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jueves, noviembre 23, 2017

La influencia de la primera generación de artistas modernistas en Miró.

La influencia de la primera generación de artistas modernistas en Miró: Miquel Blay, Ramon Casas, Enric Clarasó, Joan y Josep Llimona, Santiago Rusiñol...

¿Qué artistas modernistas influyeron más a Miró? De entrada, acoto que en el seno del movimiento artístico modernista hay que distinguir dos corrientes y dos generaciones.
Las dos corrientes, separadas “oficialmente” desde 1891 (fecha de la escisión del Cercle Artístic de Barcelona) son una laica, el Cercle Artístic de Casas, Clarasó, Nonell y Rusiñol; y otra católica, el Cercle Artístic de Sant Lluc de los hermanos Llimona, en la que podemos incluir a Gaudí.
A su vez estas dos corrientes se subdividen en dos generaciones.
La primera, que aparece hacia 1890, destaca con los pintores Ramon Casas, Santiago Rusiñol y Joan Llimona, los escultores Enric Clarasó, Josep Llimona y Miquel Blay; y el arquitecto Antoni Gaudí.
La segunda, que surge hacia1900, la conforman Isidre Nonell y un grupo formado por los pintores Hermén Anglada, Joaquim Mir, Ricard Canals, Nicolás Raurich, Marià Pidelaserra; y los escultores Pablo Gargallo y Manolo Hugué.

ARTISTAS.

El artista español Miquel Blay (1866-1936) y su relación con Joan Miró.
Miquel Blay i Fábregas (Olot, 8-X-1866-Madrid, 1936). Escultor. Formado en Olot, estudió en París, donde trató a Rodin, y Roma, donde conoció la obra de Miguel Ángel. Fue profesor de escultura en la Escuela de Bellas Artes de Madrid y fue miembro del Cercle de Sant Lluc de Barcelona, donde Miró le pudo conocer cuando estudió en 1913-1916. 
Su obra es de estilo modernista, según Fontbona sólo durante una breve etapa, con una poderosa raíz simbolista y gran sobriedad formal, muy influida por el clasicismo.


Els primers freds (1892, en Roma) fue su primer éxito: la tristeza de la pobreza y el contraste de las edades, representados por una niña recostada sobre un anciano, desnudos y sentados sobre un banco, con un hipersentimentalismo que rechazarán los vanguardistas.


Dona i flors (1899 y 1904, MNAC) se expuso en la *<V Exposición Internacional de Bellas Artes>, Barcelona (1907), a la que seguramente asistió Miró; refleja la belleza ideal de los modernistas, que tomaron la mujer como motivo casi único, y este mismo rasgo lo veremos en Miró en sus retratos de modelos anónimas de los años 10.
Blay parece, en comparación con la de otros modernistas, una influencia menor sobre Miró, reducida a que comparte el ideario estético modernista, en especial la búsqueda de un imaginario catalán que sea elitista y a la vez tenga raíces populares.

Fuentes. Blay,
Internet.

Exposiciones.
<Miquel Blay. L’escultura del sentiment>. Girona. Museu Comarcal de la Garrotxa (21 septiembre-1 noviembre 2000), con 125 obras (81 esculturas y 44 dibujos). Es su primera antológica.
*<Barcelona and modernity. Picasso, Gaudí, Miró, Dalí>. Cleveland. Cleveland Museum of Art (2006-2007): 483.

Libros.
Bozal, Valeriano. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1900-1939)1992: 39-40.

El artista español Ramon Casas (1866-1932) y su influencia sobre Joan Miró.*

El artista español Enric Clarasó (1857-1941).

Resultado de imagen de Enric Clarasó escultura Eva (1904, MNAC),

Enric Clarasó i Daudí (Sant Feliú del Racó, Barcelona, 1857-Barcelona, 1941). Escultor, de estilo modernista simbolista, pertenecía al laico Cercle Artístic de Barcelona, donde era amigo de Casas y Rusiñol, con quien viaja a París en 1888. 
Por contra, Bozal le clasifica como miembro del Cercle de Sant Lluc.
Su obra muestra un realismo de tradición renacentista y los símbolos típicos del folclore de Cataluña, como en Forjador catalán del siglo XIV (1894, col. Cau Ferrat, Sitges) y Monumento a Jaime I (1927, Plaza de España, Palma de Mallorca) y los ideales simbolistas, como en Eva (1904, col. MNAC). Influirá en el imaginario catalán del joven Miró, destacando en ello su escultura Eva (1904, MNAC), para la que toma como referente al clasicismo de Miguel Ángel y el primer impresionismo de Rodin, con la informe base como símbolo del barro de la que nace, la concentración del cuerpo en sí mismo que teme abrirse a la vida, un tema que atraerá a Eugeni d’Ors y por ende a Miró.

Fuentes. Clarasó.
Internet.

Exposiciones.
*<Escultura Española 1900/1936>. Madrid. Palacio de Cristal - Palacio de Velázquez (23 mayo-22 julio 1985). Obras de Julio Antonio, Miguel Blay, Enric Clarasó, Alberto Sánchez… Cat. Textos de comisarios: Alix Trueba, Josefina;  Azcoaga, Enrique; et al. Ediciones El Viso. Madrid. 1985. 289 pp.
*<Escultura Catalana del Segle XIX. Del neoclassicisme al realisme>. Barcelona. Casa Llotja de Mar, Fundació Caixa de Catalunya (2-23 noviembre 1989). Obras de Enric Clarasó, Josep Llimona, Antoni Solà, Agapit Vallmitjana… Cat. Textos del comisario Alcolea i Gil, Santiago; et al. 246 pp.

Libros.
Bozal, V. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1900-1939)1995: 48.

El artista español Josep Llimona (1864-1934)
Joan Llimona (1860-1926) es un pintor simbolista y católico, del entorno íntimo del obispo Torras. Los hermanos Joan y Josep estuvieron muy unidos por su catolicismo y su vinculación con el Cercle de Sant Lluc.
Miró le conoció en el Cercle de Sant Lluc. Destaco primero su pintura Lectura (c. 1890, MNAC), en la cual una joven, vestida al parecer con un hábito de novicia y portando un rosario, lee un devocionario, sentada contra una ventana tapada con un visillo translúcido por la cual penetra una luz tenue y espiritual. 

Resultado de imagen de Lectura, Joan Llimona, Tornant del tros

La pintura Tornant del tros (1896, MNAC), de grandes dimensiones, nos presenta una familia (las tres edades del hombre) integrada por un anciano y dos jóvenes descendientes que le dan apoyo físico y espiritual, un hombre todavía joven a la derecha, tocado con una barretina y que porta los útiles de labrar, una muchacha apenas entrada en la adolescencia a la izquierda, sosteniendo al anciano. Detrás de ellos, el muro corta con su línea nítida el horizonte, dividiendo el cuadro y dirigiendo la mirada del espectador hacia el infinito. Es notable la similitud con ciertos detalles de la pintura Campesino catalán (1914) de Miró. El cuadro está impregnado del misticismo de la poesía modernista de Joan Maragall, que se reflejó en la pintura simbolista y en la obra de los hermanos Llimona y de Miquel Blay.

El artista español Josep Llimona (1864-1934)
Josep Llimona (1864-1934), tal vez el escultor catalán de mayor prestigio de su época, fue uno de los fundadores del Cercle de Sant Lluc e influyó en la formación de Miró, junto a su hermano Joan. Ambos hermanos, Joan y Josep, estuvieron muy unidos por su catolicismo y su vinculación con el Cercle de Sant Lluc.

Resultado de imagen de Josep Llimona, Desconsol

Desconsol (1903, expuesta en 1907, MNAC), es una obra paradigmática de la época. Es un mármol blanco de una mujer joven desnuda, sumida en la desesperación, tal vez quejándose del amor perdido o verosímilmente por el alejamiento del amado —como la heroína del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz—, pero con una belleza virginal que trasciende este dolor, dado que su esposa, Mercè Benet, había fallecido dos años antes, sumiendo al escultor en la desesperación. [Ferrier. El arte del siglo XX. I. 1900-1919. 1993: 55.]. Probablemente fue una respuesta simbolista a la Eva de Clarasó, con la que ha sido relacionada [Bozal. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1900-1939). 1995: 48-49.] por su tratamiento del arquetipo de la figura femenina, su composición aparentemente similar y su delicadeza formal, pero que están alejadas en un punto fundamental pues Llimona aspira a emparentarse con el clasicismo grecorromano (la pureza geométrica de la base como símbolo de la razón a la que agarrarse, la expresiva elongación clásica del cuerpo que confiesa su dolor) y el ejemplo reciente de Rodin.
Una obra posterior, Juventut (1913, MNAC), de similar estética pero un optimismo ya novecentista se relaciona con el mito de la belleza mediterránea, mediante una joven idealizada como la Teresa de la Ben Plantada (1911) de Ors, el ideal de belleza para Miró en aquella época; seguramente pudo contemplarla ese mismo año, cuando ya era socio en el Cercle.

