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Mis blogs son Altamira (Historia del Arte, Cine, Televisión, Fotografía, Cómic), Heródoto (Ciencias Sociales y Pensamiento) y Mirador (Joan Miró, Arte y Cultura Contemporáneos).

sábado, junio 29, 2013

El trabajo de Joan Miró en la droguería Dalmau en 1910-1911.

El trabajo de Joan Miró en la droguería Dalmau en 1910-1911.
Este apartado trata sobre la vida de Miró desde el verano de 1910 hasta la Pascua de 1911. Son los meses en que trabaja en la droguería Dalmau, un empleo tan odioso que le aboca a una enfermedad y al abandono laboral. Pero de esta grave crisis personal surge, a mediados de 1911, un Miró que camina decidido a cumplir su vocación artística, al tiempo que sucede su fructífero hallazgo del mundo rural de Mont-roig.

[http://fabian.balearweb.net/post/88113] Palma de Mallorca: el Paseo Sagrera, recién construido el 22-23 de junio de 1910, por las fechas en que Miró llegó a la ciudad. El lugar está enfrente del amarre del barco de la ruta Barcelona-Palma donde se embarcaba Joan Miró, y él pasaba sus vacaciones  muy cerca, apenas a un par de minutos a pie.

Miró acabó los estudios de comercio en junio de 1910 y pasó el verano primero en Palma de Mallorca. En esta visita a la isla, a la que no vuelve hasta 1915, pinta dos pequeños pasteles sobre madera, Bosc de Bellver y Plaça de Palma, con un colorido difuso, casi desganado, aunque probablemente son sólo unos estudios precipitados. Después probablemente está en Montgat (en Tiana, localidad del Maresme, donde también veraneaban Isaac Albéniz y muchos burgueses barceloneses), pues sus padres todavía no habían comprado el mas en Mont-roig.

El Barça, el equipo de fútbol al que siempre amó Joan Miró, ganó la Liga en la temporada 1910.



Playa de Montgat, en el sur de la comarca del Maresme, en 1910, cuando Miró y sus padres veranearon en la localidad, probablemente hasta el mes de octubre.

