El escritor español Josep Maria Junoy (1897-1955) y su relación con Joan Miró.
Josep Maria Junoy i Muns
(Barcelona, 1897-1955). Poeta, dibujante, crítico de arte y periodista
español, sobre todo en lengua catalana. Era pariente del artista E. C. Ricart y
no debe confundirse con su pariente Josep Maria Junoy i García-Viedma.
Se relacionó con muchos poetas y pintores vanguardistas durante su primer
viaje por Europa, en el que incluyó una estancia en París en 1911. Comenzó a
publicar crítica de arte en el periódico “La Publicidad”, con el seudónimo de
Héctor Bielsa. Gracias a sus largas estancias en París, más frecuentes desde
1917, fue el gran introductor del cubismo y las vanguardias francesas en
Cataluña. Fundó y dirigió, entre otras, las publicaciones “Troços” (1917-1918),
“L’Instant” (1919) y “La Nova Revista” (1927-1929), en los que defendió su
ideal mediterraneísta abierto a la modernidad. Autor de varios notables libros,
como Arte y Artistas (1912), uno de los primeros sobre el cubismo y la
nueva hornada novecentista: Torres García, Sunyer, Casanovas...; pero el libro
se vendió tan poco que años después Junoy destruyó el resto de la edición.
Autor de los poemarios Troços (1916), Poemes i CalAligrames (1920) y, en
francés, Amour et paysage (1920), introdujo en Cataluña la técnica del haiku
japonés. Coqueteó con el catolicismo conservador de Maurras y Barrès.
Muy influyente sobre Miró hacia 1918-1922, se alejaron después al asumir
el artista un cubopurismo que Junoy aborrecía por considerarlo anticlásico.
Así, al tratar sobre el arte catalán en 1930-1931 ni menciona la obra de Miró.
Después de 1939, colaboró como crítico de arte en la revista “Destino”,
en “Solidaridad Nacional” y “El Correo Catalán” (hasta 1948), convertido en un
importante intelectual “oficial” del franquismo en Cataluña, lo que agrió su
relación con Miró, aunque todavía tuvieron contactos ocasionales en el Club 49
hacia finales de los años 40.
La relación Miró-Junoy en 1917-1919.
Josep Maria Junoy preparará la opinión
pública a favor de Miró en su primera exposición de 1918 en la Galeria Dalmau, y
fracasará en este difícil empeño.
Más tarde, Junoy influirá decisivamente en el
cambio estilístico de Miró hacia el detallismo de 1918-1922, tomando como
referente a Joaquim Sunyer, cuando coincidía con Foix y Miró en el ideal de
reconciliar tradición y modernidad en la cultura catalana.[1] Si bien partía de una posición
vanguardista, patente en su poesía visual cubista tan coincidente con la del
futurista Salvat-Papasseit[2], su apasionada conversión al
catolicismo hacia 1919 y su rechazo de los movimientos vanguardistas de la
posguerra, en especial del nihilismo dadaísta, le llevó a posiciones tan
conservadoras que apenas iniciados los años 20 era ya un abanderado del arte
más clasicista, como se observa en sus últimos artículos en el “Correo Catalán”,
un diario conocido entonces por sus posiciones germanófilas y reaccionarias.
Tras el fracaso de la exposición de 1918,
Miró había de autocriticarse a la fuerza. Necesitaba un nuevo impulso y lo hizo
buscando un diálogo con la posición del artista catalán de mayor éxito entonces
entre la crítica, Joaquim Sunyer.
Pienso que fue Junoy quien debió ayudar a
Miró a replantearse su visión de Sunyer. Miró ya le había admirado en 1911,
pero su interés por las vanguardias francesas le había alejado de aquél. En el
verano de 1918 volverá a reconsiderar su ejemplo, lo que se plasmará en un
“retorno a la tierra”, en una apasionada reivindicación de los valores de las
raíces en la tierra, un factor que explica por qué Miró se resistió siempre a
entregarse por completo a las tendencias de la vanguardia europea y siempre se
mantuvo fiel a sus raíces. No pudo ser indiferente que este cambio coincida con
la época más intensa de su relación con Junoy.
Junoy conoció a Sunyer hacia 1908, cuando él
tenía sólo 17 años y estaba estudiando en París. El artista, por su parte,
estaba en París desde 1899, donde pintaba retratos, y entonces volvió a
Cataluña, concretamente a Sitges, donde pasó el invierno, hasta que volvió a
París en el verano de 1909, trayendo consigo unas pinturas de paisajes
mediterráneos. Junoy se quedó impresionado ante el cambio de Sunyer
—extraordinariamente semejante en su filosofía al que Miró viviría en 1918,
aunque este partiría de unos presupuestos estéticos más evolucionados—. Era un
retorno a las raíces catalanas, a la tierra ancestral. Sólo poseemos unas
líneas escritas de 1925, pero deben reflejar el pensamiento de Junoy entonces:
‹‹Vaig remarcar, desseguida una d’aquelles
teles, amb un gran garrofer verd maragda al bell mig, ombrejant un troç de
feixa àrida, amb la roca grisa a flor de terra, tota enflairada d’espígols i de
romanins, i amb l’ample faixa blava de la mar al lluny, per on lliscava,
joiosament, la més àgil i graciosa de les veles llatines.