Fuentes. Josep Llimona.
Exposiciones.
<Un paseo por la obra de Josep Llimona, 150 años>. Barcelona. Museo Europeo de Arte Moderno (2014-2015). Reseña de Montañés, J. Á. Los desnudos castos de Llimona. “El País” Cataluña (22-XII-2014) 5.
<Josep Llimona>. Barcelona. Museu Europeu d'Art Modern (MEAM) (29 septiembre-3 noviembre 2017). Antológica.

El artista modernista y escritor español Santiago Rusiñol (1861-1931) y su influencia sobre Joan Miró.*

sábado, noviembre 11, 2017

La influencia de los escritores modernistas en Miró.

La influencia de los escritores modernistas en Miró..

¿Qué escritores modernistas influyeron más en Miró? Hemos de ahondar en la obra de sus representantes más conocidos, porque con mucha probabilidad fueron las más usuales lecturas estéticas de Miró antes de 1910 y los poetas lo seguirán siendo en los años siguientes, incluso ya en su madurez.
Encontramos en el movimiento intelectual modernista al menos dos corrientes, la laica progresista de los periodistas, con Jaume Brossa a la cabeza, seguido por Gabriel Alomar, Pere Coromines y Raimon Casellas, y en la que se incluye al Rusiñol escritor, a quien veremos como artista; y la católica conservadora de la mayoría de los poetas, con Maragall como indiscutible líder, seguido por Guerau de Liost, Joan Alcover y Miquel Costa i Llobera. Mayor, como veremos, será la división en el movimiento artístico.

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Jaume Brossa (1875-1919) era el ideólogo más progresista. Critica la tradición del amedievalismo” de los poetas y artistas catalanes, necesario antes para recrear la patria, pero perjudicial ahora en el mundo moderno. Defiende la apertura a las innovaciones y a la racionalidad: ‹‹Un dels principal lemes de la nova generació literària i científica és no admetre cap límit en la concepció de l’obra artística i no acatar cap autoritat d’un mode incondicional (...) / A èpoques noves, formes d’art noves. (...) Si Catalunya vol seguir el camí que li correspon, deu agafar nous procediments en la creació de l’obra d’art, procediments que estiguin en consonància amb el medi que la volti, procurant influir sobre d’ell per millorar-lo.›› [Brossa, Jaume. Viure del passat (fragment). “ L’Avenç”, 2 etapa, año 4 (1892) 257-264. Reprod. en Marfany, Joan Lluís. Jaume Brossa, Regeneracionisme i Modernisme. Ed. 62. Barcelona. 1969. pp.13-24. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. L’Avenç”, 25 (III-1980): 38-39. cit. 38.] Esta idea de la apertura vanguardista será muy querida por el joven Miró, aunque también pudo tomarla directamente de sus lecturas de las revistas vanguardistas francesas.
Brossa reivindica la necesidad de la reforma gramatical, pedagógica, literaria, artística... a fin de preparar Cataluña para la futura revolución que se avecina. Brossa confía en el pueblo llano, el proletariado, no en la aristocracia ni en la burguesía, que han permitido que Cataluña se aislara y atrasara. Ese proletariado que a través de la revolución y de un autonomismo radical construirá la nación catalana. [Brossa, Jaume. Viure del passat (fragment). “ L’Avenç”, 2 etapa, año 4 (1892) 257-264. Reprod. en Marfany, Joan Lluís. Jaume Brossa, Regeneracionisme i Modernisme. Ed. 62. Barcelona. 1969. pp.13-24. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. L’Avenç”, 25 (III-1980): 38-39. cit. 39.]
En una conferencia, El nacionalisme en l’art i en la literatura, impartida en 1906 en el Ateneu de Barcelona, Brossa evidencia el confusionismo ideológico de esta generación modernista, desgarrada por sus contradicciones. Por un lado critica a Taine (ataca su teoría de las naciones productoras de arte) y por otro asume su determinismo geográfico (el entorno es lo que determina la individualidad, de modo que el pueblo catalán es distinto racialmente al castellano; la misma teoría que impregna a D’Ors y, como veremos, a Miró en su juventud), para concluir que:
‹‹essent la poesia i l’art l’eflorescència d’una individualitat, sols és representativa en quant aquesta pren elements psicològics dels homes que viuen entorn seu (...) I es que si, sota el punt de vista de l’activitat, ens diferenciem de la raça castellana, en el domini cerebral no ens allunyem tant com molts catalanistes creuen. Som pràctics i materialistes en la conquesta del pa de cada dia, però en l’expectació del món, si bé no participem de l’esperit i la sensibilitat del castellà, no tenim tampoc les qualitats de crítica i sensibilitat que floreixen en les races superiors d’Europa.›› [Brossa. El nacionalisme en l’art i en la literatura. 1906: 6- 7. cit. Marco, Joaquim. El Modernisme Literari i d’altres essaigs. 1989: 57.]

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El poeta y periodista mallorquín Gabriel Alomar i Villalonga (1873-1941) anticipa el futurismo. Cree que la historia es la lucha entre dos fuerzas, la naturaleza y el hombre. Alomar toma partido por el hombre, en su gesta épica de dominio del mundo natural, siendo los futuristas los que afrontan el futuro de lucha, en oposición a los conservadores que se niegan a luchar: ‹‹L’un nega l’actual, l’altre afirma i formula més o menus distintament lo futur. Sols els qui arriben al segon arriben a sentir clarament el pas de la vida. Són ells, són els futuristes.›› [Alomar, G. El futurisme (fragment). “L’Avenç” (1904). Reprod. en Alomar. El futurisme i altres assaigs. Ed. por Antoni-Lluc Ferrer. Ed. 62. Barcelona. 1970. pp. 19-56. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. “L’Avenç”, 25 (III-1980): 41-43. cit. 42.] El futurismo será una influencia destacable en Miró hacia 1917-1919, cuando el joven artista comparte con Alomar este afán de lucha contra una tradición anquilosada.

Pere Coromines (1870-1939) reivindica un nuevo modelo de intelectual o artista que se rebele contra lo establecido, y en sus textos se apoya sobre todo en el ejemplo del  dramaturgo noruego Henrik Ibsen (1828-1906), que se convirtió en el abanderado de las ideas revolucionarias de los jóvenes literatos de fines del siglo XIX, en especial de los modernistas y más allá aun; por ejemplo, una de sus obras teatrales, Un enemigo del pueblo, fue elegida en 1918 para dar nombre a una efímera revista dirigida por Salvat-Pappasseit.

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Henrik Ibsen.

Coromines, por su parte, predica los avances de la nueva literatura, del arte moderno, que son un puente de esperanza en el porvenir:
‹‹(...) els progressos tècnics de l’art modern, l’explicació filosòfica de la ratlla, l’ús del puntilleig, que tan bé ens presenta les imatges vaporoses, que s’està fent en la forma poètica, vindrem a comprendre la grandesa del moviment artístic contemporani, i podrem posar tota la fe dels nostres cors en l’avenir, i podrem posar tota la fe dels nostres cors en l’avenir de la societat humana, que no és decadent ni malaltissa, sinó prou sana i vigorosa per donar-nos sense treva ni repòs artistes genials, que no ens deixin sentir l’enyorança del temps passat. (...) / Endavant sempre, companys meus, pit i fora; que no tremoli la nostra veu quan cantarem el goig de la vida nova: quan vulguem fer art, fem-ho com “vui; posant les obres tal com sortiren del front de l’home que va crear-les, i deixant els arreglos i les covardies per als pobles endarrerits. Siguem la colla de la santa revolta, contra els que posen la seva miserable sobre les obres dels genis immortals.›› [Coromines, Pere. L’obra d’Enric Ibsen (fragment). “ La Renaixença” (19 a 21-IV-1896) Reprod. en Coromines, Pere. Diaris i records. v. I. Els anys de joventut i el procés de Montjuïc. Ed. por Max Cahner y Joan Coromines. Curial. Barcelona. 1974. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. L’Avenç”, 25 (III-1980): 41.]

