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sábado, abril 28, 2012

El escritor español (en lengua catalana) Josep Carner (1884-1970) y su relación con Joan Miró.

El escritor español (en lengua catalana) Josep Carner (1884-1970) y su relación con Joan Miró.
Abstract.
El artículo resume la relación entre el poeta Josep Carner y Joan Miró, deteniéndose en las analogías de su pensamiento estético, y revisa la historiografía al respecto.
The article summarizes the relationship between the poet Josep Carner and Joan Miró, stopping at the analogies of aesthetic thought, and reviews the historiography.

Josep Carner (Barcelona, 1884-Bruselas, 1970) es el máximo poeta de la lengua catalana en el siglo XX. Fusionó numerosas influencias literarias catalanas (el mallorquín Costa i Llobera), francesas (los poetas Leconte de Lisle y Prudhomme) y, sobre todo, de lengua inglesa (notablemente Dickens y los poetas románticos), de la que tradujo numerosas obras clásicas al catalán. Formado en las filas del modernismo, evolucionó en su estética simbolista hasta convertirse en el gran poeta noucentista, como Ors proclamó en 1908 como el ‘príncipe de las letras catalanas’ y desde 1904 tuvo una relación muy frecuente con el grupo de poetas de Mallorca, adónde viajaba cada año por Pascua.
Carner abandonó Cataluña en 1921 para emprender una larga carrera diplomática en el extranjero, volviendo sólo para breves visitas, convirtiéndose en una “presencia lejana” aunque acrecentó su fama gracias a que fue un activo colaborador de diarios y revistas, y famoso conferenciante.



Exiliado durante la Guerra Civil, fue un acérrimo enemigo del franquismo y aceptó ser  conseller del primer gobierno de la Generalitat en el exilio, presidido por Josep Irla. En la posguerra fue el gran referente poético y estético del catalanismo. En 1962 se constituyó en Barcelona un comité de escritores, presidido por Jordi Rubió, para presentar su candidatura al Premio Nobel de Literatura, a la que se adhirieron numerosas instituciones, y entre las personalidades individuales, el poeta italiano Ungaretti y, destacadamente, Joan Miró. Establecido en Bélgica, sólo volvió de visita a Cataluña unas semanas antes de morir.

