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jueves, octubre 13, 2011

Nueva exposición antológica de Miró en Barcelona.


Miró, después de un lapso de 19 años, vuelve a tener una gran exposición en Barcelona, que se prolongará desde el 13 de octubre de 2011 hasta el 25 de marzo de 2012. Las grandes exposiciones que revisan a un artista se clasifican generalmente como retrospectivas y antológicas. Las retrospectivas nos ofrecen una amplia mirada cronológica, con la finalidad de conocer la evolución del artista. Las antológicas, en cambio, se centran en uno o más aspectos cruciales de su obra, como ocurre en este caso.
La cuestión cardinal de la antológica barcelonesa es el compromiso de Miró y trata fundamentalmente dos aspectos: su catalanismo basado en unas raíces conservadoras y católicas, y su progresismo asentado en un vanguardismo artístico y politico de difícil separación.
Cuando Joan Miró falleció en 1993 con 90 años de edad era famoso y admirado internacionalmente, tras largos decenios de sufrir incontables dificultades, que forjaron su carácter en el yunque la adversidad, hasta alcanzar en la madurez ese punto de pesimismo y melancolía que John Milton (“Melancolía, divino tesoro”) asociaba a la más excelsa creatividad, un rasgo que compartía con muchos de sus amigos artistas. Superó la oposición de sus padres, el rechazo de los compradores catalanes, el inicial ninguneo de los círculos intelectuales tanto barceloneses como parisinos, sucesivas crisis económicas y políticas, y emergió como un artista esencial en la fértil fusión de pintura y poesía que nos ha dado muchas de las mejores obras del siglo XX.
Al fin llegaron los reconocimientos y premios, pero el Miró íntimo siguió siendo aquel joven catalán que amaba Barcelona, Mont-roig y Mallorca, el trípode desde el que e propulsaba hacia París, hacia el mundo. Cambió, sin duda, pero su esencia campesina se mantuvo inquebrantable. Era un artista rico y respetado, presente en los mejores museos, pero siguió amando los solitarios paseos en la playa y las formas y las texturas de los más humildes objetos del campo tarraconense. Y también fue fiel a su compromiso cívico, como hizo con la República española en su Aidez l’Espagne de 1937, cuando ello no era baladí, y afrontó el exilio interior en la España franquista, apoyando las causas más nobles, como cuando acudió al encierro de Montserrat en 1970 o cuando pintó el tríptico La esperanza del condenado a muerte (1974), cuya sencillez formal y riqueza poética enlazan con su protesta contra la pena de muerte. Por entonces dijo: “quiero ser recordado por haber trabajado por la libertad del espíritu de los hombres”. Llegó por fin el triunfo de sus ideas, la victoria de la democracia, que devolvió un gran nivel de autogobierno a Cataluña.
Miró nos ha legado algunas de las imágenes más emblemáticas del arte contemporáneo. Gombrich decía que un artista es una persona llena de imágenes, sean tomadas del exterior o creadas en su mente. Curiosamente las de Miró no surgen de grandes temas históricos o sociales, sino de los motivos más sencillos, los tomados de su entorno más cotidiano, los más cercanos a la gente de la calle. En sus paseos buscaba objetos que le inspiraban pinturas o esculturas. Decía su amigo Joan Prats: “cuando yo cojo una piedra, es una piedra; cuando Miró coge una piedra, es un Miró”. Todo podía tener valor y ser transformado: un rasguño en el papel, una concha en la playa, un palo en el bosque, un fruto en el jardín… Ya al inicio sus cuadros estaban llenos de árboles y animales, captados con la mirada pura del joven artista que aprendía esforzadamente su oficio, con paciencia artesana y sin grandes planteamientos intelectuales, hasta el punto de que durante toda su vida no supo a ciencia cierta en qué consistían exactamente sus propias innovaciones, como muchos artistas que se niegan a ser clasificados. Unas veces decía que era surrealista y al poco lo rechazaba con un punto de indignación, a menudo se ufanaba de ser realista y se burlaba de la abstracción para de inmediato pintar algunas de las obras más abstractas de la vanguardia de los años 30.
Cuando triunfó muy pronto se dijo que era gracias al colorido decorativo y la alegría de sus temas, casi siempre estrellas, lunas, soles, planetas, notas musicales, mujeres y pájaros, y extrañas criaturas que resurgen desde el Bestiario de todos los tiempos y exploran los arcanos de los mitos herméticos. Un arte de sensaciones transformadas por una fantasía que aspira a la pureza. Así se explica que su obra aparezca a menudo en las calles y en los hogares, en calendarios y postales, pues satisface una honda necesidad de reconocer y salvar nuestro mundo interior. A menudo se le considera todavía un pintor cercano a lo infantil, y sin duda en muchas obras aparenta ser un niño que señala algo que le sorprende y nos invoca para que lo miremos con él. Y es que, más que espectadores, busca cómplices de su particular visión del mundo, en la que funde lo real y lo soñado, en perpetuo deseo el uno del otro, un matrimonio que se consuma con la mancha roja o amarilla del sol, la negra de la luna, la azul de la estrella y el colorido ajedrezado del cuerpo.
¿Es pues un pintor onírico? Es cierto que muchas de sus mejores obras surgen de los sueños, pero no lo parece en las incontables ocasiones en que medita largamente el origen del cuadro y luego cada gesto y cada elemento. Si no es un pintor onírico, ¿entonces será un pintor automático, de los que cierran los ojos y dejan que la mano vague libremente, o que siguen la estela de una rozadura en la madera? Ciertamente una brizna de hierba le bastaba para rememorar su amada masía en el campo de Mont-roig y un minúsculo accidente le llevaba a imaginar una serie de pinturas. Pero tampoco esto cuadra con que prefiere pintar en su taller, nunca a plein air, pues necesita pintar recluido y apartado de la realidad, para rehacerla, para transformarla al conjuro de recónditos pensamientos. Así pues, en La masía (1921-1922) no mimetiza la realidad sino que pinta un inventario imaginario del mundo rural de su juventud, el que se escapaba en la gran tormenta histórica desencadenada por la Gran Guerra de 1914. No es pues ni pintor onírico ni automático, ni realista ni abstracto, pero sin duda es un poco de todo ello. Otra vez se niega a una estricta clasificación. Es, digámoslo ya, el feliz resultado de la constante tensión entre extremos que fertiliza las obras de los mejores vanguardistas, desde Picasso a Duchamp.
Su yo más íntimo es el del rebelde transgresor que ya en los años 20 rompe la guitarra cubista, el del pintor pesimista que en los últimos años de su vida, amargado por la muerte de sus amigos y asqueado de un mundo cruel e injusto, pinta series de pinturas que representan la metamorfosis de la materia, convertida en espíritu que huye al mundo celeste. Es una lucha que acomete Miró a sabiendas de que necesariamente fracasará en el empeño y que por ello será incomprendido, pero él prefiere una derrota sublime antes que la victoria placentera que hubiera disfrutado repitiendo su arte más popular y vendible.
El Miró final, cuando ya es tal vez el último gran vanguardista vivo del periodo de entreguerras, no pinta ya para preguntarse por el sentido de las cosas, a lo que ha renunciado, sino para celebrarlas como presencias fantasmagóricas, apelando a la imaginación de cada espectador para crear infinitas variaciones de un universo inabarcable, tal vez siempre incomprensible. Esa es la razón permanente por la que sus cuadros gustan tanto a un particular grupo de espectadores, los que recrean y transforman continuamente el mundo, y, en cambio, también explica porque son rechazados por tantos enemigos de lo fantástico. Se entiende que sus admiradores más entusiastas sean frecuentemente poetas, desde Breton hasta Ashbery, y que sus contrarios a menudo sean esos adultos que han olvidado el mirar y sentir ingenuo e infantil, asustados porque Miró interroga el secreto de sus sueños.