Resultado de imagen de Raimon Casellas (1855-1910)

Raimon Casellas (1855-1910), escritor y crítico de arte modernista, fue quien mejor caló entre los artistas, sobre todo a partir de 1891, y Miró seguramente apreció en estos años su agresiva ironía contra el conservadurismo academicista. [Castellanos. Raimon Casellas i el Modernisme1983. v. I: 73-84, este tercer cap. se centra en su lucha contra la pintura histórica y académica. En las pp. 85-100 Castellanos resume sus teorías sobre una escuela catalana de pintura, con unas características permanentes. En 173-218 explica su relación con el Cercle de Sant Lluc, un tema de interés por su relación con Miró a partir de 1913, aunque esto fue después de la muerte de Casellas en 1910.]
Casellas afirmaba que una de las lecciones modernistas (de Casas y Rusiñol) era el realismo naturalista, en la que todo, lo más sencillo incluso, era materia de inspiración, escogiendo el modelo de acuerdo a la personalidad del artista y no por imposiciónes de los géneros tradicionales. Una pintura que se basa en la emoción que transmite al espectador más que en la perfección técnica: ‹‹Si es parteix del principi de que la naturalesa tota és digan i ben digna de ser reproduïda per l’art com forma bella, sense prèvies seleccions ni prejudicis de categoria, ja es pot ben dir que s’ha dat un gran pas per inquirir el concepte de pintura verista. (...) / Les modalitats que adoptarà l’artista seran sens dubte aquelles que més afinitat tinguin amb el seu temperament, aquelles que pugui tractar amb més intensitat de sentiment i tècnica, tenint en compte la pròpia individualitat.›› [Casellas, Raimon. Exposició de pintures. Rusiñol-Casas. “ L’Avenç”, 2 etapa, año 3 (1891) 334-343. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. L’Avenç”, 25 (III-1980): 39-40. cit. 40.]

Resultado de imagen de Joan Maragall (1860-1911)

Joan Maragall (1860-1911), poeta y periodista, destaca muy por encima del resto de la corriente católica conservadora. Es considerado el poeta por antonomasia de Cataluña en esta época. Tendrá tiempo en su no muy larga vida de ser un romántico tardío y un modernista admirado por los noucentistas, dando así como resultado un eclecticismo fundido a través de la suma de estos movimientos, con todas sus contradicciones, y que se desplegará más tarde en Miró —y muchos intelectuales y artistas catalanes del siglo XX—, en especial sobre su pensamiento catalanista y estético, como podremos observar en la relación entre su poema El mar caçador, la mitología catalana y, por ejemplo, la pintura Paisaje catalán (El cazador) de Miró, o en la similitud del pensamiento mironiano con los poemas de El comte Arnau o Joan Garí, en los que se enaltecen las esencias del alma nacional catalana: el amor por la tierra ancestral, el sentido de “raza” particular, la fidelidad a la patria a través del idioma.
El Maragall modernista plantea que el deber de la nueva generación de finales del siglo XIX es hacer y sobre todo deshacer en la realidad catalana —un ideal que Miró compartirá toda su vida—, con pasión:
‹‹La nueva generación sabe que ha de hacer algo y que, ante todo, ha de deshacer mucho. (...) mucho tenemos que decir y mucho podemos hacer (...) Ante la majestad de este nuevo mundo de ideas, cuyos polos parecen ser el socialismo y el anarquismo, hay más sinceridad y más promesas en las dudas e inquietudes de los jóvenes, que en las escépticas o estériles afirmaciones de los que todavía tienen en sus manos el fantasma del poder social››. [Maragall, Joan. La nueva generación (fragment). “ L’Avenç”, 2 etapa, año 4 (1892) 257-264. Reprod. en Joan Maragall. Obres completes. v. IV. Esta es mi fe. Sala Parés Llibreria. Barcelona. 1933. pp. 23-28. Reprod. en Castellanos. Dossier: Modernisme i Noucentisme. L’Avenç”, 25 (III-1980): 39.]
Igualmente importante es la influencia mitológica de Maragall, quien había escrito que ‹‹el alma de un pueblo es el alma universal que brota al través de un suelo.›› [Joan Maragall. cit. Marfany. Aspectes del Modernisme. 1975: 115.]
La relación romántica —heredada del poeta Jacint Verdaguer y del romanticismo alemán de Novalis, dos de las lecturas preferidas de Maragall y, cada uno en su momento, del mismo Miró— entre pueblo, espíritu y suelo es un leit-motiv de la literatura catalana modernista y noucentista, y la recoge Miró, quien siempre dirá: ‹‹Hay que pintar pisando la tierra, para que entre la fuerza por los pies.›› [Miró. cit. Dupin. Miró.1993: 20.] Maragall también establece una relación estrecha entre la tierra y el cielo de Cataluña. Junto a Guerau de Liost, Maragall será quien asiente el mito de la montaña de Montserrat y establecerá su relación simbólica con el templo de la Sagrada Familia de Gaudí [Lahuerta, Juan José. Temple i temps: Maragall i Gaudí“L’Avenç”, 130 (X-1989) 8-16.]. Como explica Marfany, el pensamiento maragalliano se define por un catalanismo ancestral, enraizado en la tierra:
‹‹Perquè aquest vitalismo “racial té unes determinants objectives en unes forces que brollen de la terra mateixa i que fan del català un home que, per essència, es mira el cel des de la terra i que només pot superar els límits d’aquest materialisme primari a través, justament de l’amor per la realitat més immediata i del seu enfrontament directe amb aquesta realitat; més, del seu arrelament en ella.›› [Marfany. Aspectes del Modernisme. 1975: 120.]
Otro punto importante es la propuesta de mediterranismo modernista presentada por Maragall, que antecede a la del noucentismo propuesta por Ors. Lubar (1993) —que sitúa implícitamente a Maragall dentro del noucentismo— explica que se basaba en una asociación de la mujer-tierra (paisaje) con la nación catalana, tomando como pretexto la pintura de Sunyer, Pastoral, expuesta en abril de 1911 en el Faianç Català de Barcelona:
‹‹Me pareció encontrarme en una encrucijada de nuestras montañas, de estos montículos tan características de nuestra tierra catalana, áspera y suave al mismo tiempo, simplemente enjuta, como nuestra alma (...). He aquí la mujer en la Pastoral de Sunyer: es la carne del paisaje: es el paisaje que, animándose, se ha hecho carne. Aquella mujer allí no es una arbitrariedad, es una fatalidad: es toda la historia de la creación: el esfuerzo creador que produjo las curvas de las montañas no puede detenerse hasta producir las curvas del cuerpo humano. La mujer y el paisaje son grados de una misma cosa (...).›› [Maragall. Impresión de la exposicion Sunyer. “Museum”, Barcelona (28-abril a 15 julio, 1911): 256, 259. cit. Lubar. El Mediterráneo de Miró: concepciones de una identidad cultural. <Joan Miró 1893‑1983>. Barcelona. FJM (1993): 27-28.]
Lubar (1993) considera que Maragall había reconocido en la pintura de Sunyer la misma ideología de los jóvenes noucentistas catalanes: una afirmación irracional, mítica, de la especificidad catalana. Maragall usará un lenguaje —en particular la oposición que establece entre “fatalidad” y “arbitrariedad”— acorde con ese irracionalismo poético. Será un catalanismo espontáneo, para el que la mujer de la Pastoral de Sunyer proponía una concepción mística del nacionalismo catalán como identidad intuitiva guiada por una necesidad interior colectiva. ‹‹En la interpretación de Maragall, Sunyer había construído una potente metáfora de fertilidad y abundancia en la que la mujer/paisaje era vista a la vez como pura fuerza creativa y como la fuente de la identidad nacional catalana, la mujer como personificación alegórica del paisaje catalán.›› [Lubar. El Mediterráneo de Miró: concepciones de una identidad cultural. <Joan Miró 1893‑1983>. Barcelona. FJM (1993): 28.]
Por mi parte, añado que el texto de Maragall bebe sobre todo en los intentos de legitimación de la nación catalana a partir de su especificidad geográfica y paisajística, que eran los argumentos favoritos de los geógrafos nacionalistas franceses del s. XIX, que sobre una base hegeliana, romántica y positivista, habían cimentado la nacionalidad sobre la determinación geográfica: el espacio determina el carácter y la individualidad de los pueblos. Barrés y Maurras retomarán estos argumentos en clave más política a principios del s. XX y su potente influjo será clave en la ideología del noucentismo catalán de la Lliga Regionlista.
Lubar añade que Miró y su círculo se sintieron atraídos por esta visión idílica propuesta por Sunyer y premiada por Maragall:
‹‹Que Miró y su círculo reconocieron las implicaciones nacionalistas de esta transformación alegórica se ve confirmado por la respuesta de Josep Francesc Ràfols al arte de Sunyer en 1915: “Sunyer ha llegado a obtener una interpretación profunda del espíritu de nuestra costa de poniente. Ha sacrificado las gracias del color... en el deseo de penetrar en el seno de nuestra tierra...” [J. F. Ràfols. Col.lecció Plandiura, “Themis, nº 11 (5 de diciembre de 1915) p. 3‑4.]. En esta lectura, Ràfols, buen amigo de Miró, reiteraba el punto de vista de Maragall respecto al paisaje mediterráneo, como madre fecunda que da a luz y nutre al pueblo catalán.›› [Lubar. El Mediterráneo de Miró: concepciones de una identidad cultural. <Joan Miró 1893‑1983>. Barcelona. FJM (1993): 28-29.]