Joan Miró tuvo a Carner como uno de sus poetas favoritos desde 1910 aproximadamente, cuando al parecer compró su poemario La malvestat dOriana (1910), que guardó hasta el final en su biblioteca personal.[1] Tal vez el primer texto de pensamiento que concitó su atención fue La França universal, en “La Revista” (23-IV-1917).
Carner, por su parte, elogió a Miró hacia 1925-1928 en al menos tres textos.[2] Comenzó en “La Veu de Catalunya” (28-VI-1925), refieriéndose a él en la exposición surrealista de la Galerie Pierre: ‹‹El caso de Joan Miró, acogido cordialmente, exquisitamente apreciado en la capital francesa, no es el único. No me pesan las migraciones cuando compensan en el país de origen, en prestigio, el detrimento que comporta la ausencia. [defiende la necesidad de un] imperialismo espiritual [catalán pues lo catalanes] tenemos la deuda de enriquecer al mundo››. Más tarde, prosigue su interés por Miró, como demuestra un escrito suyo aparecido en 1927, Tres estels i un ròssec, aparecido bajo el seudónimo de Bellafila, en el que utiliza el ejemplo de la obra de Miró como uno más de sus arietes contra la dictadura de Primo de Rivera. El poeta asienta su opinión definitiva sobre el artista muy pronto, de tal modo que repetirá sus argumentos en una conferencia, Universalitat i cultura (1935) y en su única carta conocida a Miró (18-VII-1948). Sus argumentos estriban en la necesidad de hacer universal la propia obra a través de la abnegación, sin contentarse con la complacencia local, de modo que no hay que tener miedo al exilio (de Miró en París, del propio Carner en su carrera diplomática). Ideas que coinciden con las que Miró y Gasch pregonan en esta época. El poeta escribe:
‹‹El cas de Joan Miró, acollit cordialment, exquisidament preat a la capital francesa, no és pas tot sol. No em requen pas les emigracions prestigioses quan elles compensen a la contrada pairal, en prestigi, el detriment que comporta l’absència. De moltes de dissorts podem venjar-nos florint en universalitat, en aquella universalitat efectiva que no és sinó l’elevació a trascendència humana del nostre temperament peculiar. Som un matís pràcticament inèdit en la civilització: tenim el deure d’enriquir el món.
(...) / El millor remei per a no desnacionalitzar-se, en l’home com en el llinatge dels homes, és el geni. L’ambient propi del geni és la gran topada incruent i estimulantíssima de les cultures en contrast. Per cara que hàgim de pagar la redempció de la nostra casolaneria, ens importa d’esdevenir albiradors, de voler ésser "i no pas dins un marc de fites reglamentàries" els millors en tot; fórmula exigent que imposa una abnegació ben superior a la de totes les altres disciplines.››[3]
El pensamiento simbolista y clasicista de Carner influyó en ciertos aspectos de la estética mironiana, en especial en la relación del artista con la naturaleza; el rigor en el dominio de los recursos técnicos, como exigencia ética del artista; el interés por la poesía y la cultura china.
También en lo político hay cierto paralelismo. Carner sostenía el mismo ideal confederal de Maragall, Prat de la Riba y Cambó, el llamado “iberismo” (bajo el lema “Per Catalunya i l’Espanya Gran”), una variación regionalista del regeneracionismo del 98:
‹‹La veritable revolució consisteix en fer Estat des de baix (...) [porque] l’Espanya sense nord ni timó, se troba en agonies de naufragi. Tot lordre social hi és desballestat. Tothom vol una renovació, una regeneració; però ¿on cercar-ne els materials, si les antigues predreres de Castella, pàtria oficial, han sigut totes elles esquerdades, només pel so llunyà de les barrinades modernes? És per això que convenia que el Catalanisme, deixant els seus aires de conspirador de taula de cafè, d’energumenisme en família, se fes amplíssim moviment posititiu, oficial, normal.››[4]
Carner consideraba que el catalanismo es ‹‹l’ideal renovellador de les terres ibèriques.››[5] y que ‹‹Catalunya té la fòrmula de l’iberisme.››[6] Joan Miró se sentirá atraído por este ideal Aibérico”, como demuestran algunas alusiones en su epistolario con Ricart.
Su influencia poética será más significativa en la pintura mironiana ya a mediados de los años 20, cuando Miró se integra en el círculo de la rue Blomet y nutre sus lecturas fundamentalmente de poetas simbolistas franceses y románticos alemanes, y necesita equilibrar su espíritu con los poetas catalanes, y Carner, el cantor de las raíces de su tierra de origen, resulta una solución perfecta y de ello resultará que en esta época Miró plasme en su obra algunos de sus poemas.
