plusieurs sources. Le Chat noir et le théâtre d’ombres d’Henri Rivière, le japonisme et le cloisonnisme››.[2] Escogen temas cotidianos, intimistas y sencillos, que tratan con humor: las vistas parisinas de Bonnard, los milagros cristianos de Denis, los bodegones de Roussel, los interiores burgueses de Vuillard...

Entre los artistas nabis destaca al principio Paul Sérusier (1864-1927), que sigue en Pont-Aven las directrices de Gauguin, y transmite su influjo a Maurice Denis (1870-1943), y ya con menos preocupaciones idealistas, más empíricos, a Pierre Bonnard (1867-1947), Édouard Vuillard (1868-1940), y el suizo Félix Vallotton (1865-1925), más Bernard, Mailllol, Paul Ranson (1861-1909), uno de los más influidos por el simbolismo, más otros artistas considerados menores como Henri Evenoepoel, Henry-Gabriel Ibels, George Lemmen, Ethel Mars, Marc Mouclier, Josef Rippl-Ronaï, Ker-Xavier Roussel, Jan Verdake…
En una primera etapa (1891-1895) se dan a conocer en dos exposiciones en la galería del marchante Le Barc de Boutteville y, después se consagran en la galería de Ambroise Vollard y ya cerca de 1900 con el marchante Paul Durand-Ruel y en la Galerie Bernheim-Jeune. Los fauves son los principales herederos de los nabis, sin los cuales no se puede entender su pujante colorido y su ruptura con el impresionismo. Casi todos ellos, en fin, se inclinan finalmente a partir de 1900 por un realismo minucioso con fuerte colorido y composición anticonvencional, que el espectador emparenta fácilmente con el estilo detallista de Miró de los años 1918-1922.
Para acabar estos apuntes, Greene (2017) resume la estrecha relación entre el grupo de los artistas nabís y la cultura de la estampa: 
‹‹A raíz de la exposición de estampas japonesas celebrada en la Escuela de Bellas Artes en 1890, tanto la litografía como el grabado en madera experimentaron un nuevo auge en Francia. Entre los responsables de este relanzamiento se contaban los nabís, además del artista Henri de Toulouse-Lautrec. Los nabís ("profetas", en hebreo) constituían una hermandad no demasiado cohesionada cuyo arte estaba influido por los motivos y las superficies planas de color que definían el Sintetismo de Paul Gauguin y por la estampa japonesa, con sus composiciones bidimensionales y sus abruptos encuadres. Renunciaron a la pintura de caballete, y su producción se extendió a distintos medios: el grabado, los carteles y la ilustración de revistas como “La Revue blanche”, uno de cuyos propietarios, Thadée Natanson, fue su mecenas. Al ser una forma de arte "popular", que no se atenía a las reglas académicas que dominaban la pintura, la estampa ofrecía una libertad artística muy atractiva para muchos creadores.
Durante la década de 1890 los artistas experimentaron con las posibilidades que ofrecían los fuertes contrastes del grabado sobre madera, como ilustra el ingenioso empleo del blanco y negro que Félix Vallotton hizo en sus mordaces grabados sobre la sociedad parisina. A otros nabís, como Pierre Bonnard y Édouard Vuillard, les cautivó la litografía en color, cuyos límites pusieron a prueba de muchas maneras, incluso mediante la introducción de manipulaciones en el proceso de impresión, trabajando en estrecha colaboración con el maestro estampador Auguste Clot. Por encargo de marchantes —de los que el galerista Ambroise Vollard fue quizá el más importante—, estos autores crearon carteles y álbumes de estampas que representaban la vida contemporánea de París en escenas muy sintéticas, pero incisivas. Toulouse-Lautrec se consagró particularmente al arte del cartel, un género que permitía realizar creaciones de gran tamaño, brillantes, que atrapaban la atención del viandante. Estos anuncios efímeros pegados por las calles de París retrataban los lugares más representativos de la bohemia, como los cafés-concierto de Montmartre, y a sus afamados actores —entre ellos, La Goulue (la glotona) y Jane Avril—, y seducían a los transeúntes (potenciales consumidores) con su aire caricaturesco. Las estampas de esta sala celebran la vívida existencia del París finisecular.››[3]

La influencia en Miró.
Podemos encontrar algunas de estas notas —probablemente más de Bernard, pero también de Denis, Bonnard, Maillol, Sérusier, Vallotton y Vuillard— en la obra mironiana de la segunda mitad de los años 10, como la técnica del puntillismo, el volumen y el énfasis en el color respecto a la forma, aunque es probable que sean en buena parte un influjo indirecto y que Miró tomara algunas aportaciones nabís a través de su estudio de Matisse.
Miró explicará en 1937 su admiración por los maestros Bonnard y Maillol, que siempre mantienen una alta tensión creativa: ‹‹Combien j’admire, à l’opposé de ces gens qui comencent à trente ans la honteuse dégringolade, un Bonnard, un Maillol. Ceux-ci continueront leur effort jusqu’au dernier souffle. Chaque année de leur vieillesse marque une nouvelle naissance. Les grands se développent et s’accroissent à mesure que leur vie avance. (...)››[4]