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Jaume Bofill i Mates (1878-1933), conocido por su seudónimo literario “Guerau de Liost” es uno de los poetas modernistas más celebrados durante la juventud de Miró, quien escuchó con frecuencia su obra en la Academia Galí. Destaca su poemario La muntanya d’amatistes (1908, rev. 1930), una oda a la montaña del Montseny, mitificada como montaña sagrada, llena de símbolos y leyendas. Miró será atraído por la simbología de la montaña, como veremos en una obra muy ilustrativa, Mont-roig, la ermita, en la que la soledad del edificio recortado contra el cielo, en la cúspide del monte, nos arroja a la cara sin sugerencia alguna su carga simbólica cristiana.


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Miquel Costa i Llobera.

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Joan Alcover.

Miquel Costa i Llobera (1854-1922) y Joan Alcover (1854-1926) son dos eminentes poetas mallorquines. El primero es modernista más por cronología y relaciones que por un gusto íntimo, mientras que el segundo es más decidido en su interés por la modernidad, tal vez por su formación más amplia. No hay pruebas de que Miró los leyera en su juventud, aunque sí figurarán entre sus lecturas poéticas de madurez.

A Costa incluso le dedicará una colaboración especial en un homenaje, para la edición ilustrada en 1976 del poema El pi de Formentor; y, respecto a Alcover, Miró coincidirá siempre con la tesis de su tratado La humanització de l’art de que el arte ha de ser popular, mediante un esmerado trabajo técnico/artesanal y una búsqueda de la expresividad más fuerte.

sábado, octubre 21, 2017

El artista español Antonio Saura (1930-1998) y su relación con Joan Miró.

El artista español Antonio Saura (1930-1998) y su relación con Joan Miró.


Antonio Saura (Huesca, 22-IX-1930-Madrid, 22-VII-1998). Pintor y grabador. Formado de modo autodidacto en Madrid, Valencia y Barcelona, establece su residencia en Madrid, aunque frecuenta París en los años 50. Su evolución atraviesa varias etapas, desde el surrealismo al informalismo y la action painting, recibiendo la influencia de Picasso, Klee, Miró, que le influye sobre todo en su automatismo. Forma parte del grupo El Paso en 1957-1960 y su fama crece en los años 60, tanto en España como en el extranjero, donde expone con regularidad una obra de madurez que se anuda con Goya, el expresionismo, el informalismo...


La serie 'Mentira y sueño de Franco' (1958-1962).



Visita guiada de Marina Saura a la exposición de su padre. 10:25. [https://www.youtube.com/watch?v=0ng_LpqpOD0]

<Antonio Saura: Mentira y sueño de Franco>. Madrid. Círculo de Bellas Artes (19 febrero-17 mayo 2020). La serie de 41 dibujos satíricos Mentira y sueño de Franco: una parábola moderna (1958-1962). 

Bartolomé Bennássar explica en la introducción de la exposición de esta serie [https://www.circulobellasartes.com/exposiciones/antonio-saura-mentira-y-sueno-de-franco/]
‹‹(...) en la tradición española del panfleto político, de la cual Goya dio el primer gran ejemplo con Los desastres de la guerra y que Picasso continuó con una obra de título casi idéntico al de Saura: Sueño y mentira de Franco.

Por la fuerza de las circunstancias, la divulgación de esta obra de Saura no podía ser sino problemática por tratarse de un discurso clandestino, desprovisto, pues, de eficacia política en el momento de su creación. Sin embargo, la fecha de 1962 le otorga un valor testimonial que muestra la oposición de un gran artista al régimen que gobernó España durante casi cuarenta años.

Por primera vez en esta exposición se muestran los cuarenta y un dibujos como un único conjunto, ya que hasta ahora solo se había exhibido parcialmente [solo cinco] en el Museo de Arte Moderno de Toulouse en 2005. Se trata de dibujos realizados con técnicas mixtas sobre un mismo tipo de papel, todos de idéntico formato, con predominio del aguado, la tinta china y la mina de plomo. Todos se crearon en un mismo momento y todos ellos llevan título –a menudo enigmático, a veces difícilmente legible–, firma y fecha. Afortunadamente, el propio Saura mecanografió la lista de los títulos que componen esta suite. Asimismo, todos ellos hacen referencia a un acontecimiento, una anécdota o una persona vinculados directamente al advenimiento del franquismo, a la Guerra Civil o a la persona de Franco. Cabe apreciar el curioso contraste entre los títulos más objetivos –simples referencias a acontecimientos conocidos– y los títulos prestados de poesías, canciones o incluso de la música.

La eficacia narrativa de estos dibujos se combina con una inventiva extraordinaria. Y las referencias cronológicas y fácticas demuestran con toda claridad que Saura vivió intensamente el franquismo de posguerra. Testigo comprometido, atento observador tanto de los acontecimientos políticos como de la crónica de la vida diaria, transforma con el lenguaje de su arte las anécdotas en símbolos. Utiliza todos los elementos de que dispone para elaborar una caricatura polimórfica del régimen, que puede considerarse parte fundamental de la nutrida colección de obra sobre papel que Saura consagró a la guerra y a las calamidades que engendra.

Desde luego, Saura fue pintor y visionario.›› 


La complementa la reseña de P. H. Riaño [Madrid muestra la rabia de Saura contra Franco. “El País” (20-II-2020). / https://elpais.com/cultura/2020/02/19/actualidad/1582121352_822739.html]. 

‹‹A la muerte de Saura, la hija del artista encontró en su taller parisino un cajón con estas cuatro decenas de dibujos, de los que no tenía noticia. Los guardaba perfectamente catalogados y embalados: “Saura estaba muy orgulloso de esta obra”, explica. “Estos dibujos los hizo en la intimidad, porque si no habría acabado en la cárcel. Franco es el objetivo de la burla de mi padre”, explica Marina Saura, que subraya la importancia de los dibujos que recrean fosas. La heredera incide mucho en que estas no son caricaturas frívolas y que si han sobrevivido al tiempo es por su coherencia con el resto de la producción de Saura. (...)

Antonio Saura reconoce en esta serie una actitud paralela a su trabajo, “en cierto modo marginal”. “Quizás estos dibujos no hubieran podido surgir en otro momento y probablemente tampoco en otro lugar, pero también es cierto que lo restringido de su difusión los hizo inoperantes. Un consuelo: ni Los desastres de la guerra, de Goya, ni Sueño y mentira de Franco, de Picasso, ayudaron efectivamente a la caída del despotismo”, escribió Saura para consolarse. En la tradición de la sátira, saca el látigo y llama a un retrato de Franco El señor de las moscas, quizá el más macabro que realiza del dictador.