Carner, justamente en 1925, publica su duodécimo poemario, El cor quiet, reuniendo poemas nuevos con otros aparecidos en los años anteriores en revistas. Lo ha compuesto en su residencia de vicecónsul en Génova (1921-1924), durante el ascenso al poder del fascismo italiano, y es su mayor apuesta formal por desligarse del noucentisme y acercarse a algunos rasgos de las vanguardias poéticas europeas, concretamente del surrealismo, no en lo formal, sino en lo temático. Según Molas, Carner ha perdido la ironía hacia las vidas humildes y ‹‹descobreix el realisme amb valor per ell mateix.››[7] Capdevila apuntó ya entonces que el poeta confundía en El cor quiet la realidad con la fantasía, pasando de la una a la otra: ‹‹les visions indefinides, el poeta les força, diríeu, a prendre alguna forma.[8]
Carner y Miró mantuvieron una cierta relación personal desde 1948, en el contexto de su común lucha contra el franquismo y en los años 60 Miró promovió su candidatura al Premio Nobel de Literatura y un decenio más tarde, en los años 70, ilustró su célebre traducción del Càntic al sol de San Francisco de Asís.[9]
Los poetas favoritos de Carner eran Dante y San Juan de la Cruz, que estaban también entre los favoritos de Miró, más Shakespeare y Paul Valéry.[10] Coincidían además en su interés por una concepción mística de la vida y más tarde compartirán su aprecio por el poeta vanguardista Francis Ponge.[11] Carner también recupera la poesía popular en poemas como Cançoneta incerta y A muntanya, y, sobre todo, emplea los temas mironianos del animismo, la magia y los mitos primitivos en su romántico Arts de bruixeria, en el que se da aliento humano al agua, al cielo, a los colores: ‹‹Diu secret el fullam; l’aigua divina /S’ha trasbalsat misteriosament, / El cel es va esmortint, l’aire és planyent. / L’aigua em fa por, botzina que botzina.// Oh qui sap quantes coses endevina, / (...)››[12] Miró pudo inspirarse en este poema para sus pinturas de campos monocromos de 1925, en las que transluce el mismo sentimiento mágico de la naturaleza.
Los símbolos mironianos del sol, la luna y la estrella están siempre presentes en el imaginario popular catalán, como en el poema de Carner Símbols, en el que ser establece una identificación entre el sol, el poeta y el artista: ‹‹L’antic veia la Lluna com una noia casta / el Sol com un poeta. (...)››[13] Esto ilumina el sentido de la presencia de un sol rojo en las pinturas oníricas, como metáfora del pintor-poeta, sustituyendo al pintor-cartabón de los cuadros anteriores. La luna, una obsesión mironiana, es femenina, bella como el mar, pero también vagamente amenazante como una araña que hila su telaraña para cazar al incauto, tal como se desliza enigmáticamente en el poema de Carner Obsessió lunar: ‹‹A aquesta flonja lluna femenina / tot li fa de mirall: / mar innombrable, rierol de vall / i cada gota de serena fina / suspesa en un filat de teranyina / entre els dos esbarzers d’un pedruscall, / i, si mai rastre d’una vida bella / baixés pel riu entre els vorals embadalits / de qui es negà per ella.››[14] La figura poética de la estrella fugaz que cae al mar, como un rebelde único en el mundo celeste, ¿un ángel o un demonio?, aparece en el poema de Carner Cau a la mar l’estel més bell: ‹‹Ta llum, estel, desesperada clama / quan s’agrissa tot just la fosquedat, / floc neguitós de flama, / vessant-te i recollint-te d’un plegat. / (...) / M’espanta, dins el clos d’una cambreta / de veure amb quina fúria et peixes d’infinit. // (...) Únic rebel en tot el cel, ¿medites/ (...) / Quin equívoc present és el que portes? / ¿Pau a l’infern? ¿Angoixa al paradís? // (...).››[15] Este motivo aparece también en varias de las pinturas mironianas, como en Pintura (1925), un pequeño óleo (49 x 60) que estuvo en la col. Prats, y será recurrente toda su vida como atestiguan los bocetos de L’oiseau-oeil (1968).
El árbol cobra una vida misteriosa en el poema Les prunes d’or (1906), cuya última estrofa reza así: ‹‹(...) / I l’arbre, que amb un lleu serpejament de branques / sembla oferir-nos l’or, la mel d’algun pecat, / s’estremeix un moment de la ferocitat / del gran perfum impúdic i de les dents tan blanques.››[16] El poema Arbres (revisado en 1953) dota al árbol de un sentido ambivalente, ora protector, ora amenazante: ‹‹(...)Tot home és plany. i l’arbre l’espera i l’aixopluga, / li val el foc i l’aigua, li gronxa l’esperit. / Uns arbres són finestra que l’oratjol belluga, / i d’altres són com una nit. (...)››[17] Estos mismos sentidos ambivalentes tienen los árboles de Miró hacia 1923-1924, con sus enormes ojos y orejas.
Finalmente, apunto que en su pintura Viento Miró le enviste de un carácter humano de fuerza revolucionaria que destruirá el orden social, como en el poema de Carner Al vent (1918): ‹‹Salut, oh vent, oh cor brunzent, / tu que arremores les palmeres / i que la mar solques d’argent! / El cel mateix fas estrident, / daures al sol les polsegueres / i aties brases al ponent. / ¿Què ens volen dir, convulsament, / l’ira, la pressa i l’ardiment, / branques movent-se com banderes / i crit d’onades rebatent, / abraonades com les feres? // El món antic fina amb recança / (...) // Tu que escomets en embranzides / la falsa pau, l’ordre caduc, / (...)››[18]