<Joan Miró: The Ladder of Escape>. Londres. Tate Modern (14 abril-11 septiembre 2011). <Joan Miró: La escalera de la evasión>. Barcelona. FJM (13 octubre 2011-25 marzo 2012). Washington. National Gallery (6 mayo-12 agosto 2012). 134 obras en una retrospectiva sobre el compromiso político de Miró: La masía (1921-1922), Paisaje catalán (El cazador) (1923-1924), Cabeza de campesino catalán (1924-1925), Hombre y mujer delante de un montón de excrementos (1935), Figuras delante una metamorfosis (1936), Bodegón del zapato viejo (1937), Cabeza de hombre (1937), Mujer desnuda subiendo una escalera (1937), serie Constelaciones (1940-1941), serie Barcelona (1939-1944), serie de tres Azul (1961), Sin título (1972), serie Telas quemadas (1973), tríptico La esperanza del condenado a muerte (1974), tríptico Fuegos artificiales (1974)… Comisarios Marko Daniel y Mathew Gale, con la colaboración de Kerryn Greenberg y Teresa Montaner. Cat. Textos de Malet, Rosa María; Serota, Nicholas. Foreword (6.9). Daniel, Marko; Gale, Matthew. Acknowledgements (10-13). Daniel, Marko; Gale, Matthew. Introduction: Free and Violent Things (16-29). Lubar, Robert S. Miró’s Commitement (30-43). Daniel, Marko; Gale, Matthew. An International Catalan: 1918-25 (44-59). Green, Christopher. Miró’s Catalan Peasants (60-71). Daniel, Marko; Gale, Matthew. The Tipping Point: 1934-9 (72-97). Montaner, Teresa. A Profound and Poetic Reality (98-117). Gale, Matthew. From the Constellations to the Barcelona Series (122-143). Minguet Batllori, Joan M. Forms of Cmmitment or Commitment without Form: The Other Miró (Las formas del compromiso o el compromiso sin formas. El otro Miró) (144-153). Greenberg, Kerryn. Project for a Monument: Miró’s Sculpture (154-167). Lax, María Luisa. The Civic Responsibility of the Artist (168-175). Jeffett, William. From Miró Otro to the Burnt Canvases (180-191). Daniel, Marko. Joan Miró: The Triptychs (192-211). Chronology (212-229). Further Reading (230). List of exhibited works (231-233). 239 pp. Folleto divulgativo de Candela, Iris. Joan Miró: The Ladder of Escape. Tate Publishing. Londres. 2011. 77 pp.
Se celebró un seminario: Art and Politics: Joan Miró Study Day. Tate Modern (25-VI-2011). Participantes: Frederic Amat, Eva Bosch, Jon Bird, William Jeffett, Robert Lubar, Gill Perry, Nigel Warburton, Matthew Gale y Marko Daniel, en colaboración con The Open University y el apoyo del Institut Ramon Llull.