Al acabar el verano de 1910, probablemente en septiembre, su padre le colocó como meritorio de contabilidad en la droguería Can Dalmau i Oliveres. Es importante señalar que estas vacaciones estivales de 1910 dan con seguridad una fecha post quem al trabajo en la droguería Dalmau, pues los empleados no tenían entonces tal derecho, pero no anulan la posibilidad de que Miró realizara algunas prácticas laborales a tiempo parcial en dicha empresa durante 1909 y 1910, lo que explicaría las varias menciones a un trabajo durante dos o tres años. [Dupin. Miró. 1962: 47. / Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 22, 44. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 29. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 42. / Malet. Obra de Joan Miró. FJM. 1988: 464. / Lubar. Joan Miró Before The Farm, 1915‑1922: Catalan Nationalism and the Avant-Garde. 1988: 23, 254. / Umland. <Joan Miró>. Nueva York. MOMA (1993-1994): 319, n. 12. / Permanyer. Miró. La vida d’una passió. 2003: 15. / Carta de Pablo Calsina Calsina al director. El meritorio Joan Miró. “La Vanguardia” (23-IV-1983) 6. Informa correctamente de la dirección de almacén pero se equivoca —puesto que Miró se matriculó en 1907 y comenzó a trabajar en 1910— al señalar que fue el propietario, Manuel Dalmau i Oliveres, quien le matriculó en la Llotja, al descubrirle el contable en dos ocasiones dibujando monigotes y advertir Dalmau su potencial.]
La droguería Can Dalmau era una de las más importantes de Barcelona. Hoy es todavía conocida como Establecimientos Dalmau Oliveres S. L (constituida el 1 de enero de 1922 con el objetivo de “venta al mayor y menor de drogueria y perfumería” y la “fabricación de jabones comunes, detergentes y lejías”) y es la droguería más antigua de Europa. Su historia comenzó cuando Manuel Dalmau Oliveres la abrió en 1883 en Rubí (Barcelona), y en 1902 ya tenía su primera sucursal, a la que seguirían otras en Barcelona, Valencia, Madrid y Córdoba e incluso algún intento en el extranjero; en los años 1930 tenía incluso una afamada filial de artes gráficas y cuatro sucursales en Barcelona (así consta en los anuncios de los diarios).
La principal droguería barcelonesa estaba situada en las Ramblas, muy cerca de la casa familiar de Joan Miró, pero al parecer él trabajó en la oficina del almacén mayorista del nº14 del Paseo de la Industria (hoy Picasso), situado frente al Parque de la Ciudadela y la Escuela de Música.
Al acabar el verano de 1910, probablemente en septiembre, su padre le colocó como meritorio de contabilidad en la droguería Can Dalmau i Oliveres. Es importante señalar que estas vacaciones estivales de 1910 dan con seguridad una fecha post quem al trabajo en la droguería Dalmau, pues los empleados no tenían entonces tal derecho, pero no anulan la posibilidad de que Miró realizara algunas prácticas laborales a tiempo parcial en dicha empresa durante 1909 y 1910, lo que explicaría las varias menciones a un trabajo durante dos o tres años. [Dupin. Miró. 1962: 47. / Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 22, 44. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 29. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 42. / Malet. Obra de Joan Miró. FJM. 1988: 464. / Lubar. Joan Miró Before The Farm, 1915‑1922: Catalan Nationalism and the Avant-Garde. 1988: 23, 254. / Umland. <Joan Miró>. Nueva York. MOMA (1993-1994): 319, n. 12. / Permanyer. Miró. La vida d’una passió. 2003: 15. / Carta de Pablo Calsina Calsina al director. El meritorio Joan Miró. “La Vanguardia” (23-IV-1983) 6. Informa correctamente de la dirección de almacén pero se equivoca —puesto que Miró se matriculó en 1907 y comenzó a trabajar en 1910— al señalar que fue el propietario, Manuel Dalmau i Oliveres, quien le matriculó en la Llotja, al descubrirle el contable en dos ocasiones dibujando monigotes y advertir Dalmau su potencial.]
La droguería Can Dalmau era una de las más importantes de Barcelona. Hoy es todavía conocida como Establecimientos Dalmau Oliveres S. L (constituida el 1 de enero de 1922 con el objetivo de “venta al mayor y menor de drogueria y perfumería” y la “fabricación de jabones comunes, detergentes y lejías”) y es la droguería más antigua de Europa. Su historia comenzó cuando Manuel Dalmau Oliveres la abrió en 1883 en Rubí (Barcelona), y en 1902 ya tenía su primera sucursal, a la que seguirían otras en Barcelona, Valencia, Madrid y Córdoba e incluso algún intento en el extranjero; en los años 1930 tenía incluso una afamada filial de artes gráficas y cuatro sucursales en Barcelona (así consta en los anuncios de los diarios).
La principal droguería barcelonesa estaba situada en las Ramblas, muy cerca de la casa familiar de Joan Miró, pero al parecer él trabajó en la oficina del almacén mayorista del nº14 del Paseo de la Industria (hoy Picasso), situado frente al Parque de la Ciudadela y la Escuela de Música.
Era un empleo de lunes a sábado, y los domingos del primer mes Miró volvía a Montgat para estar con su familia, hasta que esta retornó a Barcelona hacia el mes de octubre. Apunto que trabajar los domingos era normal en España hasta la ley de descanso dominical, promulgada el 3 de marzo de 1904 y que entró en vigor el 11 de septiembre del mismo año. Esto supuso a los pocos años un extraordinario aumento de las actividades lúdicas, como el deporte (el fútbol), el excursionismo, el cine, el teatro y las visitas a galerías y museos. [Díaz Zubieta, José. La conquista del domingo. “La Aventura de la Historia”, nº 63 (1-2004) 50-56.]
Al mismo tiempo que trabajaba es posible que Miró todavía asistiera a las clases de la Llotja, durante unas pocas semanas del otoño de 1910, probablemente desde el lunes 3 de octubre, fecha en que se reiniciaron oficialmente, hasta que las dejó poco después, en una fecha desconocida, según declaró él a causa de su incompatibilidad con el horario de su trabajo en Can Dalmau i Oliveres.
Pero también considero posible que el punto final al aprendizaje en la Llotja fuera anterior, puesto que el 22 de junio falleció su profesor favorito, Josep Pascó, muy probablemente debido a una epidemia de tifus que estalló aquel verano y recidivó en noviembre. Tras su muerte poco podía interesarle ya la Llotja.


Oficina de una empresa estadounidense. St. Paul Insurance Co., h. 1890. Debía ser semajante a donde tuvo que trabajar Miró.