Paul Sérusier (1864-1927) tiene con Miró una notable afinidad en sus fondos monocromos sin perspectiva que sugieren vacío, así como el colorido plano y antinaturalista del rostro de la Niña bretona sentada (1895) [Óleo sobre tela (92 x 54). Col. MNAM, París.] con respecto al mironiano Retrato de niña (1919) o en sus paisajes de colores planos como El talismán (1888)[5][4].

Félix Vallotton (1865-1925) destaca por el japonismo y la composición desequilibrada como en La cena, efecto de lámpara (1899; col. MNAM, París), que confluyen con estas mismas características de los bodegones de Miró a finales de los años 10.



Bonnard. Autorretrato (c. 1898).

Pierre Bonnard (1867-1947), era junto a Maillol el que Miró más admiraba del grupo por su empeño creativo.[6]


Bonnard. Mujer adormecida en una cama (1899).

Además, Miró y Bonnard comparten notables afinidades, como el japonismo, el decorativismo de su fuerte cromatismo y la composición atrevida y libre, como vemos en pinturas muy coloristas como El peinador (h. 1892) [Óleo sobre tela (154 x 54). Col. MNAM, París.] o el sorprendente encuadre oblicuo de las dos versiones de la más austera Mujer adormecida en una cama (1899) [Óleo sobre tela (96 x 105). Hay dos versiones, una en col. MNAM y otra en col. Musée d’Orsay, París.]
Bonnard y Miró coincidieron como vecinos (como Arp, Ernst y Magritte) cuando el catalán instaló su domicilio en la rue Tourlaque en enero de 1927.[7]

Émile Bernard (1868-1945) parece una influencia tanto teórica, pues Miró leerá su correspondencia con Van Gogh, Gauguin y Cézanne, como práctica dado que admiraría sus bodegones cezannianos, tan próximos a los suyos de los años 10, como Jarro de grés y manzanas (1887).[8]

Édouard Vuillard (1868-1940) experimenta con el puntillismo y una perspectiva no tradicional en la representación del espacio, ahora sin equilibrio ni simetría, probablemente por influencia japonesa, en pinturas como Madre y hermana del artista (c. 1893) y el monumental tríptico Los jardines de París (1894).[9] 
Será un referente para Miró y muchos vanguardistas. Vuillard cultiva un estilo antitradicional, con una composición espacial y un colorido libres de ataduras convencionales, pero siempre pleno de simbolismos escondidos, como en L’Aiguillé (1893)[10], con su título que se refiere al hilo que se pasa por el agujero de la aguja, y la disposición inusual de los personajes: el masculino cortado, situado casi fuera del espacio central, presidido por tres mujeres definidas sólo por manchas vaporosas de colores fríos —en contraste con el luminoso blanco de la pared del fondo—, sumidas en silencio en sus labores, pero una, la única vestida de negro (color de la ropa para salir a la calle), disipa el vaho de la ventana (¿para divisar a alguien?), probablemente ansiosa por cambiar su vida cotidiana por la alegría de un encuentro amoroso. Esta economía de medios para describir sin sentimentalismo la vida interior de una casa dominada por las mujeres y los sueños de éstas, es una fértil enseñanza para los admiradores de Vuillard, y se evoca en la creciente austeridad de Miró en los años 20.

Aristide Maillol (1861-1944) y Miró se conocen en los años 20. Les atrae su común procedencia catalana y su interés por la naturaleza mediterránea expresada en su esencia, el arte popular y primitivo, pleno de sencillez e ingenuidad, aunque Miró rechaza el clasicista “retorno al orden” del francés, que se centra en la geometría y la interioridad de sus personajes: la figura humana ha de mostrar ideas y sentimientos. Miró le admiraba dentro del grupo por su pasión creativa, como también a Bonnard.[11]