Hi havia allí, en germe, en esperança, en
potència, tot el Sunyer d’ara.
Era senzillament, el “coup de foudre”, el retop fortíssim, el xoc
transcendental de l’home que, per damunt de tota
voluntat política preestablerta, per una llei misteriosa de determinisme racial
o estètic, havia tocat, instintivament, de cor i de peus a terra, a la terra
dels seus vius i dels seus morts, a la seva terra.››[3]
Junoy apreciaba en Sunyer sus fundamentos
impresionistas (sus desnudos evidencian la influencia de Gauguin), y, aunque no
fuera un colorista, su capacidad para el modelado, su ‹‹conjunt lineal››[4] relacionado con su estudio de
Cézanne, y su realismo. Y afirma su “localismo” catalán[5], inspirado por la civilización
clásica grecorromana, por las tierras catalanas, por los colores mediterráneos.
Un localismo que impida que sea un híbrido estéril del arte cosmopolita:
‹‹sense localisme hagués esdevingut un
produce híbrid i deshumanitzat, a còpia, de voler humanitzar-se, bò només per
als ingènus insurreccionats i pels desertors prostituïts de tota aquella legió
espúria de gent que volent ésser de tot arreu no són, en realitat, d’enlloc, d’aquells
que volent-ho copmprendre tot, no comprenen res, d’aquell que volent-ho estimar
tot, no estimen a ningú.
Car per a ésser veritablement universals — (universals, he dit, no
cosmopolites, a la Picasso— cal ésser abans, millor dit, car ésser al mateix temps alocals”. (...)
L’esperit, la cultura, l’art, dignes de tal
nom —humanament
fecunds— són, han
estat i seran sempre aterra, terra, i terra” —repetim una volta encara— en el sentit més exclussiu,
distintiu i “local” de la paraula.››[6]
De resultas, Junoy, que pretendía insertar el
arte catalán dentro de las vanguardias europeas, presenta una propuesta
mediterraneísta, siguiendo el debate abierto por Maragall y D’Ors, más moderna,
más abierta a los jóvenes artistas como Miró, que la debió ver con la mayor
simpatía, como Lubar recoge:
‹‹En la medida en que el proceso de
adaptación al paisaje mediterráneo imaginado por Torres‑García y D’Ors era una
forma de concepción ideológica, la relación entre arte y nacionalismo era
inherentemente inestable y sujeta a considerables revisiones. Ya en enero de
1911, el poeta Josep Maria Junoy definió los términos de una estética palatina
y mediterránea: lógica, proporción, equilibrio y estructura. Como D’Ors y sus
amigos, Junoy estaba interesada en las manifestaciones contemporáneas del
espíritu clásico, aunque rechazaba los aspectos más provincianos de la teoría
estética noucentista[7]. En la formulación de Junoy,
tanto los cubistas como los artistas catalanes jóvenes como Torres‑García,
Sunyer y Manolo Hugué trabajaban en el seno de una sensibilidad estética latina[8]. El 1 de octubre de 1912, Junoy
publicó su Correo de las Letras y de las Artes, un suplemento a su
columna en el diario republicano “La Publicidad”, en el que subrayaba las
afinidades culturales entre los cubistas y los artistas catalanes de la nueva
sensibilidad mediterránea. La crítica de Junoy intentaba así levantar un puente
entre el joven arte catalán y la pintura y escultura de vanguardia de Francia.
Lo que es más importante, su identificación de un espíritu mediterráneo en
expansión y orientado internacionalmente en la cultura contemporánea
proporcionó una alternativa a la noción más doctrinal del clasicismo
mediterráneo, que era la columna vertebral de la teoría estética noucentista.
Es importante mantener esta distinción: con la misma vehemencia con que Miró
rechazaba la doctrina de D’Ors y desdeñaba la política regional conservadora de
la Lliga[9], le atraía la idea de Junoy de
una sensibilidad cultural compartida entre los pueblos del mundo mediterráneo.
Aunque en aspectos importantes las ideas de Junoy eran comunes a las de D’Ors,
su orientación cultural internacional proporcionaba a Miró un modelo para
negociar su entrada en la vanguardia europea.››[10]
En los
años 1918-1919, pese al fracaso de la primera exposición de Miró, sus amigos
Foix y Junoy le siguen apoyando. En el mismo 1918, Foix dirige la revista
“Troços” en su segunda etapa, ahora titulada “Trossos” (y con el soporte ahora
de Dalmau), sustituyendo sólo de cara al público a Junoy, y en el número de
marzo sale una colaboración de Miró, una ligeramente alterada versión del
dibujo Calle de Pedralbes. En 1919 Foix y Junoy piden a
Miró que realice un cartel para la revista literaria y artística “L’instant”,
de vida tan breve, publicada en París en 1918 y en Barcelona en 1919, fundada y
dirigida por el poeta Joan Pérez-Jorba, una de las primeras figuras españolas
de vanguardia relacionadas con los cubistas y dadaístas, en la que los grandes
poetas franceses contemporáneos son traducidos al catalán por Foix y Junoy.