Foto de la oficina reconstruida en el Museu d'Història de Catalunya, de una empresa de finales del siglo XIX o inicios del siglo XX. [http://www.es.mhcat.cat/content/view/full/223]

A Miró le esperaba en la droguería un trabajo deprimente.
Podemos imaginarnos cómo era el ambiente en la magnífica reconstrucción que el Museu de Història de Catalunya ha hecho de una minúscula oficina de la época: unas sillas y mesas, archivos de correspondencia, libros de contabilidad, en un espacio opresivo y oscuro. Todo esto debió acentuar su carácter soñador y rebelde.
En su prolija declaración a Melià, Miró (1975) lo recuerda como algo infernal:
‹‹Trabajaba como meritorio. Así llamaban entonces al aprendiz de tenedor. Comprendo que con la mentalidad de hoy resulta muy difícil entender lo arduo que aquello resultaba para mí. Antes de comenzar mi cometido pregunté a qué hora finalizaba la jornada. Me respondieron que a las 7.30 y como las clases en Llotja se impartían de 7 a 9, pensé que, aunque llegara algo tarde, tendría tiempo de asistir a clase. Pero lo cierto es que entrábamos a las 8 de la mañana; andando tenía exactamente siete minutos para trasladarme desde mi domicilio a la oficina. Lo recuerdo perfectamente porque tenía cronometrado hasta el último minuto de sueño. En la puerta de la oficina solía haber una pizarra con yeso, donde firmábamos nuestra puntualidad. Quien llegaba más tarde de las 8.20, era sancionado. Trabajábamos hasta la 1 y desde las 3 hasta las 7.30... Teóricamente, porque lo cierto es que salíamos a las 9 de la noche. ¡Los domingos íbamos al despacho, de 9 a 1.30, para poner los documentos en orden...! No teníamos nunca vacaciones, por supuesto, pero los sábados por la tarde solíamos concluir un poco antes la jornada. Entonces, yo me dirigía a tomar el tren hasta Montgat para continuar en tartana hasta Tiana, donde mis padres habían alquilado una torrecita. Me sentía tan agotado que no tenía ánimos para dibujar y, encima, aún querían que estudiara inglés. ¡Qué barbaridad! Por ello evoco esta época como si de tres años de trabajos forzados se tratara, tal es el recuerdo que conservo... Hacía muchos disparates... En el trabajo solía pensar en mis cosas ante los papeles. Todo ello contribuyó a que enfermara, pues además trataban las personas como si fueran animales de carga o esclavos. Se acentuó mi frustración y caí en un estado de crisis y agotamiento...
En principio, y al igual que los demás aprendices, no percibía absolutamente nada. Pero al cabo de un año, por Navidad, en ocasión de reunir al personal para hacer entrega del aguinaldo, me dieron 15 pesetas. Este fue mi sueldo a partir de entonces, que ingresaba seguidamente en la Caja de Ahorros. Os diré en qué lo empleaba después: pagaba el alquiler del taller de la Baja de San Pedro, situado frente a la tienda de fideos y pasta de sopa de Isidro Nonell.›› [Melià. Joan Miró, vida y testimonio. 1975: 98-100. Un esquema similar de sus horarios en Permanyer. Miró. La vida d’una passió. 2003: 15-16.]
Miró se refiere en este texto al barrio de Tiana. La familia de Miró residía durante la semana, en verano, en Montgat, un lugar más fresco que el domicilio de Pasaje del Crédito. Su nivel de vida era, evidentemente, el de una burguesía media muy acomodada. Sólo después de comprar la masía de Mont-roig aquel mismo año 1910 y tras remozarlo durante el invierno, realizaron sus estancias veraniegas en ésta. Miró también recuerda este viaje sabatino en un documental [Chamorro. Miró. 1978. nº 53].
Con el tiempo, Miró usó esta experiencia laboral para justificar su toma de conciencia progresista en el aspecto social, ya que ‹‹trataban las personas como si fueran animales de carga o esclavos.›› [Melià. Joan Miró, vida y testimonio. 1975: 98-100.] y declaró en 1978 que su voluntad de libertad nace en gran parte debido a su sentimiento de opresión en la droguería Dalmau. [Documental Miró, de Paloma Chamorro, 1978, nº 55.]
Considero además que debió impactarle la visión de la dura realidad social barcelonesa de su época infantil y juvenil, pero de ello no hay escritos ni declaraciones concluyentes al respecto.