Antonio Boix, en Palma de Mallorca (20-III-2012).
Se advierte que en principio todas las obras citadas tienen derechos de copyright, pertenecientes a los citados museos e instituciones, y en el caso de Miró además a ADAGP © Successió Miró.
Este texto es una versión para blog del artículo de Boix Pons, Antonio. Josep Carner (1884-1970) y su relación con Joan Miró. “Octopus” RDCS, nº 16 (IV-2012) 26-32.

Fuentes.
Internet.
[www.escriptors.cat/autors/carnerj] Una web muy completa.

Obras de Carner.
Carner, Josep. La França universal. “La Revista”, v. 3, nº 38 (23-IV-1917) 161-162. Un texto tempranamente influyente sobre el pensamiento político y estético de Miró.
Carner, Josep. Poesia. Texto de la edición de 1957 rev. por Jaume Coll. Ed. Quaderns Crema. Barcelona. 1992. 1.326 pp. Una compilación de referencia de sus poemas.
Carner, Josep. Epistolari de Josep Carner. Ed. de Albert Manent y Jaume Medina. Curial. Barcelona. 1994-1995. 2 vols. 519 pp.
Carner, Josep. La paraula en el vent. Publicacions Universitat de Barcelona. 2015. 580 pp. Ressenya de Castaño, Manuel. Carner, 1914: amor modern. “El País” Quadern 1.622 (18-II-2016) 4.

Textos de Carner sobre Miró:
Carner, Josep. Sin título. “La Veu de Catalunya”, v. 35, nº 9063 (28-VI-1925) 7. Reprod. Combalía. El descubrimiento de Miró. Miró y sus críticos, 1918-19291990: 147-148. Sobre Miró y la exposición surrealista en la Galerie Pierre.
Carner, Josep (seudónimo de Bellafila). Tres estels i un ròssec. La Mirada. Sabadell. 1927. 172 pp. Sobre Miró (63-64).
Carner, J. Una apologíaLa Veu de Catalunya” (19-VII-1928). FPJM, v. I, p. 89.

Libros ilustrados por Miró.
Asís, Francisco de. Càntic del sol. Traducción de Josep Carner; prólogo de Marià Manent. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. Impresión en Taller Gustavo Gili, dir. Joan Barbarà (20-IV-1975). Tipografía: Sadag Color, Barcelona. Edición de 22 pliegos de 36,5 x 51,5, con 33 aguafuertes y aguatintas en color sin firmar, más otros dos aguafuertes y aguatintas en color fuera de serie sin firmar. Tiradas además 12 suites con grandes márgenes firmadas a lápiz; 273 ejemplares numerados. [PC 196. / Dupin. Miró grabador III. 1989: cat. 833-867. / <Joan Miró. Càntic del sol>. Valladolid. Museo Español de Arte Contemporáneo Patio Herreriano (29 mayo-14 septiembre 2003): pp. 79-98.]

Libros.
Aulet, Jaume. Josep Carner i els orígens del Noucentisme. Curial. Barcelona. 1992. 373 pp.
Manent, Albert. Josep Carner i el Noucentisme: vida, obra i llegenda. Edicions 62. Barcelona. 1969 (reed. 1988). 362 pp.
Manent, Albert. Tres escritores catalanes: Carner, Riba, Pla. Gredos. Madrid. 1973. 338 pp.
Manent, A.; Medina, Jaume (eds.). Epistolari de Josep Carner. Curial. Barcelona. 1998. 567 pp. El epistolario con Miró (177-193), de dos cartas intercambiadas en 1948, ed. por Marcel Ortín, que trata su relación de amistad y colaboración
Marrugat, Jordi. Josep Carner, 1914. Publicacions Abadia Montserrat. Barcelona. 2016. 216 pp. Ressenya de Castaño, Manuel. Carner, 1914: amor modern. “El País” Quadern 1.622 (18-II-2016) 4.
Subirana, Jaume. Josep Carner: l’exili del mite (1945-1970). Edicions 62. Barcelona. 2000. 399 pp. Relación con Miró para ilustrar El Càntic del sol en 255-258.

Artículos.
AA.VV. Dossier: Josep Carner, un intelAlectual del nou-cents. “L’Avenç”, 68 (II-1984) 32-65.
Porcel, Baltasar. Josep Carner, l’alta permanencia. “Serra d’Or”, v. 8, nº 12 (XII-1966). Reed. Porcel. Obres Completes. Grans Catalans. Edicions Proa. Barcelona. 1994: 44-60.
Llovet, Jordi. ‘Marginalia’. La pàtria de Carner. “El País” Quadern 1.602 (1-X-2015) 6.