La pintura disuelta chorrea en forma de goterones negros sobre el papel, mientras el artista aplica trazos veloces y directos, entre los grises y los blancos. Escenas expresivas, barrocas y de acción política urgente, con las que el pintor parece aliviarse, como salivazos contra el franquismo. Y contra la parte más complaciente de la sociedad, a la que bautiza como “bella durmiente” por su estado yacente. Esa España que dibuja es una sombra, un fantasma vigilado por soldados para que no abandone su estado silente. Policías, obispos, militares, funcionarios, terratenientes o pistoleros, todos los cancerberos de Franco sufren el castigo de Saura, que ahora se hace efectivo. Son seres monstruosos, deformes y bárbaros, protagonistas de una pesadilla: “El franquismo fue ciertamente un fenómeno monstruoso que era preciso combatir. Yo lo hice en la medida de mis posibilidades, casi siempre al margen de mi pintura”, escribió Saura.››


La relación de Saura con Miró.
Entabla una buena amistad con Miró desde los años 50 y escribirá varios interesantes artículos sobre él. Miró mediará ante Pierre Matisse para que Antonio Saura exponga por primera vez en su galería neoyorquina en 1961, con un catálogo con textos de José Ayllón y Michel Tapié.
Bonet (1993) explica la influencia de Miró sobre el Saura de finales de los años 40 y buena parte de los años 50, capaz de ser mironiano en su propia serie de las Constelaciones (1948-1949) y daliniano en otras obras: ‹‹(...) Sus tentativas pictóricas de aquel tiempo constituyen un amasijo completo y todavía apenas estudiado de influencias, destacando las de Tanguy, Dalí, Masson, Max Ernst, y naturalmente Miró, al que le pidió prestado el concepto y el título mismo de la serie titulada Constelaciones, y de quien expuso una obra en la muestra *<Arte fantástico>, que preparó en Clan en 1953, en vísperas de su viaje a París y de su incorporación al círculo de André Breton.
De cómo se combinan en la pintura de Saura de entonces esas diversas influencias, nos hablan cuadros de 1950 como Eflorescencia 2El rapto del ángelEnigmática danza o El primer consejo, en los que si las caligrafías y los colores en primer plano provienen directamente de Miró, el fondo nocturno y “cósmico” remite a un surrealismo más sombrío y tanguyesco. En la fase action painting de su trabajo, iniciada en 1955, el automatismo sigue siendo clave, pero evidentemente ni el sentimiento del espacio mi la gama cromática tienen ya absolutamente nada que ver con Miró.›› [J.M. Bonet, J. M. Joan Miró. “Faro” de la generación abstracta. *<Ver a Miró. La irradiación de Miró en el arte>. Madrid. Fundació La Caixa (1993): 48.]

El legado de Saura.
Tras su muerte su herencia quedó en una situación inestable, por desavenencias entre sus herederos. La Fondation-Archives Antonio Saura de Ginebra guarda  en 2018 parte de la obra, más la biblioteca y la correspondencia privada del artista. La promueven su hija (de la primera esposa, la franco-sueca Madeleine Augot), la escritora y actriz Marina Saura —que tiene los derechos de autor y de imagen de la obra y del nombre, la pareja de esta y albacea del artista, el abogado suizo Olivier Weber-Caflisch, y la segunda esposa del artista, la cubana Mercedes Beldarraín. Están enfrentados a la otra parte familiar, los hermanos del artista, Carlos y Ángeles Saura, que intentan mantener la Fundación Antonio Saura de Cuenca.

Fuentes.
Internet.
[http://www.antoniosaura.org/] La fundación del artista en Ginebra.

Documentales / Vídeos.


Antonio Saura. Autorretrato (1984). RTVE. 52 minutos.


Efemérides. Antonio Saura habría cumplido hoy 80 años. Agencia EFE. 2010. Dos minutos.

Exposiciones.
<Saura>. Madrid. Barcelona. Ministerio de Cultura (1980). Cat. Textos de A. Cirici. Ed. Yves Rivière. París. 238 pp.
<Antonio Saura>. París. Galerie Stadler (6 octubre-14 noviembre 1987). Cat. 15 obras.
<Antonio Saura. Pinturas 1956-1985>. Ginebra. Musée RATH (16 junio-17 septiembre 1989). Valencia. IVAM (27 septiembre- 26 noviembre 1989). Madrid. MNCARS (21 diciembre 1989-19 marzo 1990). Múnich. Städtische Galerie im Lenbachhaus (4 abril-4 junio 1990). 205 pp. Textos de Rainer Michael Mason, Antonio Saura, Marcel Cohen, Tomás Llorens.
<Antonio Saura>. Gerona. Espais Centre d’Art Contemporani (19 octubre-19 noviembre 1989). Cat. s/p.
<Antonio Saura surrealista. El jardín de las cinco lunas (1948-1956)>. Museo de Teruel (28 octubre-27 noviembre 1994). Cat. Textos de Emmanuel Guigon. 171 pp.
<Saura. Decenario 1980-1990>. Huesca. Salas Exposiciones Diputación de Huesca (16 mayo-30 junio 1991). 220 pp.
<Antonio Saura surrealista. El jardín de las cinco lunas (1948-1956)>. Museo de Teruel (28 octubre-27 noviembre 1994). Cat. 171 pp.
<Saura. Damas>. Madrid. Fundación Juan March (25 abril-19 junio 2005). 117 obras (1947-1997) de tema femenino.
*<Del futuro al pasado. Obras maestras del arte contemporáneo>. Zaragoza. Patio de la Infanta, Ibercaja (2008): Alfonso de la Torre. Biografía (594-595). Carlos Catalán. El prestidigitador de imágenes (596-603).
<Antonio Saura: Mentira y sueño de Franco>. Madrid. Círculo de Bellas Artes (19 febrero-17 mayo 2020). La serie de 41 dibujos satíricos Mentira y sueño de Franco: una parábola moderna (1958-1962).
 
Libros.
Antolín Paz, M. (dir.). Diccionario de pintores y escultores españoles del siglo XX. 1994: 3960-3963.
Bénézit, E. Dictionnaire des peintres, sculpteurs, designateurs et graveursGründ. París. 1976. 10 vols. Reed. Jacques Busse (dir.). 1999. 14 vols. vol. 12, pp. 322-324.
Bozal. Pintura y escultura españolas del siglo XX (1939-1990). 1992: 407-422.
Ríos, Julián. Las tentaciones de Antonio Saura. Mondadori. Madrid. 1991. 234 pp.
Saura, Antonio. Elegía. Una pintura de Antonio Saura para la Diputación de Huesca. Polígrafa. Barcelona. 1988. 282 pp. Textos de Antonio Saura, Jean Bescós, Guy Scarpetra.
Saura, Antonio. Note Book: Memoria del tiempo. Librería Yerba. Murcia. 1992. 155 pp.
Saura, Antonio. Mentira y sueño de Franco. Georg Editor/Archives Antonio Saura. 2017. 41 dibujos inéditos de 1958-1962. Reseña de Hermoso, Borja. El franquismo hecho caricatura. “El País” (20-X-2017).
Weber-Caflisch, Olivier; Cramer, Patrick. Antonio Saura. L’oeuvre imprimés. La obra gráfica. Ed. Patrick Cramer. Ginebra. 2000. 776 pp. 675 reprod. (390 color).
Weber-Caflisch, Olivier. Antonio Saura. Nulla dies sine linea. Ed. Patrick Cramer. Ginebra. 2000. 600 pp. 365 recortes de prensa y 218 reprod. color.

Artículos.
Redacción. Miró, Tàpies, Chillida y Saura, candidatos al Premio Nacional de Artes Plásticas. “El País” (15-V-1980).
Jiménez, P. Entrevista a Antonio Saura. “RS”, MNCARS, Madrid, 3 (invierno 1989-1990) 28-39.
Harguindey, Ángel S. Fascinación por Saura. “El País” Babelia 848 (23-II-2008) 27.
Goytisolo, Juan. Miradas cruzadas. “El País” Babelia 908 (18-IV-2009) 18-19. Los escritos de Saura.
Hermoso, Borja. Universo Antonio Saura. “El País” Semanal 2.194 (14-X-2018). Reportaje en la Fondation-Archives Antonio Saura de Ginebra.

Libros de Saura sobre Miró. Recopilan sus artículos.
Saura, Antonio. Belvédère Miró. LÉchoppe. Tusson. 1993. 49 pp. Incluye tres textos anteriores: El Mirador de Miró (“Guadalimar”, 1982; reprod. en cat. <Miró>), La face cachée de Miró (“El País”, 26-XII-1983) y Le triangle de Miró (“Cambio 16”, 16-I-1984).
Saura, Antonio. Visor. Sobre artistas. Galaxia Gutenberg. Madrid. 2001. 381 pp. Recopilación de artículos y reflexiones sobre artista: Picasso, Dalí, Tàpies, Chillida, Goya, De Kooning, Pollock... y Miró, ya publicados como artículos: La cara oculta de Miró (33-37) y El triángulo de Miró (47-51).
Saura, A. Crónicas. Artículos. Galaxia Gutenberg. Madrid. 2001. 270 pp.