Miró no aguantó mucho, solo hasta finales de marzo de 1911, lo que da una suma de seis a siete meses de trabajo (a lo que habría que sumar las posibles prácticas anteriores), y cesó por voluntad propia, aunque dijera en ocasiones que fue despedido porque le pillaron dibujando.
Se pueden comprobar tanto la voluntariedad como la datación del final en dos cartas suyas, conocidas en 2002. Durante la Pascua de 1911 los padres de Miró habían viajado a Palma de Mallorca, donde su hijo su reunió muy brevemente con ellos, y cuando ellos regresaron a Barcelona él se quedó en Palma, desde donde envió el domingo 2 de abril de 1911 una carta a su padre, que la recibió ya en Barcelona, en la que le comunicaba su decisión de dejar su empleo en el almacén para dedicarse a la pintura. Es sintomático que sólo se atreviera a comunicárselo por carta y no en persona, con la excusa de no ‹‹intrincarles la cabeza›› durante su estancia en Palma. Una referencia a que ‹‹El miércoles pasado vino el Sr. Pigrau al despacho con el propósito de ver al Sr. Dalmau›› indica que trabajó en el almacén al menos hasta el miércoles 29 de marzo. Probablemente ya no trabajó el jueves y el viernes 30 y 31, porque eran fiestas de precepto religioso en Barcelona. La carta reza así en su asunto principal —y nótese su exageración ya entonces de extender a dos años lo que habían sido sólo unos meses repartidos en dos años naturales, salvo que se entienda que incluye unas prácticas laborales anteriores—:
‹‹He pasado dos años prisionero en un despacho, donde he hecho el sacrificio de no poder admirar las grandes bellezas de la naturaleza que a mí me tienen enamorado.
Me he dedicado al comercio, sin tener ninguna vocación para él, sólo dejándome guiar por Uds., que no conocen bien a fondo mis verdaderas aspiraciones y yo, por otra parte, sin haber consultado antes mi corazón, y no escuchando la voz de mi conciencia de que llamaba por la pintura, para la cual he nacido.
Renuncio, pues, a mi vida actual para dedicarme a la pintura.
En espera de su conformidad, no puedo esperar menos de su buen criterio (…)›› [Carta de Miró a Miquel Miró, en Barcelona. Palma de Mallorca (domingo, 2-IV-1911). Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: no. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: no. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 69-70. Rowell se contradice en su cronología de la versión de 2002, porque en la p. 41 sigue datando en 1910 el abandono del trabajo en el almacén, y en el renglón siguiente, en la p. 42, data en 1910-1911 el trabajo.]

Pero la respuesta de sus padres fue una rotunda negativa, que le llegó enseguida por correo. Y les respondió de inmediato con otra carta, todavía desde Palma de Mallorca, el 9 de abril —una fecha que parece probar que ya se consideraba desvinculado de su empleo, pues las vacaciones habían terminado—, en la que insistía en su decisión de dejar el almacén para dedicarse a la pintura, y se quejaba de la negativa de sus padres, en unos términos que permiten reconstruir cuáles fueron los argumentos contrarios de estos:
‹‹No me extraña el que les haya sorprendido el contenido de mi anterior [carta]. Lo que lamento vivamente es el mal sentido, completamente opuesto a mis aspiraciones, con que han interpretado mi carta.
Dicen que en la vida del trabajo he de encontrar mi porvenir. ¡Acaso no busco ese porvenir en el propio trabajo! No quiero creer que me pongan al lado de estos hombres que no saben ganarse la vida, y que viven holgadamente. Ya saben mi opinión referente a estas personas, que las considero degradadas y como a seres irracionales, pues como tales viven. (…)
Mis aspiraciones son bastante más elevadas que las de llegar a ser un bohemio, pues me siento con fuerzas sobradas para ocupar un buen puesto en la pintura.
Califican de descabelladas mis ideas, cuando he tenido por profetas de mi porvenir personas cuyo cerebro no les tambalea y de reconocido talento. Recuerdo a mi pobre tío Pepe (q.e.p.d.) cuando la última vez que vino a abrazarnos al hablar sobre mi futuro, y reconociéndome nacido para cultivar la pintura, dijo: ¡y quién sabe si será artista!
No tengo ninguna duda en que Uds. acabarán por darme la razón.›› [Carta de Miró a Miquel Miró, en Barcelona. Palma de Mallorca (9-IV-1911). Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: no. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: no. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 70-71.]

Aguador barcelonés acarreando cántaros, en 1910. [Col. Fondo Fotografico de Agbar] Era una escena típica de las calles de la ciudad.