NOTAS.
[1]  Dorival. La escuela de París en el Museo de Arte Moderno. 1962: 84-109, para la mayor parte de las pinturas citadas.
[2] Anisabelle Berès. *<Les Peintres-Graveurs 1890-1900>. París. Galerie Berès (noviembre-14 diciembre 2002). Más de 300 obras. Cat. 250 pp. 180 ilus. cit.”Beaux Arts”, 223 (XII-2002) 108.
[3] Greene. *<París, fin de siglo. Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos>. Bilbao. Museo Guggenheim (2017).
[4] Entrevista a Miró, por Duthuit, G. Où allez-vous Miró? “Cahiers d’art”, nº 8-10 (1937) 261-266. cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 150. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 160-161. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 214; Rowell también apunta el respeto que expresaba por Bonnard en la introducción, en pp. 12 (ed. inglesa), 20 (francesa) y 31 (española).
[5] Sérusier. El talismán (1888) o Paisaje en el ‘Bosque del amor’ en Pont-Aven. Pintura sobre cubierta de una caja de cigarros (1888). Reprod. Chassé. The Nabis & their period. 1969 (1960): fig, 5, p. 19. Trata a Sérusier en 43-54. / Whitford. Understanding Abstract Art. 1987. 73. Explica la historia del soporte en 72, fruto de una lección de pintura que le dio Gauguin.
[6] Entrevista a Miró, por Duthuit, G. Où allez-vous Miró? “Cahiers d’art”, nº 8-10 (1937) 261-266. cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 150. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 160-161. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 214; Rowell también apunta el respeto que expresaba por Bonnard en la introducción, en pp. 12 (ed. inglesa), 20 (francesa) y 31 (española).
[7] Miró, J. Je rêve d’un grand atelier. “XX Siècle”, v. 1, nº 2 (V-1938) 25-28 más 7 ilus. cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 162. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 172. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 228.
[8] Bernard. Jarro de grés y manzanas (1887). Óleo sobre tela (45 x 55). Col. MNAM, París. / Chassé. The Nabis & their period. 1969 (1960): trata a Bernard en 77-81.
[9] Vuillard. Madre y hermana del artista (c. 1893). Óleo sobre tela (46,3 x 56,5). Col. MoMA, Nueva York. Vuillard. Los jardines de París (1894). Tríptico de óleos sobre tela (2,13 x 0,73, 2,13 x 1,63 y 2,13 x 0,81). Col. MNAM, París.
[10] Vuillard. L’Aiguillé (1893). Pintura al óleo (42 x 33,5). Col. Yale University Art Gallery, New Haven. Reprod. “Beaux Arts”, nº 232 (IX-2003): comentario de Itzhak Goldberg en 44, reprod. en 45.
[11] Entrevista a Miró, por Duthuit, G. Où allez-vous Miró? “Cahiers d’art”, nº 8-10 (1937) 261-266. cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 150. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 160-161. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 214; Rowell también apunta el respeto que expresaba por Bonnard en la introducción, en pp. 12 (ed. inglesa), 20 (francesa) y 31 (española).

FUENTES.
Internet.
[https://es.wikipedia.org/wiki/Nabis_(artistas)] Escribe "nabis" sin tilde, como en francés.

Enlaces.
El artista francés Pierre Bonnard (1867-1947) y su relación con Joan Miró.*
El artista francés Maurice Denis (1870-1943).*
Documentales / Vídeos.


Les Nabis. Musée d’Orsay (2021). 6:20. [https://www.youtube.com/watch?v=-YRcGmnpEvk]


Exposiciones.
*<Simbolismo en Europa. Néstor en las Hespérides>. Las Palmas. CAAM (1990). René Le Bihan. Los nabis y la Escuela de Pont-Aven: 77-86.
*<Nabis> París. Grand Palais (25 septiembre 1993-3 enero 1994). Martí, Octavi. París exhibe una antológica dedicada a los ‘nabis’. “El País” (13-X-2993), [https://elpais.com/diario/1993/10/13/cultura/750466809_850215.html]

*<Els Nabís: de Bonnard a Vuillard>. Barcelona. Fundació Catalunya La Pedrera (6 marzo-28 junio 2026). Más de 200 obras (pinturas, dibujos, grabados, esculturas, piezas decorativas) de artistas (Pierre Bonnard, Maurice Denis, Aristide Maillol, Paul Sérusier, Jan Verkade, Édouard Vuillard…) entre 1888 y 1900 de col. Musée d’Orsay y particulares. Comisaria: Isabell Cahn. Catálogo. 280 pp. Dos ediciones bilingües: castellano/inglés y catalán/inglés. Reseña de Toribio Gómez, Carlos. Quan la pintura deixa de ser finestra amb els Nabís. “Bonart” 203 (marzo-agosto 2026) 14-17.


Libros.

Chassé, Charles. The Nabis & their period. Frederick A. Praeger Pub. Nueva York. 1969 (1960 francés). 136 pp.
Flèches-Thory, Claire; Terrasse, Antoine. Les Nabis. Flammarion. París. 1990. 319 pp. La monografía de referencia.
Gibson, Michael-Francis. Les symbolistes. NRF. 1984. 185 pp. 319 ilus. Nabis: 38-43.

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