Artículos de Saura sobre Miró.
Saura, Antonio. Picasso y Miró, en París. “Índice de Artes y Letras” (30-IX-1953). FPJM, v. V, p. 18. Reseña de exposición de Picasso en la Galerie Louise Leiris y de Miró en la Galerie Maeght.
Saura, A. El mirador. “Guadalimar”, Cuadernos 19 (1982) 6-17.
Saura, A. La cara oculta de un pintor. “El País” (26-XII-1983). Reprod. en “Révolution”, París, 200 (30-XII-1984). / <Belvédère Miró>. París. L’Échoppe (1993). / “Bitzoc”, Palma, Necrológicas, 31 (1997) 39-43. / Saura. Visor. Sobre artistas. 2001: La cara oculta de Miró: 33-37.
Saura, A. El triángulo de Miró. “Cambio 16”, Madrid, 633 (16-I-1984). Reprod. en <A Joan Miró>. Barcelona. FJM (1986). / <Interiores de Miró>. Sevilla. Junta de Andalucía (1993). / <Belvédère Miró>. París. L’Échoppe (1993). / Saura. Visor. Sobre artistas. 2001: 47-51.
Saura, A. El Mirador, 28-31, en AA.VV. Dossier Miró en la Fundación BBK. “Guadalimar”, v. 24, nº 143 (junio-septiembre 1998), 27-34. 

viernes, septiembre 29, 2017

La influencia del romanticismo en Miró.

La influencia del romanticismo en Miró.


Arnold Böcklin. Isla de los muertos. Primera versión del Kunstmuseum de Basilea (1880). Un simbolismo de raíces románticas. [https://es.wikipedia.org/wiki/La_isla_de_los_muertos_(Böcklin)#/media/Archivo:Arnold_Böcklin_-_Die_Toteninsel_I_(Basel,_Kunstmuseum).jpg]

El poeta y artista británico William Blake (1757-1827) [https://artcontemporanigeneral.blogspot.com.es/2014/12/el-poeta-y-artista-romantico-britanico.html] y el artista español Modest Urgell (1839-1919) [https://artcontemporanigeneral.blogspot.com.es/2014/12/el-artista-espanol-modest-urgell-1839.html], que hemos estudiado en sendos apartados, no son los únicos influjos del romanticismo sobre Miró, especialmente durante su juventud. Sí en lo formal es el más relevante, en lo ideológico fue más bien un catalizador que le abriría el apetito por las ideas románticas acerca de la naturaleza como trasunto de la divinidad. No debemos olvidar que el pensamiento estético que le nutría entonces era romántico regionalista (Torras) y que su primeras lecturas poéticas eran también románticas (Verdaguer) o románticas tardías (Maragall en especial) y que estos textos le acompañarán recurrentemente a lo largo de toda su vida, junto a la poesía simbolista y surrealista. No era un caso excepcional: puede decirse que la mayoría de los artistas surrealistas vivieron bajo este plural influjo romántico [Clébert. Dictionnaire du Surréalisme. 1996: 524-526.]

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Max Ernst y su esposa, Dorothea Tanning.

Por ejemplo, Max Ernst (cuyos paisajes fantásticos están estrechamente emparentados con los de Miró), sentía una afinidad especial por el pintor romántico alemán Caspar David Friedrich del cual le confesaba en 1960 a Eduard Roditi que había estado en su mente desde el primer día que comenzó a pintar. [Eduard Roditi. Ein Mittagessen mit Max Ernst. “Der Monat”, v. 13, nº 50 (III-1960: 70. cit. Helmut R. Leppien. Max Ernst and Romanticism, 383-385, aquí en 383, en <The Romantic Spirit in German Art 1790-1990>. Edimburgo. Royal Scottish Academy y FruitMarket Gallery (28 julio-7 septiembre 1994).] Richter comenta de Ernst: ‹‹Ses visions inquiétantes sorties de l’art médieval et romantique allemand reprennent la spatialité énorme et la profondeur colossale d’un Schongauer ou d’un Dürer, le romantisme sensible, voire souvent sentimental de Caspar David Friedrich, l’allégorie délirante d’un Böcklin ou d’un Klinger. ›› [Richter. Dada, art et anti-art. La Connaissance. Bruselas. 1965: 151. cit. Clébert. Dictionnaire du Surréalisme. 1996: 22.]
A Miró también debían solicitar su atención desde su época de la Llotja las obras de Friedrich, con sus paisajes cargados de sentimiento y espiritualidad, de fondos infinitos que muestran la soledad del hombre frente a la naturaleza. Y es conocida la pasión de los surrealistas, Arp, Ernst y el propio Miró por los poetas románticos alemanes y en especial por Novalis, que creía que los elementos de la naturaleza contienen un código, que esconde el secreto del cosmos, que el poeta y el artista deben aprehender y revelar, y, así, las bioformas de Arp y Miró serían intentos de liberación de esta verdad oculta.
Novalis y otros poetas románticos alemanes como Goethe, Hölderlin, Von Arnim, Kleist o Heine serán una de las fuentes primordiales del surrealismo de Max Ernst, como se revela en sus temas de bosques, ruinas, castillos, espectros... Ya hemos comentado la influencia de la pintura romántica alemana en Ernst. Breton admira sobremanera a Novalis, a quien atribuye el concepto de Aarte mágico” y del que destaca su consideración del hombre en relación con el universo, el pasado y el porvenir. El interés de Breton por el poeta Achim von Arnim le lleva a convencer a Valentine Hugo para que ilustre sus Contes bizarres (1931). [Clébert. Dictionnaire du Surréalisme. 1996: 63 y 311.] Por su parte, Miró le confiesa a Dupin en los años 50 que leía a mediados de los años 20 a Novalis (y Lautréamont, Rimbaud, Jarry...) [Dupin. Miró. 1993: 120.], y la historiadora Dore Ashton ha desarrollado la idea de que la concepción cósmica de Novalis explica en buena medida la pintura metafísica y onírica de Miró hacia 1925-1927. [Ashton, D. Stripping Down the Cosmos, en A Reading of Modern Art. 1971. Reprod. en Kaplan; Manso. Major European Art Movements 1900-1945. 1977: 344-345.]
Balsach sugiere una afinidad entre la noción del regreso al “mundo más puro” que impregnan toda la obra de Miró y el “regreso al país natal” de Hölderlin, a través de la interpretación de Heidegger. [Balsach. Joan Miró. Cosmogonías de un mundo originario (1918-1939). 2007: cap. El regreso al país natal, (219-224)]
 El surrealismo era, en suma, el heredero vanguardista más fiel del romanticismo. El poeta Luis García Montero explica:
‹‹El surrealismo es una radicalización de ese sujeto que con la Ilustración se había creído portador de verdades universales, que eran abstractas y por tanto no estaban sometidas a historias concretas; y dueño de un futuro que estaba llamado a desembocar en la felicidad pública. Cuando se descubre que los valores abstractos de la razón entran en contradicción con las determinaciones históricas concretas y que las promesas de felicidad no se habían cumplido, todo el paradigma de la Ilustración estalla. Ese es el gran momento del Romanticismo: la rebeldía del individuo frente a esa realidad es la lucha romántica del yo contra la sociedad. La vanguardia extrema eso. Entre el desbordamiento sentimental del romántico, que quiere luchar contras los preceptos neoclásicos del racionalismo, y la escritura automática, que intenta que la mano vaya más rápida que la razón para darle libertad al inconsciente, hay una unidad clarísima.›› [García Montero. Declaraciones a Javier Rodríguez Marcos. “El País”, Babelia, 664 (14-VIII-2004) 2.]        