Pero la revista se cierra antes de publicarlo.
NOTAS.
[1] Junoy lo resumía así: ‹‹Sense modernitat, la tradició
esdevindria un fòssil. Sense tradició, la modernitat se’n volaria com un fum, sense deixar rastre››. [Junoy. Les idees i les imatges. “La Publicitat” (13-X-1925).
Cit. Lubar.
1988: n. 44, p. 113.]
[2] Epps, Brad. The
Avant-Garde Visual Poetry of Junoy and Salvat-Papasseit. *<Barcelona and modernity. Picasso, Gaudí, Miró,
Dalí>. Cleveland. Cleveland Museum of Art (2006-2007): 328-331.
[3] Junoy. El gran art local d’en Joaquim Sunyer.
1925: 4.
[4] Junoy. El gran art local d’en Joaquim Sunyer.
1925: 5.
[5] Junoy. El gran art local d’en Joaquim Sunyer.
1925: 10-11.
[6] Junoy. El gran art local d’en Joaquim Sunyer.
1925: 11-12.
[7] Véase en Jaume Vallcorba Plana, ed. Josep Maria Junoy. Obra
poètica. Barcelona. 1984. p. XXXIV-XXXV.
[8] Junoy había experimentado personalmente el desarrollo
del cubismo durante el verano de 1911, mientras vivía en Céret con Picasso,
Braque, Gris, Max Jacob y Manolo. Después viajó a París, donde visitó el Salon
d’Automme con su importante exposición cubista. Al siguiente año fue uno de los
organizadores de una importante exposición de pintura cubista en las Galerías Dalmau,
de Barcelona. Coincidiendo con esta exposición publicó un libro de crítica de arte
titulado Arte y Artistas, en el que defendía un arte del concepto que mediara
entre el intelecto y la sensación. Tanto el cubismo como las tendencias recientes
del arte catalán, que los noucentistas se apresuraron en alinear con su estética
clasicista, fueron incluidas en este armazón. Para un excelente análisis del
papel de Junoy en Cataluña como crítico cubista, véase Vallcorba Plana, ibid. Sobre
las implicaciones más amplias de la recepción de la crítica al cubismo en Barcelona,
en relación con la ideología de este movimiento artístico en el Salon francés,
véase Robert S. Lubar. Cubism, Classicism and Ideology: The 1912 Exposició d’Art
Cubista in Barcelona and French Cubist Criticism, en <On Classic Ground:
Picasso, Léger, de Chirico and the New Classicism, 1910-1930>. Londres. Tate Gallery (1990): 309-323.
[9] Por ejemplo, en una carta característica Miró lamentaba
el favoritivismo de Eugeni d’Ors (cuyo cargo oficial era el de director de Instrucción
Pública de la Mancomunitat) y de la Lliga Regionalista al otorgar becas de educación
a sus miembros. [Carta de Miró a Ricart (9-VII-1919) BMB 468]. [Lubar la fecha el
16-VII].
[10] Lubar. El Mediterráneo de Miró: concepciones de una
identidad cultural. <Joan Miró 1893‑1983>. Barcelona. FJM (1993):
31-32.
Fuentes.
Internet.
Exposiciones.
*<Barcelona and modernity. Picasso, Gaudí, Miró, Dalí>. Cleveland.
Cleveland Museum of Art
(2006-2007). Epps,
Brad. The Avant-Garde Visual Poetry of Junoy and Salvat-Papasseit (328-331) y biografía de Junoy en 493.
Libros.
Antolín Paz, M. (dir.). Diccionario de pintores y escultores españoles
del siglo XX. 1994: 2.142-2.143.
Bonet, J. M. Diccionario de las vanguardias en España (1907-1936).
1995: 354-355.
Junoy, J. M. L’actualitat artística 1930-1931. Llibreria Catalonia. Barcelona. 1931. 99 pp., más 71 láminas en b/n.
Vallcorba, J. J.-M. Junoy. Obra poètica. Trad. de Andrés Sánchez
Robayna. Ed. Acantilado. Barcelona. 2010. 488 pp. Vallcorba escribió su tesis
doctoral sobre el Junoy vanguardista de sus primeros años.
Artículos.
Bohn, Willard. La poesía visual de Josep Maria Junoy.
“Hispanofilia”, 84 (1985) 51-69. Su obra de los años 10-20, influida por el
futurismo de Marinetti, por Apollinaire, Picabia...
Vallcorba, Jaume. Sobre l’evolució ideològica de J. M. Junoy,
1906-1939. “Els Marges”, Barcelona, 13 (1978) 33-44.
Vallcorba, J. Professió de fe preliminar. Vive la France! (26-30)
y A l’entorn de l’obra poètica de Josep Maria Junoy (44-48). “L’Avenç”,
19 (IX-1979). Sobre su influencia inicial en la vanguardia.
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