Más allá de lo anecdótico, conocer la exacta duración de este periodo laboral y que desencadenase un cambio tan fundamental en su vida es importante puesto que si Miró estaba trabajando tanto como nos cuenta, entonces no podía aprender ni pintar; nos convence de que su odiado trabajo de contable precipitó su elección de ser artista; nos ilustra acerca de su mentalidad respecto al trabajo comercial, de cuánto le obsesionaba transmitir una imagen de hombre integrado en la sociedad, independiente en lo económico y abnegado trabajador; y, por último, nos da uno de los más tempranos ejemplos de los numerosos problemas biográficos que han dado tantos quebraderos de cabeza a los investigadores.
La verdad es que Miró aportó noticias muy contradictorias sobre esta etapa crucial de su vida, pues varió a menudo el tiempo que duró, desde casi nada hasta tres años, y proporcionó diversas explicaciones sobre porqué acabó. Veamos las más conocidas:
En 1919, en una carta a su amigo Ricart, le cuenta que había trabajado el tiempo suficiente, se sobreentiende que al menos unos años, lo justo para ahorrar bastante dinero y poder pagar así el alquiler del taller en Barcelona (1914-1919) y parte del viaje a París; en ese mismo año cuenta que todavía le quedan unos ahorros de entonces. [Carta de Miró a Ricart. Mont-roig (Domingo, noviembre, 1919) BMB 485.]
De esta carta hay una traducción por Melià al español, que es la de más fácil consulta por el público: ‹‹(...) a) Tengo veintiséis años. b) Del pequeño capital, ganado con mi trabajo de empleado, e ingresado en la Caja de Ahorros, me quedan 25 o 30 pesetas. Me han servido para comprar colores y pagar el estudio. Últimamente, viendo reducirse mi pequeño peculio, me he atrevido a pedir ayuda a mi madre. c) Sin embargo, sé de manera oficiosa que si dejo mi domicilio para ir a París, podré disponer de una pequeña cantidad que me permitirá trabajar y vivir durante algún tiempo. d) Si me quedo en Barcelona, no veo otra salida que cualquier idiotez para poder ganar algo de dinero y pintar. e) De esta forma, es indispensable que yo, que en estos momentos no tengo nada, me gane la vida, ya sea en París, en Tokio o en la India. Pero ya hablaremos de ello y veremos si vosotros, los que me acusáis de obstinado, tenéis una solución mejor que proponerme.›› [cit. Melià. Joan Miró, vida y testimonio. 1975: 128-129; se data por error en febrero de 1920].
En 1928 declara a Trabal que ya trabajaba a los quince años —esto es, en 1908— y que eso le quitaba disponibilidad para dedicarse al arte: ‹‹Tota la meva vida he fet gargots, ja de petit sempre tenia el llapis de cap al paper. Quan tenia quinze anys, però, encara no havia començat a prendre’m les coses seriosament, puix que aleshores duia els llibres a Can Dalmau Oliveres, i hauríeu vist amb quin alé passava hores i hores damunt el deu i l’haver d’aquell gran despatx de drogues! Aleshores en aquella època fou quan vaig sentir un ímpetu fortíssim que m’empenyé a anar a Llotja i a Can Galí.›› [Trabal, Francesc. Entrevista a Miró. “La Publicitat” Barcelona (14-VII-1928).]
Esta muy difundida versión explica que, por ejemplo, Carlos Areán (1978) date en 1908 la enfermedad y la consiguiente primera estancia de Miró en Mont-roig. [Areán, Carlos. Joan Miró: inmersión en el inconsciente colectivo y subida a la luz. “Cuadernos Hispanoamericanos”, Madrid, v. 113, nº 339 (IX-1978): 351.]
En 1929 incluso le escribe a Leiris que le habían despedido, se infiere que al poco tiempo de empezar a trabajar, al encontrarle dibujando en los libros de contabilidad: ‹‹Luttes avec la famille, delaisse la peinture pour entrer comme employé dans un bureau. Catastrophe; je fais de dessins sur les livres de comptabilité et l’on me fiche à la porte, naturellement.›› [Carta de Miró a Leiris. Mont-roig (25-IX-1929) FJM. cit. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 110. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 122. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 171.]
También Malet nos explica, seguramente por boca del propio Miró, que este, en lugar de trabajar en sus quehaceres contables, se dedicaba a llenar de dibujos todos los papeles descartables que encontraba. Es razonable pensar que en esa actividad un día le pillaron y probablemente ahí acabó su tortura. [Malet. Miró. 1992: 14]. No podemos obviar la excesiva similitud con una anécdota que le ocurre al personaje Ramon (el hijo artista) en la novela de Rusiñol, L’auca del senyor Esteve.
En 1951 Miró declara que: ‹‹Los tres años en la droguería fueron tres años de presidio, hasta que me impuse y lo mandé todo a paseo. (...) Entonces tenía 18 años››. [Del Arco, Manuel. Entrevista a Miró. “Destino” (III-1951).] Esto implicaría que trabajó entre 1908 y marzo de 1911.