El romanticismo que le transmiten a Miró la suma de los románticos iniciales Blake y Friedrich, más los Urgell, Böcklin y otros tardorrománticos simbolistas, además de sus lecturas, es el de su versión más tardía, no contradictoria sino más bien complementaria con el modernismo. Es un romanticismo sobre todo nórdico, dominado por la naturaleza omnipresente y las tonalidades sombrías, más que francés, que era mucho más antropocéntrico y melodramático, de un colorido más bullicioso. Este romanticismo tardío se caracteriza por preconizar un artista libre que se expresa a sí mismo en su obra; por un arte original, subjetivo e imaginativo de gran intensidad emocional; por un carácter místico, visionario u onírico; por valorar la Edad Media y las tradiciones nacionales; por repudiar las normas clásicas de mesura, claridad y definición; por unos temas afines a la naturaleza salvaje o misteriosa, el exotismo y la melancolía.
En cuanto a su vigencia, demasiado a menudo se cree que el romanticismo es un movimiento del siglo XIX, de la época de la Primera Revolución Industrial, fenecido hacia 1850 y del que a lo más quedarían algunos rescoldos en algunos lugares que se apagarían en los decenios siguientes. Al contrario, creo que una corriente romántica se extiende hasta nuestros días y que, muchas de sus ideas siguen vivas todavía. En este sentido es especialmente interesante Robert Rosenblum (La pintura moderna y la tradición del Romanticismo nórdico, 1993, en inglés 1975). José Vicente Selma (Imágenes de naufragio, 1996) también ha investigado la pervivencia del romanticismo en el arte posmoderno a través del concepto de lo “sublime”.
Así, en el siglo XIX la influencia del romanticismo se puede rastrear en una línea de continuidad que parte desde Constable a través de la escuela de Barbizon hasta el impresionismo, siendo el más fiel descendiente del romanticismo el movimiento simbolista, el cual intensificó características como la subjetividad, la imaginación y la fantasía onírica. El romanticismo tardío de finales del XIX se convierte casi inadvertidamente en neorromanticismo a principios del XX, cuando los experimentos vanguardistas asumen varias de sus características. En el siglo XX el expresionismo y el surrealismo siguieron su estela, en oposición a los principios tradicionales del arte clásico. Lynton destaca cuatro características románticas en las que el arte moderno ha profundizado:
‹‹el rechazo por parte de Rousseau de los valores de la sociedad civilizada; el rechazo por parte de Beethoven de las formas, de la armonía y de las convenciones estilísticas heredadas, el rechazo por parte de Wordsworth del lenguaje idealizado como material de la poesía en favor del habla popular; el reconocimiento por parte de Goethe y de otros de que lo inconsciente, y no cualquier agente o impulso externo, es el verdadero origen de la actividad creativa, etc.›› [Lynton. Historia del Arte Moderno. 1988 (1980): 13.]
El influjo del romanticismo en Miró se comprueba en que siguió esas cuatro (por mi parte le añadiré dos más) características con marcada fidelidad a lo largo de toda su vida artística. Como veremos, son ideas cargadas de un intenso contenido político y que pueden interpretarse de un modo ambiguo o incluso contradictorio:
- Miró rechaza los valores de la sociedad civilizada industrial, sobre todo el mito del eterno progreso material; y expresa su pesimismo ante la destrucción de la naturaleza, la pérdida del reconocimiento de la identidad personal y de los valores solidarios de la sociedad campesina. En suma, enarbola el escepticismo ante el progreso material y siente una profunda añoranza de la sociedad rural tradicional: se ancla en el pasado para afrontar la tormenta del futuro. Cuando Miró pinta paisajes de fondos infinitos podría interpretarse que está abandonando la modernidad y a la vez está volviendo al romanticismo y preludiando el posmodernismo. Al respecto, Maderuelo ha escrito que: ‹‹La crítica a la modernidad que se trasluce en estas posturas [land art] está provocada por la concienciación de que el hombre es un desgarrón en la naturaleza, que el hombre administra desde presupuestos antinaturales, dictados por las ideas industrialistas y esquilmadoras implícitas en el ideario de la modernidad.›› [Maderuelo, J. Nuevas visiones de lo pintoresco: el paisaje como arte. 1996: 17. Este autor cita en el mismo sentido a Lucy R. Lippard, Overlay. Contemporary Art and the Art of Prehistory. Pantheon Books. Nueva York. 1983; y a Robert Morris. Aligned with Nazca. “Artforum” Nueva York (X-1975).]

Resultado de imagen de Friedrich, Océano glacial (1824)