Puigtobella, Bernat. Medio siglo de ‘Poesia’. La Biblioteca de Catalunya invita a la lectura de Josep Carner. “El País” Cataluña (4-XII-2007) 6.



 [1] David Fernández Miró comentó que Carner estuvo siempre entre los poetas preferidos de su abuelo, en Apunts: la literatura, una constant en la vida de Joan Miró. <109 llibres amb Joan Miró>. FJM (1989): 15-16. cit. Manent; Medina (eds.). Epistolari de Josep Carner. 1998: 180.
  [2] Carner, Josep. Sin título. “La Veu de Catalunya”, v. 35, nº 9063 (28-VI-1925) 7. Reprod. Combalía. El descubrimiento de Miró. Miró y sus crí­ticos, 1918-1929. 1990: 147-148. Sobre Miró y la exposición surrealista en la Galerie Pierre.
Carner, Josep (seudónimo de Bellafila). Tres estels i un ròssec. La Mirada. Sabadell. 1927. 172 pp. Sobre Miró (63-64).
Carner, J. Una apología. La Veu de Catalunya” (19-VII-1928). FPJM, v. I, p. 89.
 [3] Carner (Bellafila). Tres estels i un ròssec. La Mirada. Sabadell. 1927: 63-64. cit. Manent; Medina (eds.). Epistolari de Josep Carner. 1998: 179-180.
 [4] Carner. Ens tornem bons. “La Veu de Catalunya” (11-XII-1906). cit. Manent. Josep Carner i el noucentisme. 1988 (1969): 102.
 [5] Carner. Un article d’en Bonilla II. “La Veu de Catalunya” (21-II-1908). cit. Manent. Josep Carner i el noucentisme. 1988 (1969): 103.
 [6] Carner. Trànsit. “La Veu de Catalunya” (23-VI-1915). cit. Manent. Josep Carner i el noucentisme. 1988 (1969): 103.
 [7] Joaquim Molas. La poesia de Josep Carner. “Serra d’Or”, v. 7, nº 2 (1965): 31.
 [8] Capdevila, J.M. AEl cor quiet” de Josep Carner. en Poetes i crítics. Barcelona. 1925: 137-169. cit. Manent, Albert. Josep Carner i el noucentisme. 1988 (1969): 237.
  [9] Asís, Francisco de. Càntic del sol. Traducción de Josep Carner; prólogo de Marià Manent. Ed. Gustavo Gili. Barcelona. Impresión en Taller Gustavo Gili, dir. Joan Barbarà (20-IV-1975). Tipografía: Sadag Color, Barcelona. Edición de 22 pliegos de 36,5 x 51,5, con 33 aguafuertes y aguatintas en color sin firmar, más otros dos aguafuertes y aguatintas en color fuera de serie sin firmar. Tiradas además 12 suites con grandes márgenes firmadas a lápiz; 273 ejemplares numerados. [PC 196. / Dupin. Miró grabador III. 1989: cat. 833-867. / <Joan Miró. Càntic del sol>. Valladolid. Museo Español de Arte Contemporáneo Patio Herreriano (29 mayo-14 septiembre 2003): pp. 79-98.]
 [10] Manent, Albert. Josep Carner i el noucentisme. 1988 (1969): 296.
 [11] Ortín, en Manent; Medina (eds.). Epistolari de Josep Carner. 1998: 180.
 [12] Carner. Arts de bruixeria, en Cor quiet (1925). Carner. Poesia. 1992: 773.       
 [13] Carner. Carner Símbols, en Auques i ventalls (1914). Carner. Poesia. 1992: 240.
 [14] Carner. Obsessió lunar, en La Primavera al Poblet (1935). Carner. Poesia. 1992: 601.
 [15] Carner. Cau a la mar l’estel més bell, en El cor quiet (1925). Carner. Poesia. 1992: 919-920.
 [16] Carner. Les prunes d’or (1906, recop. en Els fruits saborosos, 1906, rev. 1928) en Carner. Poesia. 1992: 15.
 [17] Carner. Carner Arbres, en Arbres (1953). Carner. Poesia. 1992: 664-665.
 [18] Carner. Al vent, en Bella terra, bella gent (1918). Carner. Poesia. 1992: 161.

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