En Barcelona los carros de caballos y los tranvías eran los principales vehículos, y apenas habían unos pocos automóviles.

Cuando comienza a esbozar su biografía oficial, a mediados de los años 50, hay un importante cambio en la datación. En 1958 declara a Soby que abandonó la pintura en 1910-1912 —dos años pues, lo que explica la datación que hará Dupin— para trabajar como contable y todavía no introduce el tema de su enfermedad, pues sólo indica que decidió consagrarse a su vocación. Por su parte, Soby incluso opina que entonces no se empeñó especialmente en defender su vocación porque estaba descorazonado por sus pobres progresos como artista. [Soby. <Joan Miró>. Nueva York. MOMA (1959): 9.]
En 1959 le escribe a Dupin —no es baladí mencionar que la carta pretendía ser un documento base para su definitiva biografía “oficial”—, reduciendo el periodo de trabajo y mencionando la enfermedad. Miró explica que compaginaba en ese periodo de mala gana el trabajo de contable y los estudios de arte —estos acabaron entre el fallecimiento de Pascó el 22 de junio y octubre o noviembre de 1910, lo que induce a pensar que recordaba haber comenzado en junio y no en septiembre—, hasta que decidió entregarse por completo a la pintura tras caer enfermo: ‹‹Très malhereux et de plus en plus rêveur, avec un sens de révolte en même temps, j’assiste à la classe de Pasco pour une certaine période mais je lâche tout et vais jouer fort, ou tout ou rien. Cette tension d’esprit me fait tomber malade. Pour gagner ma croûte et faire de la peinture en même temps, ma famille me conseillait d’être moine ou militaire.›› [Carta de Miró a Dupin (9-X-1959). Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 44. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 54. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 76.]
Dupin (1961,1993), en base a sus declaraciones, resume su dramática vivencia, en lo que será la versión oficial sobre ese tiempo, datando el inicio de su trabajo en el verano de 1910 y el final en 1911:
‹‹En todo caso tiene diecisiete años y los estudios de comercio han acabado. El fracaso a ojos de sus padres es evidente, por lo que deciden colocarlo en una gran casa comercial de Barcelona especializada en droguería y productos coloniales, los establecimientos Dalmau i Oliveres. Sigue todavía durante algunos meses los cursos de Pascó, pero acaba por abandonar los estudios artísticos, desesperado por su nueva situación. Va a pasar, empleado en los servicios contables, los dos años más tristes y amargos de su existencia. Sólo dibuja de vez en cuando. No hemos encontrado ningún rastro de dibujo de ese sombrío período que al pintor no le gustaba demasiado evocar. No tarda en darse cuenta de que carece totalmente de condiciones para llevar los libros contables y de que no podrá soportar mucho tiempo la existencia a la que se ve condenado. “Era desgraciado nos dice—,  cada día me sumergía más y más en mis sueños con un fuerte sentimiento de rebeldía”.›› [Dupin. Miró. 1993: 33. Dupin cita una carta de Miró al mismo Dupin (9-X-1959). Reprod. Rowell. Joan Miró. Selected Writings and Interviews. 1986: 44. / Rowell. Joan Miró. Écrits et entretiens. 1995: 54. / Rowell. Joan Miró. Escritos y conversaciones. 2002: 76.]
Finalmente, en los años 1970, cuando revisa su biografía en su declaración a Melià, decanta su versión en favor de insinuar una duración de tres años y de acabar el periodo con una grave enfermedad: ‹‹(...) evoco esta época como si de tres años [el subrayado es nuestro] de trabajos forzados se tratara, tal es el recuerdo que conservo (...). Se acentuó mi frustración y caí en un estado de crisis y agotamiento...›› [Melià. Joan Miró, vida y testimonio. 1975: 98-100.]
En el mismo sentido, explicará en 1979 que trabajó durante tres años en el almacén ‹‹Com a presó o treballs forçats.›› [Documental de J.M. Martí Rom. D’un roig encés: Miró i Mont-roig. 1979.]
Puntualizo que aquí Miró cultiva obviamente la ambigüedad en la expresión “como si de tres años de trabajos forzados se tratara”: pueden ser realmente tres años o sólo una condena equivalente en intensidad (tres años era el tiempo que duraba el servicio militar en su época juvenil y era también una de las condenas usuales para los desertores y delincuentes, esto es, una “frase hecha” común en el lenguaje llano). En la misma declaración, tampoco concuerdan las fechas cuando se refiere a su magro salario y a que lo empleaba en pagar su taller (lo alquiló por primera vez en el otoño de 1914): ‹‹Os diré en qué lo empleaba después: pagaba el alquiler del taller de la Baja de San Pedro›› [Melià. Joan Miró, vida y testimonio. 1975: 98-100.]. El uso del pretérito también induce a engaño: parece que trabajaba mientras tenía el taller, pero también se puede interpretar que quería decir que, aún años después de dejar de trabajar, con sus ahorros podía pagar el alquiler.