Su pesimismo romántico se emparenta así con el que Friedrich expresa más directamente en su obra Océano glacial (1824) [Óleo sobre tela (96,7 x 126,9). Col. Hamburger Kunsthalle, Hamburgo. Reprod. <The romantic vision of Caspar David Friedrich>. Chicago. Art Institute (1 noviembre 1990-6 enero 1991). Nueva York. MET (23 enero-31 marzo). Fondos de la URSS. Cat. 110 pp. / Börsch-Supan, Helmut. Gaspar David Friedrich. Prestel. Munich. 1990. 208 pp.], donde un barco naufragado, apenas visible debajo de una pirámide de geométricos bloques de hielo, parece un monumento al triunfo de la omnipotente naturaleza sobre la ambición y la esperanza humana, que nada puede ante la fragilidad de la existencia y la certidumbre de la muerte. Es oportuno anotar que debió pintarlo con el recuerdo de una terrible tragedia familiar: huérfano de madre a los siete años, cuando tenía 13 (1787) cayó a un lago helado desde el borde de una embarcación, y su hermano mayor Johann Chistopher se arrojó al agua y le salvó, pero a cambio se ahogó ante su mirada.
- Miró combate las formas, la armonía y las convenciones estilísticas del pasado; buscará un arte abierto a la innovación y la provocación. Es una actitud desafiante ante las normas estéticas clásicas y las élites que las defienden y usan como arte oficial. En este sentido, Maderuelo afirma que: ‹‹En buena parte, la modernidad se ha construido desde la negación de los temas, teorías y procedimientos establecidos por el clasicismo. (...) será anatemizado lo pintoresco (...). / El mito de la máquina sustituirá al mito romántico de la naturaleza. Esta metamorfosis se aprecia muy claramente en las artes plásticas, que, por una parte, van a representar objetos y máquinas y, por otra, van a negar la ilusión del espacio perspectivo que dio origen a la representación del paisaje.›› [Maderuelo. Nuevas visiones de lo pintoresco: el paisaje como arte. 1996: 11-12.]
- Miró desprecia el lenguaje artístico idealizado; reivindicará un arte enraizado en la cultura popular, no elitista, aunque no opuesto a éste. Aquí incurre en la dura contradicción, de la que era muy consciente, de usar formas tomadas del imaginario popular, pero verterlas en nuevas formas muy difíciles de captar para sus prístinos creadores. Pero su exigencia estética le obligaba a afrontar este obstáculo con la convicción de que sería superado por la gente.
- Miró reconoce en el París de los años 20 que lo inconsciente, y no un agente externo, es el verdadero origen de la actividad creativa. El arte será la autoexpresión de las profundidades más íntimas del ser humano. Así, la conducta social no será un tema habitual en su obra y Miró siempre rehusará hacer un arte que se asemeje al realismo socialista. Esta teoría tendría su base probablemente en la teoría expuesta por Benedetto Croce en su ensayo La estética como ciencia de la expresión y lingüística general (1902), una reacción contra el positivismo naturalista de su tiempo y la consecuente imitación de la naturaleza, en el que defiende que el arte es la forma primera y puramente intuitiva de la actividad de su tiempo y reconoce que el acto creador es la manifestación externa de un estado del alma; por lo tanto, el artista se erige en mago-profeta de las corrientes ocultas de su tiempo y la obra artística es una unidad intuitiva de forma y contenido, estrechamente relacionada con la historia.
- Además, una quinta característica. Miró vive a finales de los años 10 el ideal del “sublime” romántico de que el artista es un desterrado de la sociedad y la rechaza, un sentimiento que comparte con la que Fontbona llama la generación posmodernista (Nonell, Mir, Pidelaserra, Nogués, Picasso...), que por su vanguardismo rebelde e intransigente sufre un auténtico conflicto con la sociedad catalana que no compra sus obras. Mientras los modernistas pactan con la sociedad y pronto gozan de un adecuado status profesional, los posmodernistas deberán entregarse (la mayoría recalan en el más blando noucentismo) o emigrar (Picasso). [Molins, Miquel. Pervivència del s. XIX. El Noucentisme. <Col·leccionistes d’art a Catalunya>. Barcelona. Palau Robert y Palau de la Virreina (22 junio-22 julio 1987): 120.]
- Por último, fuera ya del influjo de Urgell, la característica del feísmo romántico. Miró participa del combate vanguardista en defensa del valor estético de la fealdad, y justamente el romanticismo es el penúltimo intento en este sentido, como se manifiesta en el prólogo de Victor Hugo en su drama Cromwell (1927):
‹‹El contacto con lo deforme ha dotado a lo sublime moderno de algo más grande, más sublime en definitiva que lo bello antiguo. (...) Lo bello sólo tiene un tipo, lo feo tiene mil. (...) Es porque lo bello, desde el punto de vista humano, no es más que la forma considerada de su relación más elemental, en su simetría más absoluta, en su armonía más íntima con nuestro organismo. (...) En cambio, lo que llamamos feo es un detalle de un gran conjunto que no podemos abarcar, y que armoniza no ya con el hombre sino con la creación entera. Por eso nos ofrece constantemente aspectos nuevos, pero incompletos›› [Victor Hugo, prólogo de Cromwell (1827). cit. Manrique Sabogal, Winston. El esplendor de la fealdad. “El País”, Babelia 841 (5-I-2008) 20-23.]
A partir de esta base romántica, Miró se relacionó con la modernidad con ambivalencia, mediante un acatamiento de sus presupuestos estéticos (por ejemplo la innovación formal) y un cuestionamiento de algunos de sus planteamientos ideológicos (el maquinismo como alternativa superior a la naturaleza) e incluso aceptará con reticencias el mito del progreso: creyendo en el desenvolvimiento del espíritu humano a través de la historia y en el papel del arte en esa liberación, no podrá evitar verter un racional pesimismo sobre la acción de la Humanidad. Sus declaraciones de pesimismo existencial son demasiado insistentes como para obviarlas. En ello se rastrea una conexión con el pensamiento posmoderno, con su búsqueda de rescatar lo “sublime” del paisaje, en su faceta de espacio del ritual mágico (con la consiguiente valoración de los espacios primitivos míticos como Stonehenge).
Parafraseando las teorías de Robert Rosenblum sobre la pervivencia del Romanticismo en el arte moderno, opinamos que Miró se plantea el problema de cómo encontrar, en un mundo laico, unos medios convincentes de expresión para las experiencias religiosas que antes del Romanticismo habían tenido su cauce idóneo en la iconografía cristiana. Como hicieron muchos artistas del s. XIX y en este Mondrian, Klee o Ernst la ‹‹persecución de lo sobrenatural sería desviada hacia la observación de la propia naturaleza, cada una de cuyas manifestaciones, desde la flor silvestre más común hasta la más singular cumbre montañosa, podía ofrecer una intuición de la divinidad›› [Rosenblum. La pintura moderna y la tradición del Romanticismo nórdico. De Friedrich a Rothko. 1990 (1975 inglés): 223.]
La teoría del historiador del arte norteamericano Robert Rosemblum (1927-2006) es que hubo una progresiva disolución de las formas desde el romanticismo nórdico al expresionismo abstracto, y fue expuesta primero en el artículo The Abstract Sublime en la revista “Artnews” v. 59, nº 10 (II-1961) 38-41, 56 y 58; y ampliada en una serie de ocho conferencias en 1972 cuando fue invitado como Slade Professor of Fine Art en la Universidad de Oxford. Su tesis informa la reciente exposición *<La abstracción del paisaje. Del romanticismo nórdico al expresionismo abstracto>. Madrid. Fundación Juan March (5 octubre 2007-13 enero 2008). 124 obras de 26 artistas. Reseña de García, Ángeles. Cuando la poesía se hace sublime. “El País” (6-X-2007) 55. Un ensayo reciente de Tomàs Llorens [<Miró: Tierra>. Madrid. Museo Thyssen-Bornemisza (2008): 19, n. 9.] enfatiza que Rosenblum considera a Miró un pintor demasiado mediterráneo y sensual, apartado de la tradición romántica alemana o nórdica y su estética de “lo sublime” y por tanto sin influencias o vínculos con el expresionismo abstracto americano, en contraste con Greenberg y Rubin, Krauss y Rowell, que veían a Matisse, Picasso y Miró como sus padres directos.
Miró se distingue, no obstante, de los artistas antes citados porque su solución no es la pesimista de un mundo desolado, sino la feliz de un mundo alegre. No es una respuesta nórdica, sino mediterránea. Pero hay un punto y aparte: en los años finales Miró tantea la amargura de la desaparición y el negro inunda sus pinturas. Miró muere siendo un romántico sombrío.
En la escasa historiografía que se ha detenido en el tema del romanticismo mironiano destacan Gullón, Gimferrer y Weelen. En cambio, los autores más consagrados como Dupin, Malet, Soby, Sweeney, Lubar... apenas tratan este punto de refilón.
El primero en advertirlo fue Carl Einstein, en su Die Kunst des 20. Jahrhunderts (1926), que incluyó a Masson y Miró entre las nuevas generaciones de pintores románticos, y los caracterizó por sus “analogías” y su vuelta al motivo. [Einstein. Die Kunst des 20. Jahrhunderts. 1926. Propylaën. Berlín. 1931: 128, 428-433, 641. Reed. Verlag Philipp Reclam. Leipzig. 1988. cit. Palermo. Tactile Traslucence: Miró, Leiris, Einstein. “October”, nº 97 (verano 2001) 31-50. Trad. Translucidez táctil: Miró, Leiris, Einstein. 2002: 91.]
Ricardo Gullón ha tratado el tema del romanticismo mironiano, variando drásticamente su opinión entre 1945 y 1950. En 1945 afirma sin ambages que es un romántico (en su sentido musical-poético, anticlásico e irracionalista): ‹‹Es romántico, en contraposición a los cubistas Picasso o Gris, que apuntan a lo clásico. Se tildaba de abusiva la reacción frente al musicalismo pictórico y de exagerada la desviación hacia el lado de la geometría››. [Gullón, R. Juan Miró por el camino de la poesía. “Leonardo. Revista de las ideas y las formas”, t. 3, v. 8 (XI-1945) 29-39. Reprod. Gullón. De Goya al arte abstracto. 1952: 119.] Por contra, en 1950, aun aceptando que Urgell le aportará en su juventud una influencia romántica [Gullón, R. Imaginación y poesía en la pintura de Joan Miró. “Cuadernos hispanoamericanos”, 15 (mayo-junio 1950): 533.], niega todo rastro de romanticismo (en su acepción sentimental) en la obra del Miró ya maduro a partir de 1925:
‹‹Lo que evidentemente no se encontrará en la pintura de Miró son los elementos aludidos por Ortega como “demasiado humanos”, dominantes “en la producción romántica y naturalista”; hay en su arte una instintiva amputación de cualquier devaneo sentimental y una involuntaria ironía que le coloca en los antípodas del romanticismo. Velázquez y Miró, tan lejanos entre sí, están situados en la misma línea, o si se prefiere, en el mismo plano, mientras los románticos (y con esto no apunto una censura; simplemente consigno un hecho) se instalan en otro distinto. La distancia es tal vez menor, pero entre ellos y los primeros hay un espacio infranqueable. Miró desdeña la grandilocuencia y extirpa en sus cuadros todo conato sentimental.›› [Gullón, R. Imaginación y poesía en la pintura de Joan Miró. “Cuadernos hispanoamericanos”, 15 (mayo-junio 1950): 527-528.]
Gimferrer (1978) explica que el ansia de innovación de Miró se enraiza en la propuesta romántica de la libertad absoluta y la búsqueda de la originalidad:
‹‹(...) El romanticisme semblava postular la llibertat absoluta; aquesta llibertat, que consistia en la desvinculació de la preceptiva neoclàssica, enfrontarà finalment l’artista amb un terreny inconegut on s’imposara una nova exigència: l’originalitat, en el doble sentit, l’usual i el de retorn a l’originari. (...) Alliberament i ascesi. Aquest és el procés detectable en l’art de Miró, cada vegada més lliure i cada vegada més despullat d’elements que no responguin a allò que demana el vocabulari expressiu. (...)›› [Gimferrer. Miró, colpir sense nafrar. 1978: 66-68.]
Weelen (1984) percibe en la obra mironiana un continuo componente romántico, que se manifiesta en su particular surrealismo de los años 20 o en su realismo de los años 30. Es la visión romántica del artista rebelde, siempre insatisfecho, que alcanzará su mejor expresión en la obra más madura y espontánea de los años 60 y 70:

‹‹Si Miró abandonne alors une image créatrice d’illusions surréalistes, il reste fidèle pourtant à une attitude romantique, décapée et amplifiée par le Surréalisme. La fulgurance du geste, la rencontre fascinante, l’instant merveilleux, l’éblouissement du choc, sous-tendent les oeuvres qu’il réalise en peinture, et son peuple familier de bons-hommes irrités et taquins ne lâche pas prise pour autant; ils se réfugient dans sa sculpture. Si l’intensité s’est imposée à Miró comme un moyen de relations avec autrui, plus que jamais, semble-t-il, il se confie à elle. Il délivre une énergie violente dont la force doit être perçue, tel le son d’un instrument de percussion: immédiate et absolue. En refusant de passer par les canaux culturels habituels, il cherche à faire de l’art un éblouissement. Jamais, il n’à été amené à mépriser les moyens et les servitudes de la peinture. Il les a forcés, transformés.›› [Weelen. Joan Miró. 1984: 8.]