Fuentes en orden cronológico.
Redacción. El Joan Miró más político, en la Tate Modern en 2011. “Ciutat.es” (19-XI-2010).
Redacción (EFE). La vertiente política de Joan Miró centrará una muestra en la Tate de Londres en 2011. “Diario de Mallorca” (21-XI-2010) 68.
Boix Pons, Antonio. El Miró comprometido, en la Tate Modern (2011). Sección ‘Exposiciones’. “Octopus” RDCS, nº 1 (I-2011) 51-53.
Vallés, María Elena. El Miró más político en la Tate Modern. “Diario de Mallorca” (4-I-2011) 53.
Adams, Tim. Joan Miró: A life in paintings. “The Guardian”, Londres (20-III-2011).
Redacción. Joan Miró. The Ladder of Escape. “The Observer”, Londres (20-III-2011).
Jiménez, N. El Miró más libre. “Última Hora” (23-III-2011) 60.
“F. M.” Miró: esperit de llibertat. “Balears” (23-III-2011) 38.
Marí, Francesca. La Tate obre les portes al Miró compromès. “Balears” (13-IV-2011) 36-37.
Marí, Francesca. La Tate Modern de Londes abre las puertas al compromiso social de Miró. “Última Hora” (13-IV-2011) 50-51.
Redacción. La Tate Modern inaugura mañana la gran exposición de Joan Miró. “Diario de Mallorca” (13-IV-2011) 53.
Tubella, Patricia. Pirotecnia colorista, rebelión sin fin. “El País” (13-IV-2011) 38.
Suárez, Eduardo. Miró, el patriota catalán y el artista, en la Tate Modern. “El Mundo” (12-IV-2011).
Redacción. Una experta española de la Tate de Londres escribe un opúsculo sobre Miró. “ABC” (14-IV-2011).
Llop, José Carlos. Mironiana. “El Cultural” (7-X-2011) 29.
Searle, Adrian. Miró, una fina línea. “El Cultural” (7-X-2011) 26-29.
De Diego, Estrella. Miró, poeta global. “El País” Semanal 1328 (9-X-2011) 68-76.
Llull, Maria. Miró torna a casa. “Diari de Balears” (15-X-2011) 39.
Díaz, M. Los príncipes de Asturias inauguran el sábado una gran exposición de Miró en Barcelona. “Última Hora” (15-X-2011) 62.

Antonio Boix Pons, en Palma de Mallorca (13-X-2011).

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