Un Miró anciano (1980) le resumió a Michael Gibson que: ‹‹In those days, work was very tough —not like today (...)—. I was demoralized and stayed three months in bed. At that point my parents said: theres just nothing to be done with this boy...! And they allowed me to study with Galí.›› [Gibson, Michael. Miró: “When I see a tree... I can feel that tree talking to me”. Conversation with Miró. “Art News”, v. 79, nº 1 (I-1980) 52-56.]
Muchos estudiosos aceptaron sin más la manifiesta contradicción entre las explicaciones de Miró de que trabajó durante un largo periodo, entre dos y tres años, en la droguería Dalmau y la sospecha de que fueron apenas unos meses. Por ejemplo, Cirici (1977) necesita hacerlo porque aceptar lo primero sería la mejor prueba de un Miró concienciado socialmente durante un largo y alienante periodo de trabajo, así que recurre a ampliar las fechas hasta el límite, y adelantar la entrada en este empleo a principios de 1910, cuando el joven tenía dieciséis años de edad, mientras que la salida se posterga aparentemente hasta finales de 1911, enlazando sin corte alguno con la inscripción en la Escuela Galí en 1912, cuando ya tiene dieciocho o diecinueve años, para dedicarse a la pintura. Dicho esto, Cirici concluye sin más que ‹‹Esta es la primera ruptura que define al hombre en relación con unos sistemas de valores. La ruptura con un esquema que era del capitalismo acumulativo y la apertura hacia una confianza más dinámica en el posible éxito del espíritu de aventura, de la apuesta por el futuro.›› [Cirici. Miró mirall. 1977: 17.]
Cirici cierra así el gran agujero temporal de más de dos años entre 1910 y 1912, del que carece de datos suficientes.
Pese a todo, casi todos los biógrafos captan la desviación cronológica y la indefinición acerca de la enfermedad, pero los mencionan lo menos posible.
Dupin (1993) promedia al reducir el tiempo de trabajo de Miró a dos años. [Dupin. Miró.1993: 452.]
Melià (1975), indirectamente, confirma el error cronológico, pues sitúa en 1910 su inicio laboral y data en el verano de 1911 su reposo en Mont-roig, resultando así que su trabajo duraría como máximo un año. [Melià. Joan Miró, vida y testimonio. 1975: 103.]
Malet (1983) evita precisar la duración, aunque también cree que trabajó poco tiempo, a partir del verano de 1910: ‹‹Concluidos los estudios en la Escola de Comerç, Joan Miró, que cuenta a la sazón 17 años de edad, entra a trabajar como meritorio en la droguería Dalmau i Oliveras. Al cabo de poco tiempo cae gravemente enfermo a causa de una marcada inadaptación a su nueva actividad. Esta enfermedad, a la que podemos calificar de providencial, le obliga a pasar una larga temporada de convalecencia en Mont-roig››. [Malet. Joan Miró. 1983: 8.]
Weelen (1984) calcula que sufrió un parón en su actividad artística debido al año que  trabajó en Dalmau, seguido por una enfermedad psicosomática y la convalecencia en Mont-roig: ‹‹Il paie une année misérable, utilisée à gratter du papier en qualité demployé aux écritures dans lenterprise Dalmau Oliveras, par douze mois écoeurants consacrés à la maladie et à une longue convalescence passée dans la maison de campagne familiale à Mont-roig. Il ne peint plus (...)›› [Weelen. Joan Miró. 1984: 18.]
Massot (1999) asume que su padre impuso a Miró dos años de trabajo como contable, hasta abril de 1911:
‹‹y le obligara a entrar de aprendiz de contable en el comercio de droguería y productos coloniales Dalmau i Oliveres. (…)Trabajaba de 8 a 1 y de 3 a 9, mañanas de domingo incluidas. Más tarde confesó a sus amigos que eso “me hizo polvo. Mi padre cree que es preciso hacerse una posición y que el dibujo y la pintura no son actividades serias”.  “Con mis padres —dijo— había una barrera. A mí la vida que llevé en la infancia me hizo fuerte” y, también: “Yo estaba muy solo. Nadie se ocupaba de mí. Sentí esa soledad de forma muy dolorosa y violenta cuando era muy joven, un niño”.


Joan Miró vivió en Dalmau dos de los años más duros de su vida. Hasta el punto de caer gravemente enfermo. Sus padres le enviaron, asustados, a Mont-roig la masía que acababan de adquirir. En abril de 1911, des de Mont-Roig —o quizá desde Palma, en casa de su familia materna—, ayudado por la distancia, se revistió del coraje suficiente para enviar a su temible padre las dos cartas que se reproducen sobre estas líneas y que son el primer documento directo y contemporáneo, inédito, de la decisión crucial que marcó su vida. En ellas, se advierte que la resistencia de su padre aún no ha sido vencida. Le llegó a aconsejar que si quería dedicarse a la pintura debía hacerse “cura o soldado”.›› [Massot, Josep. Quiero ser artista. “La Vanguardia” (10-I-1999) 63.]
Uno de los pocos autores que saca la conclusión lógica es Lucie-Smith (1999), quien, carente de compromiso personal con el artista, afirma que Miró trabajó menos de un año en la droguería Dalmau. [Lucie-Smith, E. Vidas de los grandes artistas del siglo XX. 1999: Miró en 159-163.]
Witt (1999) asume también la respuesta más razonable a partir de todas estas contradicciones: ‹‹La experiencia fue irrelevante para él, aunque los resultados concretos fueron desastrosos. No sólo resultaba que no cumplía con su trabajo, sino que en lugar de realizarlo, se pasaba las horas dibujando. No duró mucho en su puesto, por lo que las controversias con su padre se agravaron.›› [Witt, Margarita. Joan Miró. 1999: 29.]
¿Por qué las reiteradas y confusas manifestaciones de Miró que prolongan la duración de su trabajo y le achacan una grave enfermedad? Se puede suponer que Miró estaba avergonzado por no ser independiente económicamente y por no trabajar en algo respetable socialmente; en suma, por haber fracasado en cumplir las aspiraciones que su familia había depositado en él. En este sentido se deben interpretar sus explicaciones a sus amigos en 1919, a los 27 años, justo antes del viaje a París, de que todavía vivía de los ahorros de su trabajo en Can Dalmau, sin mencionar apenas la decisiva ayuda de sus padres... En una más de sus frecuentes “reinterpretaciones biográficas”: Miró integró en su memoria vital el trabajo en Can Dalmau como la continuación natural de los desgraciados tres años anteriores (1907-1910), lo que se convirtió en convicción con el paso del tiempo.
El Miró anciano de los años 70 creía que los tres años de la Escuela de Comercio y de la Llotja habían sido tan “infernales” como su corta época de empleado. Una prueba en tal sentido es que Miró afirmaba que trabajaba en la droguería entre las 8 y las 21 horas cada día y hasta el domingo por la mañana, sin poder hacer nada más. Una exageración, pues el horario de trabajo en la oficina era mucho más corto y, si fuera cierto, ¿cómo habría podido, por ejemplo, acudir a principios de 1911 a las exposiciones de Sunyer o Nonell? En las oficinas de las empresas de Barcelona, alrededor de 1900, se trabajaba una media de 50-55 horas semanales, de lunes a sábado, con una media variable de 8-10 horas diarias, cerrando el sábado a mediodía. Eran unos horarios que hoy parecen abusivos, pero entonces eran muy aceptables comparados con los de los trabajadores manuales. Esta moderación, entre otras razones, se debía a que mayores horarios provocarían cansancio y este a su vez inducido graves errores contables. Aunque cuando se hacían los inventarios se trabajaba incluso los domingos.
Lo cierto es que Miró recordaba sus horarios de 1907-1910, pues con suma precisión su recuerdo era la suma yuxtapuesta de los horarios de las enseñanzas de comercio (comenzaba a las 8 de la mañana) y artística (terminaba a las 21). Y también coincide demasiado que su camino hasta la droguería durase el mismo tiempo (siete minutos) que el que tardaba en acudir a la Llotja ‹‹a paso gimnástico››. [Serrano, M.D. Los 75 años de Joan Miró. “Gaceta Ilustrada” 602 (21-IV-1968). No obstante, la distancia real era similar en ambos casos.]

Al final, pues, se desmaraña este intrincado laberinto de las fuentes.

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